edición: 2558 , Jueves, 20 septiembre 2018
13/11/2013
La factura política
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad

De Guindos dice adiós a una vicepresidencia económica

El incidente con la AEB sitúa al ministro en posición de salida, camino de Bruselas
Juan José González

Banqueros, empresarios y políticos, habitual y mayoritariamente en desacuerdo, parecen haber iniciado un acercamiento, una nueva etapa basada en la coincidencia en el sentido común cuyo primer fruto es el acuerdo en la reprobación pública del ministro de Economía Luis de Guindos. El asunto del veto que al parecer impuso sobre el nombramiento del candidato a presidir la AEB, José María Roldán, ha sido la gota que ha colmado el vaso, y la principal motivación que puede haber jugado en este caso, como aglutinador de varias identidades personales en la contrariedad y el desacuerdo hacia el ministro. Ni este tiene potestad sobre un representante de los banqueros ni se conoce precedente de lo que se considera invasión de terreno ajeno y de soberanía. La falta de tacto profesional y político de De Guindos ha servido al presidente Rajoy para descartarle, definitivamente, de la vicepresidencia económica a la que aspiraba en una futura crisis de Gobierno que, al contrario, le convierte en candidato de salida.

Éramos pocos y a De Guindos, no se le ocurre más que pisar el pie de los banqueros, a campo abierto, sin discreción alguna. No era la primera vez que el ministro tropezaba en la piedra de poner peros a un candidato: el Banco de España, la CNMC, el `superregulador´ y otros organismos públicos, han sentido también la influencia del ministro. En el caso de la AEB y como elefante por cacharrería, De Guindos se saltó una especie de protocolo no escrito, un ritual de buenas relaciones entre banqueros y políticos. Un lance al que el sector no consigue encontrarle un razonamiento lógico e inteligente, aunque eso sí, evidencia el espíritu intervencionista y falso liberal del responsable económico. En el uso de una potestad que no le correspondía, se extralimitó hasta el punto de saltarse la raya que tan sólo su vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, le había sugerido: no es necesario ser vicepresidente para `meterse´ en cualquier fregado, siempre que se realice con tacto. Y este no es el caso.

El movimiento de De Guindos ha servido para que toda la grada y los palcos hayan confirmado el carácter del ministro, duro e inflexible con los débiles y obediente y limosnero en Bruselas, precisamente el coso donde debería hacer uso de las potestades que sí tiene para ello. Pero es que además, su lance con la AEB resulta ridículo toda vez que la asociación de los banqueros no es un grupo de presión ni think tank como puede ser, por ejemplo, la CEOE. De ahí que la sorpresa por la intervención de De Guindos, la inquina y la tirria con las que se ha conducido en este asunto, sean un enigma. En este punto, habría que darle la razón a Francisco González, presidente del BBVA al afirmar que "se ha creado un problema donde no lo había".

Por otro lado, en Moncloa no disimulan el absurdo del ministro, creando un casus belli en una `zona política´ -el sector bancario- caracterizada por el entendimiento y las buenas relaciones, algo que el presidente del Gobierno ha cuidado con bastante escrúpulo. Pero además, el episodio de De Guindos con la AEB sucede en el muy corto espacio de tiempo al protagonizado por el ministro de Educación José Ignacio Wert a propósito de las becas Erasmus, y que convierte a ambos -De Guindos y Wert- en protagonistas de dos incidentes políticos en apenas cuatro días. También en ambos casos, la vicepresidenta del Gobierno se ha visto obligada (con potestad) a llamarles al orden.

Sin embargo, el destino parece haber situado la pelota en otro u otros tejados distintos a los del ministro, de tal de forma que serán los banqueros y la vicepresidencia del Gobierno quienes, juntos o por separado, resuelvan el entuerto, incidente o desaguisado creado por la metedura de pata del ministro De Guindos. Los banqueros estarán obligados a cambiar a su candidato Roldán por otro, toda vez que, si bien las nuevas normas de incompatibilidad no están vigentes en la actualidad, sí se espera que lo estén en los primeros meses del próximo año, justo antes de que Roldán pueda llegar al despacho de la patronal.

Sería un cambio de candidato que sólo cabría interpretar como un acatamiento a `la autoridad´ (sin potestad) doblegarse, por tanto, al capricho del ministro. Por su parte, el tejado de la vicepresidenta cuenta para estos casos con herramientas más ejecutivas y drásticas, que ya se verán a su debido tiempo, cuando llegue el momento de hacer las listas para las próximas elecciones europeas, en las que no faltarán miembros del actual Gabinete, entre ellos, el de Economía.

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