edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
15/11/2018

Decreto bueno, bonito y barato

El otoño neurótico está dejando paso a una práctica legislativa inapropiada que se convierte en moda por su uso reiterado. La praxis en cuestión es el reflejo fiel de la rabia y calentura propias de las decisiones mal razonadas, o alumbradas en caliente, más producto de un pronto irracional que de una lógica mesurada. Cuando surge un problema, como cuando se abre una herida, se aplica un decreto-ley y punto. Es la solución cataplásmica más socorrida y fácil hoy día en manos, siempre, del poder ejecutivo.

Con la escopeta cargada -de decretos- no hay opositor ni oposición que se resista. Tan sólo un problema: hay que identificarlo, señalar la pieza o el objetivo a batir y dispararle un decreto. Por decreto. La forma infame de gobierno conviene últimamente en aplicar este remedio terapéutico a todo: que si unos muy altos jueces incendian el hipotecario, decreto que te crio y punto. Que si el diésel y los coches no nos dejan respirar, se fija un plazo -los días contados- y el decreto decreta que en breve no habrá ni diésel ni motores de combustión. Y así todo.

Los funcionarios solicitan una subida salarial por decreto, y otro tanto con la jornada laboral de 35 horas, también por decreto. El salario mínimo, el Presupuesto del Estado, la liga de fútbol, el final de la educación concertada, todo contará a su debido tiempo con su debido decreto. La práctica se extiende como una mancha de aceite de oliva virgen extra, alcanzando a las extras de las pensiones, al equipaje de mano sin coste en las low cost, o al peaje en las autovías. Y si hay que regalar una radial se hace por decreto.

Es la metodología de la autoridad competente que convierte sus deseos en esa forma prescrita de disposición legal que acaba en un consejo de ministros y que finalmente sanciona un rey. La fórmula es tóxica por imperativa y reiterativa, un abuso por uso. La facilidad, rapidez, soltura y fuerza de promulgar que tiene el decreto no la tiene otra orden ni bando ni nada. De ahí que el decreto sea tan apreciado. Además es barato, no cuesta nada: y si sale mal, un contradecreto corrige o anula al anterior y punto. Ahora bien, no estaría de más exigir una memoria, por ejemplo, económica, del coste o beneficio del final del diésel o del motor de explosión. Sería la única forma de justificar la existencia de todos los decretos.

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...