edición: 2311 , Martes, 26 septiembre 2017
10/04/2012
Dinero europeo para recapitalizar la banca
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad

De Guindos se resiste a aceptar fondos públicos de la eurozona

Muy tarde para un “banco malo”, aunque para “liquidar” entidades siempre hay tiempo
BCE duda que el capital privado español sea suficiente para rematar la crisis bancaria
Juan José González

Cien días después, el Gobierno parece estar tocando la realidad de las cosas, lo que no significa que ya tenga los pies en el suelo. Desde el Banco Central Europeo, su presidente Mario Draghi, le asegura al ministro de Economía español Luis de Guindos, que el problema que ven en Bruselas es que España sigue sin quitarse de encima las necesidades de recapitalización de la Banca, y que los plazos se agotan presionando a un Estado ahogado por la situación interna de un desempleo abrumador y a las puertas de una depresión. La foto de hoy transmite un Ejecutivo en apuros que, en la práctica, esta salvando de forma encubierta al sector bancario. La situación se complica cada día y los balances semanales –la Bolsa, el diferencial de la deuda…- siguen marcando sus particulares récords. Draghi insiste a De Guindos en que debe ser -en estos momentos- sobre todo práctico, dejar a un lado la imagen y comenzar a resolver el problema; el italiano le dice al español que coja el toro por los cuernos; que acepte fondos públicos de la eurozona para liquidar la refinanciación bancaria. Mariano Rajoy se resiste.

Según entienden en el ministerio de Economía, hacer uso de dinero del fondo de rescate, equivale a eso, a admitir ser rescatado con esos fondos del BCE, sin duda, una humillación política para una formación que acaba de cumplir los cien primeros días de gobierno. Sin embargo, el Ejecutivo se encuentra ahora en una posición, entre la espada y la pared, en la que difícilmente puede favorecer su idea de rechazo a la ayuda de fondos europeos basándose en la humillación que supondría aceptar una intervención financiera nominalmente similar a la de Portugal e Irlanda, y próxima también a la llevada a cabo en Grecia. Las autoridades del Banco Central Europeo aconsejan a los responsables españoles practicidad, una postura que en esta misma semana puede ser despejada por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, si es que se decide a enviarle un mensaje de tranquilidad –y realismo- al país, aunque en el fondo el destinatario vayan a ser los “mercados”.

Pero los mercados rivalizan en desconfianza en estos momentos con los ciudadanos. Para los inversores, los especuladores, las grandes corporaciones y gestoras de fondos de capital, la pretendida solvencia del sector financiero español es sólo eso, pretendida, y que la participación del capital privado en la reforma bancaria, en la recapitalización del sector financiero, es mínima. Desconfianza de los mercados acerca de la reforma que tiene su expresión máxima en algunos de sus últimos capítulos. Algunos operadores internacionales han manifestado su sorpresa al comprobar la reciente operación de la CAM, absorbida por el Banco Sabadell mediante una fórmula técnico-jurídica en la que el dinero, a fin de cuentas, llegaba del sector público, del Estado, y mínimamente del sector privado, de la propia entidad absorbente.

A continuación, la andaluza Unicaja recibió, finalmente y después de unas negociaciones con presiones y amenazas, dinero público, una ayuda del Estado, para hacerse con la castellana Caja España-Duero (Banco Ceiss) mediante una emisión de 475 millones de euros en bonos convertibles contingentes –cocos- que comprará el Frob-3. En la práctica, el resto del sector financiero al que se le esta obligando a participar en el reajuste bancario –sólo se resiste Banco Santander- espera de las autoridades un guiño –una ayuda del Frob-3, o 4- para hacerse con Banco de Valencia y Catalunyacaixa.

Es decir, el capital privado, los bancos españoles con capacidad de compra, y de resolver el problema del sector financiero, no están por la labor –ni van a estar a corto plazo- de absorber el golpe de la primera pérdida, que es el coste principal cuando se accede a una compra de estas características. No están por la labor porque parece haber descubierto -una debilidad- que el Estado necesita cerrar cuanto antes la reforma financiera, y que para ello está dispuesto a financiar “de forma encubierta”, como entienden en Bruselas, las dos principales patas que resta por vender: Catalunyacaixa y Banco de Valencia, y que en ambos casos pueden ser noticia esta misma semana. Lo que sucede es que en estos dos últimos casos, va a pesar mucho el trato –precedente- de CAM en Sabadell y de Caja España-Duero en Unicaja.

Seguir con la recapitalización a costa del Estado, cuando éste debe destinar el dinero a otras urgencias, pone las cosas más difíciles a la deuda soberana. El capital privado nacional evita participar y esgrime problemas con el inmobiliario y, finalmente, el capital extranjero privado, no quiere saber nada de zonas de alto riesgo como destino de sus inversiones. Luego, la única solución a corto plazo de la crisis bancaria pasa por la aceptación de fondos públicos de la eurozona. Evitaría la más drástica, pero todavía dentro de plazo: la liquidación de entidades bancarias.

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