edición: 2309 , Viernes, 22 septiembre 2017
30/12/2011
Iñigo Fernández de Mesa, candidato y escudero del ministro, domina la legislación financiera

De Guindos quiere que el Tesoro asuma funciones del Banco de España

Ampliará el grupo de 22 entidades ‘creadoras de mercado’ para tener mayor presencia internacional
Juan José González

Los nombramientos de segundos, terceros y cuartos niveles de la Administración central del Estado están dando algún que otro problema, varias sorpresas y más de un disgusto. No se trata de más o menos funciones, si no de más o menos dinero: mucho menos. Y este es el asunto que viene retrasando el fichaje y la nominación de un nuevo director general del Tesoro Público, puesto coyunturalmente fundamental y clave en el ministerio de Economía. Iñigo Fernández de Mesa (Barclays y exLehman Brothers) parece el mejor colocado para ese cargo, mano derecha del subsecretario de Economía, dependiente a su vez de la Secretaría de Estado, y a su vez del ministro. Se hace hincapié en esta sucesión de ‘dependencias’ sucesivas para indicar, tan sólo, que se trata –tradicionalmente- del cuarto nivel de cargos en la Administración central. Sin embargo, no significa que en la práctica las funciones y cometidos a desarrollar por el futuro responsable de la financiación pública, vayan a coincidir con las de su antecesora, Soledad Núñez, porque el objetivo de De Guindos para su escudero en el Tesoro no es otro que el ‘ataque’ al Banco de España.

Si se confirma finalmente en el consejo de ministros de hoy el nombramiento de Fernández de Mesa al frente del Tesoro Público, es posible que las funciones y objetivos del nuevo director general se vean ampliados de forma notable respecto a su antecesora en el organismo. Pero De Guindos viene con más ideas que las que deberá aplicar al corto plazo, a sofocar el incendio de una financiación un tanto desordenada, un sistema anticuado de subastas y un grupo de 22 entidades que, aunque han sacado de numerosos apuros al Tesoro, y por ende, al Gobierno, en el año que ahora termina, una de las ideas que quiere poner en práctica el ministro De Guindos es dar mayor amplitud a las colocaciones de deuda.

Esa amplitud significa que una parte de las emisiones nuevas de deuda, además de las refinanciaciones periódicas, sean colocadas entre otro tipo de inversores que acudan a ese mercado en primera subasta. Se busca mejor precio al mismo tiempo que estabilidad y seguridad de largo plazo, inversores con pacto de mantenimiento, lealtad. Para ello, el nuevo responsable del Tesoro deberá darse una vuelta por los mercados internacionales; presentaciones en los cinco continentes se convertirán, al menos en esta primera fase de la legislatura, en práctica habitual.

Pero De Guindos quiere de De Mesa otros servicios, uno muy importante que a buen seguro puede significar mucho ruido para su presidente en el Congreso: convertir el Tesoro en una especie de ‘puente’ al Banco de España. La idea no es nueva y en tiempos de Jaime Caruana al frente del Supervisor (2000-2006) se vivieron algunos amagos de restar funciones al Gobernador, un Caruana que, a pesar de ser un profesional más próximo al Partido Popular, no siempre comulgaba con el ministro de Economía Rodrigo Rato.

Para cambiar las funciones, en realidad, recortar el poder del Gobernador y convertirlo en actor secundario de la política económica, De Guindos y De Mesa deberán acometer numerosos cambios, todos legislativos, pero todos en un terreno en el que De Mesa se desenvuelve bien. El nuevo rector del Tesoro (si es nombrado hoy) es todo un experto en asesoramiento técnico, como así lo demostró el pasado febrero, cuando militaba en la banca privada (Barclays) y fue reclamado por Campa y Salgado para que asesorase el ministerio en el plan de reforzamiento financiero que concluyó en un decreto ley de alcance financiero pero también bancario, en especial para las cajas de ahorros.

Organizar un departamento, hoy dirección general del Tesoro, con funciones y cometidos que lo conviertan en imprescindible en cualquier asunto de la política financiera, respetando una parte de las actuaciones en política monetaria, parece que es un fin en si mismo. En el Banco de España se hacen las maletas, se llenan cajas de cartón de informes y material que pronto -seis meses- cambiarán de sitio. Es probable que sea un período de transición sin tensiones personales ni políticas entre los que salen y los que entran, pero lo que parece estar claro es que el Supervisor pasará a estar controlado por el De Guindos y que De Mesa será su escudero.

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