edición: 2908 , Miércoles, 19 febrero 2020
13/01/2020

Déficit y paz social

Nadia Calviño ya tiene preparadas las maletas para viajar a Bruselas. Sólo será un viaje de ida y vuelta (aún es pronto para que el viaje sea sólo de ida, unos dos años restarían). El asunto es sencillo, no tiene mayor complejidad si tenemos en cuenta la sapiencia de la vicepresidenta en asuntos de presupuestos y gobernanzas europeas. Irá a vender la burra. Una burra de 8.000 millones de euros que según las cuentas de Bruselas deben salir por algún sitio o de algún lugar.

El déficit, se decía, no perdona, hay que cumplir con los socios y con el poder central europeo: o cortas tú o te corto yo, pero el verbo es inalterable, hay que cortar. Cabe la posibilidad de eludir el corte aportando posibles. Posibles son los que se piensa saldrán de una mayor presión fiscal. Es lo de siempre, ya se ha repetido una y mil veces. Las exigencias al Gobierno español para este año son que hay que ajustar 8.000 millones, ni más ni menos.

Pero la burra a vender allá no son sólo los 8.000 millones sino la coartada para explicar que sí, que ya se sabe que todo ese porrón de millones está ahí, firmado, pero que también hay que pensar en lo que Bruselas está dejando pasar, haciendo la vista gorda a nuestros hermanos y vecinos franceses y lo mismo o más con nuestros semejantes socios italianos. En Europa han levantado la mano, han percibido que, llegado el caso, hasta es posible que no se pueda presionar más.

Es lo que sucede cuando se analiza superficialmente lo sucedido en Francia: aprietas a la gente y esta se pone un chaleco amarillo y sale a la calle y te la lía. Los italianos hacen lo propio, allí queman o matan, o no contestan, desobedecen directamente y produce el mismo efecto que la Francia de los chalecos. De acuerdo que los déficit son excesivos y hay que reducirlos. Hay que controlarlos y domesticarlos. Al tiempo deben los gestores controlarse y cortarse un poco. El asunto no es otro sino que a fuerza de aplicar tanta disciplina en los déficit se desatiende otro asunto peor, mayor: la paz social. Cuando esto sucede, la gente sale a la calle, no atiende a razones, quema, destruye o lo que sea. De ahí que la burra tenga en esta ocasión una venta fácil. Los chalecos amarillos son las orejas del lobo. Ya está bien de pelear por el déficit.

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