edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
03/01/2012
Aprovechará la reunión para presionar al sector para que active el crédito

De Guindos no sabe, o no se atreve, a pedirle a la banca su “esfuerzo justo y solidario”

Quiere demostrar autoridad y exponer -en persona- a la banca la segunda parte de la reforma financiera
Juan José González

Distintas fuentes están barajando el martes 17 como fecha probable para la reunión que el ministro de Economía, Luis de Guindos, pretende mantener con los seis primeros banqueros del país, y explicarles sus planes para abordar la segunda ronda -y definitiva, aseguran en Economía- de la reforma financiera. El Ejecutivo ha comenzado a dar sus primeros pasos en esta particular batalla, convencido de que con gestos se llevará el sector al huerto. Pero los gestos, básicamente, la autorización de los avales que ya habían sido anunciados por la vicepresidenta Salgado, por valor de 100.000 millones para sus emisiones de deuda, son insuficientes. De Guindos parece negarse en redondo a enviar mensajes a través de los medios de comunicación respecto a sus planes para el sector ni descubrir su posición con el Banco de España, con un Gobernador en posición de salida. Tampoco quiere que la tasa sobre las transacciones financieras –dice que es asunto de la UE- abra una brecha entre el sector y el Gobierno, cuando aún permanece sin despejar el asunto del ‘banco malo’. Todo indica que el Ejecutivo quiere, pero no sabe, cómo pedir a la banca el “esfuerzo justo y solidario”.

La dureza del ajuste fiscal anunciado por el Gobierno el pasado viernes, parece haber tenido sólo un primer destinatario: la población, los ciudadanos que tienen rentas del trabajo y del capital y aquéllos que deben cumplir anualmente con el ayuntamiento como propietarios de un inmueble. A esta primera acometida fiscal, que sirve como tarjeta de presentación del nuevo Ejecutivo, habría –hay- que sumar las subidas en los precios de energía, agua, transporte y muchos otros conceptos. Se trata de la teoría del “esfuerzo justo y solidario”, suerte de eufemismo de un verbo grosero.

Lo cierto es que se trata de la primera fase del ajuste, del capítulo que afecta a los ingresos. Se anunció en la misma convocatoria del viernes que sólo era “el principio del principio”. Parece que la segunda parte será la reforma laboral a la que seguirá otra tercera en la reforma financiera.

Centrándose en esta última, la división del trabajo gubernamental asigna al inquieto De Guindos la tarea de plantarle cara a la banca, ese sector que conoce desde casi todas las aristas: como consultor, como asesor, como ejecutivo –se omite el pasado- como supervisor, todo, menos banquero. De Guindos es un técnico, ahora burócrata al servicio del Estado, que debe enseñar en esta primera fase en el ministerio económico, que tiene auctoritas, y que esta decidido a utilizarla. Nadie duda que la ejercerá, que la hará valer. Pero antes hay que hablar con Emilio Botín, con Francisco González, con Isidro Fainé, con Ángel Ron… no será lo mismo que hablar con Rodrigo Rato.

De Guindos exigirá a los banqueros que, ahora que tienen liquidez garantizada por tres años, deben invertir, dar crédito a las empresas, a los particulares. Los banqueros esperan señales del responsable económico, quieren conocer qué recibirán a cambio. Es una negociación entre poderes, siempre ha sido así. El burócrata tiene poco que ofrecer en este caso; tiene más que pedir: tiene un problema. De Guindos no sabe cómo va a ejercer esa delegación de su presidente. Tiene que exigir a la banca su parte de “esfuerzo justo y solidario” que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría y el ministro Montoro ya han ejecutado a la ciudadanía.

A los ciudadanos se les ‘solicita’ manu militari mediante impuestos la contribución a la crisis. A los trabajadores, mediante la reforma que se avecina, se les impondrán horas, reducciones, recortes, otros tipos de contratos. Y a la banca se supone que se le exigirá que abra el grifo del crédito, poco a poco, pero que lo abran. Queda pendiente la reforma del sistema financiero, la previsiblemente segunda y última fase de la reforma.

Le pilla al ministro con el pie cambiado en Cibeles, con un Gobernador “en trance de balance” (como le contestó hace unos días a un viejo amigo). En los seis meses críticos que restan hasta el relevo en el Banco de España, De Guindos va a mover Roma con Santiago para que los grandes bancos muevan ficha y definan su posición en el futuro mapa del sector. Los medianos es encuentran al borde del agotamiento, y difícilmente podrán colaborar en los planes de De Guindos.

En cualquier caso, la expectación por comprobar qué es lo que puede ofrecer a cambio el ministro de Economía a la banca, se mantendrá hasta el final.

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