edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
23/01/2019
Camino de cumplir su primer año en el supervisor

De Guindos, el fichaje menos rentable del BCE y de menor utilidad para España

El mayor peso de la presencia española en Europa no se está reflejando en más influencia ni está reportando los beneficios políticos esperados
Juan José González
Expectativas defraudadas. Con el nombramiento de Luis de Guindos en la vicepresidencia del Banco Central Europeo, España pudo respirar complacida al romper con algo parecido a una maldición: el país no había sido `agraciado´ por las autoridades europeas con un nombramiento relevante desde 2004, desventura que el destino logró corregir en 2018 con el nombramiento en febrero del candidato De Guindos a la vicepresidencia del BCE y de facto en junio. Restablecido el orgullo, para algunos con categoría de injusticia histórica, España cuenta desde entonces con un representante en el nivel más alto, junto al presidente del BCE, institucional. Es un nivel político, donde se tejen las alianzas y se aprovechan los contactos personales para transformar situaciones en hechos y logros tangibles. Ahí es donde se deben aplicar los representantes de los países miembro, los socios de la Unión. Es un nivel -el de De Guindos- político, distinto al que conforma la arquitectura institucional o administrativa de la UE, donde, por cierto, la representación española es una de las más numerosas e influyentes, pero muy diferente en rendimiento, eficacia y capacidad respecto a las mismas variables pero en el nivel político. Es en este nivel, el más visible y expuesto, donde trabaja De Guindos, precisamente donde parece que el español no termina de ser respetado. Esta muestra de debilidad en Bruselas parece responder a que los altos cargos políticos que representan los intereses de España, no son tomados en serio en Europa, lo que en la práctica se refleja en una carencia efectiva de influencia. Y en esa situación parece encontrarse Luis de Guindos, quien en unos meses cumplirá su primer año en la vicepresidencia del BCE.
El BCE es hoy una institución europea, de talante alemán, duro y más ortodoxo que en la etapa del temerario Trichet. Y De Guindos un alumno ejemplar para los alemanes en tanto que ejecutor de la doctrina de recortes y reformas, la medicina germana de la strenge (autoridad) que con el tiempo culminan en crecimientos rápidos (España comenzó a crecer al 3%). Como tal obediencia al mentor, Berlín no dudó en patrocinar la candidatura del español. No es un sólo un reconocimiento a la obediencia del Español, es también una deuda pendiente que De Guindos se encargará de saldar cuando expire el próximo octubre el mandato de Draghi y apoye al sucesor de éste, el alemán Jens Weidmann, actual presidente del Bundesbank.

La situación deficitaria en presencia de España en los puestos políticos más altos de los organismos europeos, fue un drama que duró cinco años, un período que puede parecer corto pero que coincidió con la peor fase de la segunda crisis más reciente, cuando en 2012 se perdió la última silla en el BCE. Un vacío que se agravaría con la ausencia de altos cargos españoles en el FMI, la Comisión Europea como tampoco en el MEDE (el Mecanismo de rescate).

Pero la etapa de De Guindos en el BCE ha comenzado bajo la protección de Mario Draghi, con el que le une cierta amistad en el pasado, en la época de Lehman Brothers, cuya filial española presidía en pleno episodio de su quiebra mundial. La marcha del organismo bancario europeo sigue la senda de la ortodoxia que marca Alemania, el socio europeo con mayor poder de la Unión. Sin medidas extraordinarias, evitando conmociones, sorpresas o tensiones más allá de las puntuales que se deriven de la política de estímulos que viene aplicando estos últimos años el BCE. 

La gestión ahora del tiempo de la retirada -lenta y controlada- de los estímulos dicen en Bruselas que será la única forma, quizá la primera, de calibrar el rendimiento del español, sobre el que no abundan precisamente los elogios. Al parecer, la idea del español de acelerar la retirada de los estímulos no ha sido aceptada por los responsables del BCE al entender su jefe Draghi que la rapidez en este momento provocaría sacudidas que algunas economías, las más endeudadas -la española entre ellas- quizá no podrían soportar. 

El retraso en la subida de los tipos de interés del banco, siguiendo la idea del presidente Draghi, a finales del ejercicio actual, es una de esas lecciones de graduar los tiempos que De Guindos parece haber aprendido. Dando por hecho que el número de cargos no acredita ni sirve para medir el peso ni la eficacia de la política, la influencia del alto cargo (vicepresidente del BCE) mejor colocado en las instituciones europeas, esa asignatura pendiente que tanta aflicción ha venido provocando en los últimos años en España, no se está traduciendo hasta el momento en eficacia ni rentabilidad para el país al que representa.

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