edición: 2885 , Viernes, 17 enero 2020
23/10/2019

Descuadre general

Nada peor ni más lejos de la realidad que el ejercicio de hacer cuentas en tiempos electorales, una borricada que acaba plasmándose en un documento contable que se hace llamar presupuesto. En este escenario, el Gobierno en funciones, en cumplimiento de la obligación con Bruselas, envía unas cuentas públicas bajo ese formato contable y cierra así el círculo de la pantomima institucional para pasar el trámite. De cómo se justifican las cifras y conceptos que recoge el documento, los responsables del presupuesto vienen a decir que ya veremos.

Es el presupuesto ese caso típico que sirve para asegurar que el papel lo aguanta todo. En esta ocasión el aguante y el todo tienen fecha de caducidad: después del 10 de noviembre. Hasta entonces todo da igual, las cuentas descuadradas se arreglarán después, tras la sentencia electoral. Una sentencia que vendrá expresada a modo de pena fiscal, más impuestos de los que hoy ya hay que dar por hecho que serán más y mayores, sí o sí. De ahí que no sea debido ni recomendado avanzar la sentencia.

Con esa intención, de no dar pistas al enemigo, el personal de la calle anda despistado entre números y conceptos vagos sobre pensiones y salarios, déficit y deuda pública. El ambiente político electoral (o preelectoral, da igual) obliga a que la dinámica de las noticias, las pistas sobre el asunto de los impuestos, esté controlada convenientemente por el Gobierno, como así ocurre. Por eso estos días se escuchan descuadres que no son tales, se niega la evidencia que muestra que los planes del futuro Gobierno pasan por un aumento del gasto público.

La estrategia que justifica que los responsables del gasto mantengan sus cartas bien guardadas es obligada por cuanto pretende que no cunda el pánico entre los votantes, en particular en algunas capas sociales o segmentos de rentas que podrán salir escaldados como consecuencia de los planes del Ejecutivo. El descuadre de las cuentas será recuadrado a la fuerza, con o sin calzador, y el recurso no será otro más que una subida de impuestos. Lo peor del asunto es que el descuadre de las cuentas cuadra a la perfección con el descuadre del país entero, por eso no debería extrañar a nadie el descuadre como tampoco que su gestión esté en manos de descuadrados gestores políticos.

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