edición: 2680 , Miércoles, 20 marzo 2019
20/12/2011

Del querido líder Kim Jong-il al comandante brillante Kim Jong-un persisten los enigmas en Corea del Norte

Pedro González
A un padre gordo le sucede un hijo obeso, una peculiaridad excepcional en un país de famélicos. Corea del Norte, el Reino Hermético, es la única dictadura comunista hereditaria que aún queda en el mundo. Por las gigantescas plazas y avenidas de Pyongyang apenas circulan coches, casi todos oficiales, transportando a los prebostes del Partido Comunista o de las fuerzas armadas, convertidas éstas por Kim Jong-il en la verdadera columna vertebral del régimen. Los marciales y vistosos desfiles en un país absolutamente militarizado contrastan con cifras lacerantes: Cuatro de cada diez personas de los 22 millones de norcoreanos pasan hambre, y un 33% de los niños menores de cinco años padece desnutrición. A cambio, el país exhibe un  culto a la personalidad desconocido. Ni siquiera Stalin y Lenin llegaron a tanto.

Para evitar las comparaciones, el ahora fallecido “Querido Líder”, Kim Jong-il, jamás tomó posesión como presidente del país. A la muerte de su padre Kim il-sung, lo proclamó “Presidente Eterno”; le erigió 35.000 estatuas a lo largo y ancho del país, la más gigantesca de ellas levantándose varios metros por encima del apabullante Museo de la Revolución; y volvió a superarse al edificar la Torre Juche, un monumento de 170 metros de altura, conformado por 25.000 bloques de granito blanco (ni uno más, ni uno menos), uno por cada día de los 82 años que vivió su padre. Si la realidad no cuadra, se modifica convenientemente. Así, en 1997 se sustituyó el calendario gregoriano por el juche, es decir el de la Era Kim il-sung, que comienza por tanto en 1912, fecha del nacimiento del “Presidente Eterno”. Así, también, se buscó un múltiplo exacto para decidir la fecha de nacimiento de su hijo, ahora fallecido, que quedó fijada oficialmente en 1942. Poco importa que viniera al mundo un año después, los símbolos de esa fusión padre-hijo están muy por encima de lo que quiera obrar la naturaleza.

Cuando Kim jong-il sucede a su padre en 1994 ya ha recorrido un largo camino en el ejercicio del poder. Al frente de los servicios secretos y operaciones especiales de Corea del Norte, es el cerebro de un atentado terrorista en Rangún en 1983, que acaba con la vida de los 17 miembros del gobierno de Corea del Sur, que componían una delegación oficial en visita a la capital birmana.  En 1987 ordena el lanzamiento de dos misiles contra un avión civil de Korean Airlines. Perecen 117 personas. En paralelo, dispone y supervisa otros atentados personales en Asia, Europa y América, tanto contra agentes surcoreanos como contra norcoreanos que habían logrado exilarse, la mayor parte de ellos a pie, a través de la frontera con China.

Kim Jong-il nunca exhibió su condición de presidente. Prefirió la perífrasis de títulos como “Teórico Incomparable”, “Centro del Partido [Comunista]”, “Dirigente Único” y “Querido Líder”, el penúltimo antes de asumir el de “Comandante Supremo” [de las fuerzas armadas] con grado de mariscal, aunque nunca se le viera vestido de uniforme.

Deja el poder al menor de sus tres hijos varones, Kim Jong-un, cuya edad exacta varía entre la real y la que determine el calendario Juche actualmente en vigor. Lo entronizó como general de cuatro estrellas hace apenas un año, una vez que hubo comprobado que sus dos hijos mayores no daban el perfil: el mayor fue detenido cuando intentó entrar en Japón “para visitar Disneylandia” con pasaporte falso; al segundo se le apreciaron al parecer múltiples veleidades feminoides, incompatibles con el ideario de la Revolución.

¿Persistirá el hijo del Querido Líder y nieto del Presidente Eterno en seguir desarrollando el programa nuclear iniciado por su padre? Kim Jong-il utilizaba la amenaza nuclear para negociar la ayuda alimentaria imprescindible para paliar la hambruna que padece el país. Estaban en curso conversaciones secretas con Estados Unidos al respecto, previas a negociaciones más formales en las que tomaría parte el Grupo de los Seis, es decir las dos Coreas junto con Japón, Rusia, China y Estados Unidos. Todo ello queda de momento en suspenso.

Salvo la foto oficial que sirvió para presentarle, hay más cantidad de conjeturas que de datos contrastados en la biografía del nuevo líder norcoreano. Además de su evidente obesidad, padecería diabetes y sería tan cruel y despótico de modales como su padre. No se ha verificado aún que pudiera haber realizado con identidad falsa algunos cursos de su educación elemental en colegios de élite suizos. En muchas cancillerías se alberga la esperanza de que ello no solo sea verdad sino que también haya servido entonces para que al nuevo dirigente  le haya quedado algún poso de la libertad y democracia que se vive en Occidente.

En todo caso, lo más importante será comprobar con qué respaldo cuenta el “Comandante Brillante”, el título que le confirió la propaganda cuando le ascendió al generalato. Y ése apoyo solo puede venir del ejército, una institución de 1,2 millones de soldados, elevada por su padre al máximo rango jerárquico, por encima del partido, y cuya parte en el conjunto del presupuesto podría situarse en torno al 85-90%. Estas circunstancias hacen que el verdadero hombre fuerte del país sea de momento su tío Jang Song-thaek, vicepresidente de la poderosa Comisión Nacional de Defensa, en la que se toman  en realidad todas las decisiones estratégicas de gobierno de la enigmática Corea del Norte.

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