edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
17/12/2019
banca 
Temor al impuesto sobre las transacciones

De Guindos muestra los recelos del BCE sobre el futuro Gobierno de coalición en España

Las prisas manifestadas por acelerar las fusiones bancarias evidencian que el supervisor sospecha un parón de estas operaciones tras la formación de nuevo Gobierno
Juan José González
Un cúmulo de frentes de batalla son los que ahora mantienen al nuevo supervisor bancario europeo (nuevo por la llegada de Christine Lagarde) el BCE, pendiente de los cambios que se avecinan en el futuro próximo. Nuevos Gobiernos como el británico y el español y nuevas situaciones que pueden trastocar los planes del supervisor financiero. Se combinan los grandes problemas europeos con las situaciones particulares, locales en este caso, como es la formación, previsible, de un Ejecutivo de coalición en España. Si bien los cambios en Reino Unido, a partir de las últimas elecciones generales que han reforzado el poder de los conservadores y, por tanto, confirmado la certidumbre de que la salida británica de las instituciones comunitarias será inmediata, con fecha fija en enero próximo, no es menos preocupante la situación respecto al frente español, donde se avecina una batalla que puede llegar a tener calado y repercusión no sólo ideológica, sino y sobre todo, en aspectos económicos y fiscales. Destaca sin embargo, la premura que las autoridades bancarias quieren aplicar al proceso de consolidación bancaria local, en España, donde hoy día parece estar varado, refuerzan la sospecha sobre el temor del BCE a que un Gobierno de izquierda PSOE-Podemos pueda tener otras ideas muy diferentes al respecto.
Y De Guindos es el encargado de transmitir los sentimientos del nuevo equipo del supervisor central a quienes seguramente a partir de enero tendrán en su mano la posibilidad de formar un nuevo Gobierno. En los últimos meses, el que fuera ministro de Economía del Partido Popular, no ha dejado de mandar mensajes a la que fuera su casa. Consejos siempre dirigidos al sector financiero, para reducir sus costes, para ganar rentabilidad, bajar capacidad y acelerar en el cambio tecnológico. Pero quizá es el más reciente el mensaje que deja al descubierto el interés del vicepresidente del BCE por las uniones domésticas en el caso de los pequeños bancos, y trasnacionales para los más grandes.

La primera razón que expone el vicepresidente del BCE es que es necesario ajustar, reducir la factura de los costes y mejorar la baja rentabilidad que no llega a cubrir ni el coste de capital. Es la vieja petición de los banqueros centrales que insiste en señalar en que todos los males del sector bancario residen en la sobrecapacidad, mientras resta culpabilidad a los efectos de los bajos tipos de interés sobre las cuentas bancarias. Y la segunda razón tiene que ver con la competencia en el nuevo marco europeo que contará con un competidor a partir de la salida de Reino Unido.

En este sentido, De Guindos viene predicando desde hace casi un año que el Brexit supondrá la aparición en el mercado bancario de un sector que tiene que demostrar que es más competitivo que el resto si es que quiere sobrevivir en este nuevo escenario. Ya se sabe que Reino Unido es un fuerte rival, muy activo y eficaz en los mercados de capitales, de ahí la obligatoriedad de espabilar para hacer frente a los nuevos competidores y ajustarse, adaptarse a un mercado más exigente donde la rentabilidad puede estar en mayor riesgo.

Pero es sin duda el futuro Gobierno de coalición que previsiblemente se formará en España en enero próximo el que alimenta la preocupación de los responsables del BCE. Se teme a que una coalición PSOE-Unidas Podemos pueda activar o acelerar algunos temas que desde un estricto punto de vista político se consideran urgentes, de resolución a medio plazo. En concreto, preocupa al vicepresidente del banco central la presión que está registrando la situación de Bankia, una entidad participada mayoritariamente por el Estado, con planes futuros (o presentes) de privatización (según las condiciones acordadas en su día con Bruselas) pero que un Ejecutivo de izquierdas podría frenar y utilizar para otros planes o con otros fines.

Aunque la verdadera preocupación que ha querido transmitir De Guindos en los últimos meses es un mensaje directo al futuro Ejecutivo español, que ya se ha mostrado partidario de aplicar un impuesto a las transacciones financieras. La tasa a las operaciones bancarias, bajo distintas denominaciones y presentada con diferentes argumentos, ha sido recogida por los programas políticos con los que el partido socialista ha concurrido a las últimas convocatorias. Un impuesto sobre las transacciones financieras que podría tener un efecto letal en el nuevo escenario de mayor competencia financiera surgido a partir de la salida de Reino Unido de la Unión Europea, entidades británicas que aprovecharían la ausencia en su caso de la tasa como ventaja competitiva frente a los bancos continentales.

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