edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
21/06/2011
Desarrollo Sostenible

Degradación de la biodiversidad, el “nuevo” riesgo corporativo

Beatriz Lorenzo

En los últimos tiempos, las pautas marcadas para buscar soluciones a los problemas globales se orientan cada vez más por la senda del desarrollo sostenible. Nacen así conceptos como el de la “ecologización de la economía”, que tuvo ya su origen en el Informe Brundtland de 1987, que el define al desarrollo sostenible junto al rol del crecimiento económico, la equidad social y el papel de los poderes políticos.

El informe establece que  “Responder a las necesidades esenciales requiere no sólo una nueva era de crecimiento económico para las naciones en las cuales la mayoría es pobre, sino también la seguridad de que los pobres recibirán una porción justa de los recursos necesarios para mantener el crecimiento económico. Tal equidad debiera ser apoyada por los sistemas políticos para que aseguren la participación real de los ciudadanos en decisiones políticas y una mayor democracia en las decisiones internacionales”.Bajo el ala de definiciones como ésta, nuevos conceptos que permanecían olvidados vuelven a aflorar y las amenazas que se han soslayado durante décadas se vuelven más evidentes. Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, las dos terceras partes de  los servicios suministrados por los ecosistemas y áreas de alto valor natural en el mundo, incluida la biodiversidad, están en declive ya que regulaciones legales no resultan suficientes para protegerlos frente al empuje de intereses económicos. Hay actividades económicas privadas que generan externalidades ambientales positivas que no están reconocidas por el mercado. Por el contrario, existen otras actividades privadas que se benefician del patrimonio natural sin coste alguno o que generan externalidades negativas no computadas en el precio de sus productos.

EMPRESAS Y BIODIVERSIDAD

Así las cosas, y debido a la importancia que la degradación de la biodiversidad está adquiriendo en los últimos años, la auditora KPMG, junto a Fauna & Flora Internacional (FFI) y la Iniciativa Financiera del  Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente  (UNEP FI) ha publicado el estudio “The Nature of Ecosystem Service Risks for Business” que analiza el modo en que las compañías se enfrentan a este tipo de desafíos, llegando a la conclusión de que todavía hay  muchos sectores de actividad omiten la sostenibilidad como pieza básica en su “core business”.

En el estudio, se citan diversos casos prácticos y ejemplos de buen hacer, como el de la cadena Marks & Spencers que presta vital atención a sus proveedores y prima a aquellos que presten atención a la conservación de la biodiversidad, o la multinacional Haagen Dazs que realiza también acciones en este sentido.

SUBVENCIONES PELIGROSAS

Más allá de las conclusiones del documento, existe también otro tema peliagudo muy relacionado con la gestión de la biodiversidad: las subvenciones que tienen efectos perjudiciales sobre ella. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define como subvenciones perjudiciales para el medio ambiente a todos los tipos de normativas y ayudas financieras que se establecen para mejorar la competitividad de determinados productos, procesos o regiones y que, en combinación con el régimen fiscal vigente, resultan involuntariamente discriminatorias para las buenas prácticas medioambientales.

Incluso en España, el borrador del “Plan Estratégico del Patrimonio Natural y la Biodiversidad”recuerda también que el  Libro Verde sobre la Utilización de Instrumentos de Mercado en la Política de Medio Ambiente y otras Políticas Relacionadas de la Comisión Europea recoge que la reforma o supresión de estas subvenciones podría convertir en el principal fondo público para el medio ambiente si estas ayudas se reinvirtieran en apoyo a prácticas que tuvieran efectos positivos sobre el empleo, sobre el desarrollo y sobre el patrimonio natural y la biodiversidad. Entre las soluciones al problema, el documento aboga por la necesidad de promover una economía ecológicamente eficiente mediante cambios en los ingresos nacionales, pasando de gravar el trabajo y las empresas a gravar el uso de los recursos y la energía. La mala gestión de la diversidad se ha convertido en un mal endémico europeo. Según informes de WWF en el viejo continente "la financiación actual no asegura la conservación del patrimonio natural europeo y representa menos del 0,1 por ciento del presupuesto total de la UE".

Además, según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, las dos terceras partes los servicios suministrados por los ecosistemas y áreas de alto valor natural en el mundo, incluida la biodiversidad, están en declive ya que regulaciones legales no resultan suficientes para protegerlos frente al empuje de intereses económicos. Hay actividades económicas privadas que generan externalidades ambientales positivas que no están reconocidas por el mercado. Por el contrario, existen otras actividades privadas que se benefician del patrimonio natural sin coste alguno o que generan externalidades negativas no computadas en el precio de sus productos.

Surgen también conceptos nuevos, como la eco-innovación. El propio Banco Europeo de Inversiones (BEI) admitía hace algunos meses que existe todavía “un margen muy amplio” para que los Estados miembros de la Unión Europea mejoren sus flujos de información y colaboración relativos a la innovación ecológica. Y es que por ahora, las compañías que tratan de llevar a la práctica proyectos de innovación sostenible o desarrollo de la biodiversidad  se ahogan en gastos y acaban, en los peores casos,  dando al traste con proyectos que, en su inicio, no sólo eran respetuosos con el medio ambiente sino que también podrían ser perfectamente viables de contar con la financiación adecuada. En este sentido, son cada vez más los analistas que sugieren la creación de una red de expertos que cooperen bajo los auspicios de la Unión Europea para llegar a obtener buenos niveles de cooperación con las compañías ayudándolas a conseguir financiación para sus proyectos sostenibles y de eco-innovación.

Por el momento, y ante las últimas reclamaciones institucionales, algunos colosos de la industria de alta tecnología, entre ellos Google, Philips e IBM, han comprometido ya sus esfuerzos-también los financieros- en la búsqueda de nuevas tecnologías más ecológicas. No en vano el ahorro energético en iluminación- que representa un 19% del consumo mundial de energía y cuya gestión es actualmente bastante ineficiente- y la mejora en los sistemas de aislamiento eléctrico ayudarían a reducir drásticamente la huella de carbono a nivel global, a la par que generaría un gran número de puestos de trabajo.

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