edición: 2347 , Lunes, 20 noviembre 2017
23/06/2015
Acuerdo político clave

Un `pacto de Estado´ situaría a De Guindos al frente del Eurogrupo

Primeras maniobras para hacerse con la vicepresidencia del BCE en 2018
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad
Juan José González
Aseguran que la batalla política por hacerse con la presidencia del Eurogrupo ya está agotada, aunque no decidida, es decir, estaría casi vista para sentencia. Las maniobras para situar al español Luis de Guindos al frente del organismo, sustituyendo al holandés Jeroen Dijsselbloemj, han quedado al descubierto a lo largo de estos últimos meses en los que el español parece haber obtenido los apoyos necesarios para el cargo deseado. Necesarios pero no suficientes puesto que una regla no escrita entre los socios europeos señala que los aspirantes a cargos en la eurozona, deben contar con el acuerdo y apoyo unánime de las fuerzas de su país, y que, en el caso español parece ser una pequeña asignatura pendiente a resolver en el corto plazo. Hay acuerdo de PP y PSOE, pero sin la unanimidad de los emergentes. Si la falta de acuerdo -pacto de Estado- entre las fuerzas políticas locales dificulta la elección de un español, la otra batalla por la vicepresidencia del BCE se antoja casi inalcanzable.
La disputa por la presidencia del Eurogrupo entre España y Holanda parece haber pasado a un segundo plano, a pesar de la fuerte intensidad de la batalla en momentos puntuales de los últimos meses. Es decir, la emoción en la pelea por hacerse con el sillón más importante del consejo de ministros de Economía de Europa, se ha mantenido viva hasta el final. Ahora tan sólo está pendiente de la operación aritmética que dará a uno u otro la mayoría de los votos. Un final de la batalla impuesto por la urgencia de la crisis griega, cuya obligada resolución parece haber relegado la reelección en el Eurogrupo a un segundo plano.

Por cierto que la crisis griega en su fase `terminal´ puede haber servido al español para hacerse con más votos, como también al holandés para que el fiasco o resolución de aquella sea presentado como un fracaso o como un éxito, lo cual, probablemente, dictaría sentencia sin recurso para los candidatos. Al margen del resultado, el período abierto por el actual presidente del Eurogrupo, ha servido para acercar las posturas muy distantes entre los partidos políticos españoles. Una prueba fue el cambio de actitud del grupo socialista en la Eurocámara, inicialmente contrario al candidato `popular´, pero finalmente, a favor del español. Un `pacto de Estado´ entre las dos formaciones, en plena batalla electoral local y autonómica, zanjó el desacuerdo. Sin embargo, los emergentes Podemos y Ciudadanos mantienen discrepancias con los dos partidos mayoritarios.

Y es esta falta de acuerdo político `local´ el motivo que ha condicionado en esta ocasión la fuerza de la candidatura española. En anteriores situaciones, el Gobierno español ha reivindicado su papel en la Unión Europea, el cual debería reflejarse claramente en una presencia institucional. Una reivindicación que, sin embargo, se ha visto truncada por razonamientos que tenían más en cuenta la situación de crisis económica, próxima al rescate, de España. Un argumento falso puesto que, por ejemplo, la rescatada Portugal estaba en una situación delicada cuando Vitor Constâncio vicepresidente del BCE) o Manuel Durao Barroso (Expresidente de la Comisión Europea) fueron nombrados en sus cargos.

Por otro lado, la lucha política local parece haber sido un pesado lastre que ha convertido la aspiración a cualquier cargo europeo en un asunto de partido. Las formaciones políticas, tanto el Partido Popular como el Partido Socialista, han trabajado siempre para conseguir el cargo y evitar la victoria del contrario, una batalla que a la postre parece haber perjudicado a ambos. Esta pugna por el reparto de cargos ha sido interpretada por el resto de socios europeos como un foco seguro de inestabilidad.

Y mientras se consumen las fechas, dos días antes de que expire el mandato del holandés, el 21 de julio, otra batalla ya ha comenzado a librarse por otro puesto institucional con fuerte relevancia: la vicepresidencia del BCE, un sillón que deberá cambiar de dueño en 2018. En caso de que De Guindos resulte derrotado para el Eurogrupo, es probable que cuente con otra oportunidad para que España, como cuarta potencia europea, alcance un lugar influyente en las decisiones de la Eurozona. Siempre y cuando los partidos políticos locales se pongan de acuerdo.

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