edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
27/12/2010
'La RSE en los contextos de conflicto y postconflicto', informe de ESADE

Derechos humanos y desarrollo, ingredientes para una RSE integrada en los contextos postconflicto

Las políticas de RSC deben asentarse en el deber de los Estados de proteger a las victimas frente a abusos y la obligación de las empresas de respetar los derechos humanos
Beatriz Lorenzo

El escenario corporativo da sus primeros pasos en el difícil avance hacia modelos de gestión más sostenibles y responsables, entroncados en el diálogo y la transparencia como antídotos contra las malas prácticas y la voracidad. Mientras en los países desarrollados proliferan y se institucionalizan conceptos tales como responsabilidad social empresarial, transparencia, sostenibilidad o diálogo, las comunidades del tercer mundo siguen siendo las más perjudicadas en este sentido, ya que el riesgo, la inseguridad jurídica y, en ocasiones, un respeto más bien escaso por los derechos humanos siguen siendo una práctica tristemente habitual de las compañías que extienden las redes de sus filiales a los países en desarrollo. Ya en 2008 la mirada institucional de Europa se centró en este aspecto a través del programa “Proteger, Respetar, Remediar”, presentado por el Representante Especial de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos, John Ruggie; y un año después la Comisión Europea ponía en marcha, licitación mediante, un estudio de interés para las empresas, los líderes políticos, las ONG y los sindicatos, encaminado a aclarar el marco jurídico existente para los derechos humanos y las cuestiones ambientales aplicables a las empresas europeas que operan fuera de la UE, con el fin de proporcionar una base para las posibles medidas que se revelen como necesarias para poner en práctica el programa de Ruggie.

Durante los últimos tiempos, la gestión de la RSC se ha ido “profesionalizando” y enmarcando de un modo cada vez más coherente en los países en desarrollo, algo que sin duda tiene que ver con el disparado auge de las potencias del grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y varias comunidades emergentes, llegándose a un punto en que los países desarrollados han de tomar ejemplo de sus vecinos emergentes en materia de sostenibilidad y buenas prácticas y ejemplos crecientes de reputación y confianza para los grupos de interés. En palabras de Thomas Friedman “la tolerancia genera confianza y la confianza es el cimiento de la innovación y el espíritu emprendedor”. La confianza es uno de los conceptos claves del nuevo modelo productivo caracterizado por la búsqueda del desarrollo sostenible, la promoción de la Responsabilidad Social y la transparencia en la información y las comunicaciones. 

GESTIÓN EN CASOS EXTREMOS

Un paso más en el análisis de las distintas variables implícitas al concepto y aplicación de la Responsabilidad Social ha sido el que ha dado el estudio “La RSE en contextos de conflicto y postconflicto” editado por ESADE y elaborado por María Prandi y Josep M Lozano, en el que reflexionan sobre el papel del sector privado en la gobernanza mundial y la construcción de paz en países en conflicto y postconflicto avanzando desde la gestión del riesgo hacia la creación de valor.

Para los autores, una de las ideas fundamentales de su reflexión es la que expone que los ámbitos de derechos humanos, desarrollo y paz se encuentran interconectados entre sí, especialmente en los llamados entornos complejos- y que esta conexión debe verse reflejada intrínsecamente en las políticas de Responsabilidad Social Empresarial pero no sólo en su contenido sino también en la manera cómo dicha política se construye. Así, “en un país en reconstrucción postbélica con una importante destrucción física pero también graves fracturas sociales, es la suma de cada uno de estos elementos lo que le da a la política de RSE una perspectiva integrada. Por el contrario, la falta de uno de estos ingredientes en las políticas de RSE hipoteca de manera clara el avance en los demás ámbitos. Otra de las reflexiones que propicia el libro es que la RSE no puede ir desligada del contexto en el que opera, sino que debe reflejar y dar respuesta a los retos (humanos, tecnológicos, medio ambientales, etc.) que se plantean en el entorno inmediato de la empresa.”

Entre las conclusiones alcanzadas por los autores destaca el hecho contrastado de que las compañías que se enfrentan a limitaciones y a la incertidumbre de las consecuencias deben centrarse en la alternativa que produzca los mejores resultados en materia de beneficios para la sociedad en general, animando a otros actores a afrontar sus propias responsabilidades y colaborando con ellos, si es necesario y factible. Incluso antes de tomar en cuenta la economía, los gerentes deben evaluar los costos y beneficios sociales de las decisiones para la sociedad en general y para los distintos “stakeholders” en particular. Esto, para los autores, no contradice el ideal de imparcialidad que está en la base de la ética basada en el deber.

BUENAS PRÁCTICAS

Entre los casos prácticos citados por el informe destaca el de la cervecera holandesa Heineken, en relación a la gestión sanitaria en lugares afectados por conflictos armados en las últimas décadas como los dos Congos, Ruanda, Burundi, Nigeria y Sierra Leona. Heineken dirige sus propias clínicas con un personal de médicos, enfermeras, técnicos de laboratorio, matronas y farmacéuticos. Los empleados Heineken y sus familiares tienen derecho a diversos tipos de atención sanitaria, que van desde el tratamiento de enfermedades relacionadas con el trabajo y los accidentes, al tratamiento de enfermedades complejas como la malaria, la tuberculosis y el VIH/SIDA .Solamente en el África subsahariana, casi 35.000 personas tienen acceso a los servicios proporcionados por Heineken. La asistencia sanitaria ha pasado así a ser un beneficio de recursos humanos y es cada vez más una prioridad clave en la agenda global de Responsabilidad Corporativa de Heineken.

En general, ya sea en un contexto de conflicto o en una situación estable, las políticas de RSC de las multinacionales en sus filiales extranjeras debería asentarse en dos pilares: el deber de los Estados de proteger a las victimas frente a abusos contra los derechos humanos cometidos por terceros, en particular por las empresas y la obligación de las empresas de respetar los derechos humanos y contribuir al progreso económico, social y medioambiental con vistas a lograr un desarrollo sostenible.Asimismo, las empresas deben fomentar la formación del capital humano, particularmente mediante la creación de oportunidades de empleo y el ofrecimiento de formación a los empleados y a su vez abstenerse de buscar o de aceptar exenciones no contempladas en el marco legal o reglamentario relacionadas con el medioambiente, la salud, la seguridad e higiene, el trabajo, la fiscalidad, los incentivos financieros u otras cuestiones varias.

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