edición: 2615 , Jueves, 13 diciembre 2018
22/05/2018

De Guindos, el abducido

En política nunca hay que descartar nada. Ni siquiera que la ciencia ficción, a cuenta de algún extraño movimiento ininterpretable por humanos, más propio del campo de la ufología, hubiera hecho una incursión eventual en el mundo de los humanos. Estaríamos pensando, según esta premisa, en la posibilidad de que un ser extraterrestre hubiera tomado a un ser vivo con algún objetivo desconocido. Sería por tanto, una abducción. Es cuanto cabe pensar y sospechar sobre el incierto paradero que al día de la fecha se tiene de don Luis de Guindos, flamante vicepresidente del Banco Central Europeo.

Algunas lenguas quieren dar a entender, en un lenguaje propio de Bruselas, que el novato vice duda desde su llegada al despacho entre ser halcón, paloma o pichón en el engranaje que domina los movimientos de la institución bancaria. Y así, preso de la elección y víctima de la terminología al uso que impone la burocracia, malvive la promesa política española De Guindos, llamado a mejorar (o a sujetar) el pabellón patrio entre tanto tiburón, lobo y buitre.

Nada se sabe del funcionario De Guindos, con destino en Fráncfort y al que se da por abducido, no ya por una nave peliculera extraterrestre, sino por los representantes de la `heresiarquía´ monetaria que domina a una dominada y fustigada Europa de socios interesados. Porque se le tenía al funcionario de carrera (Comercial del Estado español) por persona afecta y camarada de camaradas y afectos del BCE tipo Draghi, Lane, Weidmann o Constancio, y que, por ello nada debería hacer temer sobre su persona, salud o encargos recibidos por el Reino de España a quien sirve y debe.

Si al punto de su partida se temía por las funciones y obras que el servidor del Rey de España iba a llevar a término por tierras belgas, germanas y demás, su desaparición de la escena pública, quizá víctima de un fenómeno ultramundano, se muestre ahora como una preocupación, como un misterio a la altura del de la mismísima Santísima Trinidad. Alguna luz al respecto ayuda a presumir que se trata del nuevo perfil que desea el desaparecido en su nueva vida, diluido cual disolvente entre la élite, la crème de la crème, de los muy altos urdidores de la política monetaria. Aunque nunca sabremos si, abducido o desaparecido, lo es para bien o para mal.

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