edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
26/05/2015
Acelerar reformas pendientes

De Guindos busca una alianza para marcar el nuevo paso de Europa

El aval de Francia para el español en su camino al Eurogrupo suscita recelos en quienes ven un acuerdo de mayor alcance
Juan José González
Mientras se hace hincapié en que cantar victoria en la salida de la crisis (Larry Summers) puede ser un error de nefastas consecuencias, los `trabajos diplomáticos´ del ministro de Economía Luis de Guindos, campean con total libertad por Europa para hacer amigos que avalen y lleven al español a la presidencia del Eurogrupo. De Guindos `trabaja´ ahora el frente francés, un campo de batalla donde parece identificar coincidencias de intereses económicos y cercanía en aspectos de organización que mantienen una negociación pendiente con Bruselas. Ambos, franceses y españoles, coinciden en su interés por acelerar algunas inversiones aparcadas desde el estallido de la crisis griega, en concreto, las destinadas a mejorar las interconexiones energéticas entre los dos países. También parecen mostrar un gran acuerdo en otras cuestiones claves.
Ningún socio europeo da nada gratis; cualquier interés nacional o soberano tiene un precio, político y, por tanto, de intercambio. El precio, de una u otra forma, está siempre presente en las conversaciones, y son la materia prima que alimenta cualquier búsqueda de consenso. El ministro de Economía español, Luis de Guindos, viene ejerciendo de `libero´ en política económica, lo que le está sirviendo para ganar poder y fama en el terreno siempre resbaladizo de la diplomacia internacional. Su misión más reciente en el exterior se localiza en el país vecino del norte, el francés al que el español pretende como amigo y aval también para su candidatura no oficial a la presidencia del Eurogrupo.

El español tiene en cuenta que su próximo empleo estará fuera del Gobierno para el que -y en el que- actualmente trabaja. No es la premisa primera ni principal, sólo es una variable en la encrucijada del economista. Premisa sí parece ser el vacío o ausencia de españoles en la primera línea ejecutiva en instituciones europeas influyentes. Es lo que eran Almunia y González Páramo, comisario uno, consejero del BCE el otro. Por tanto, conocedor de ese déficit de representación política en dos de las primeras instituciones de la Unión Europea, De Guindos trabaja para conseguir la meta del Eurogrupo, la presidencia del consejo de ministros de economía y gobernadores de los supervisores bancarios locales.

"El duro Luis", como le llaman Mario Draghi y el colega de economía francés Michel Sapin, parece estar dispuesto como ningún otro a asumir ese papel (de duro) en la próxima etapa que comenzará con la renovación de la institución que pretende el español, el Eurogrupo.El francés Sapin no está dispuesto a cargar con el desgaste de una fase en la que el Eurogrupo estará obligado a sacar adelante, de una vez, cuestiones pendientes como las inversiones presupuestadas y comprometidas en el plan Juncker para mejorar las interconexiones energéticas entre Francia y España. Si en este apartado los intereses de los dos países son evidentes, en el mercado único de capitales, o en el intercambio automático de información fiscal, no lo son menos. Un acuerdo en este último sería decisivo para eliminar múltiples y complejos problemas legales entre los socios de la Unión. Y Francia quiere acelerar, como también España, ese mercado único y el intercambio de datos fiscales.

Pero quizás el aspecto en el que ambos colegas de Economía parecen reunir un mayor interés tiene que ver con la aprobación de la tasa a las transacciones financieras, un proyecto para el que la Comisión Europea no tiene fechas de aplicación o puesta en marcha aunque sí cuenta con unas cifras fijas que no agradan a todos los socios, a la mayoría. En este aspecto, Francia y España quieren reunir un consenso mayor para limitar el alcance de la tasa, una misión que puede llegar a ser el primer éxito del futuro presidente del Eurogrupo, de ahí el interés del aspirante De Guindos, y del francés Sapin, en la misma línea de pensamiento.

Otro campo donde franceses y españoles se muestran coincidentes, tiene que ver con las reformas, entendidas estas en su sentido más amplio. Hablar de reformas en la Unión es apuntar hacia un camino sembrado de minas al que el actual presidente de la institución, el holandés Jeroen Dijsselbloem, empuja a varios socios de la Unión, en especial a los que considera más necesitados de reformas para consolidar la recuperación, y que vienen a coincidir con los más débiles, caso de España y Portugal, aunque también salpican a otros socios no tan débiles como Italia o Francia. Aunque la alianza entre francés y español, ya comienza a levantar sospechas entre otros socios, es posible que no se trate, únicamente, de que el español busque un aval para el Eurogrupo, sino un acuerdo de mayor alcance como podría ser el cambio de ritmo en la aplicación de las reformas que demandan los alemanes. O, por qué no, enterrar de una vez por todas, la política de la austeridad.

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