edición: 2595 , Miércoles, 14 noviembre 2018
12/12/2008
Lukoil también quiere más de Italia

Después de Gaddafi, Berlusconi abre nuevas puertas energéticas a los rusos

Ana Zarzuela

Dispuesto a demostrar que Roma está tan cerca de Trípoli como de Moscú, Berlusconi le calienta las compras a ENI. A fuego lento. Les abrió la puerta a los fondos libios del 5% de Unicredit, les ha dejado tentar a Impregilo, llamar a las puertas de Telecom Italia y acercarse de lejos, pero acercarse, a Enel. Pero huele los petrodólares y le gusta el aroma, tanto como llamar a los rublos para sus campeones nacionales. El vicepresidente ruso advierte en persona: quieren más del alfil transalpino de su ajedrez. Ya tienen acuerdos con Eni, Enel y Erg. Y preparan sorpresas. Lukoil es la llamada a ponerle apellidos a nuevas alianzas y alguna aventura accionarial, con o sin la compañía de fondos libios. Italia es clave en su tablero energético, con o sin un pie en Repsol. La refinería Priolo que acaba de adquirir en Sicilia nutre su estrategia confesa – na red de distribución y venta que horade todo el sur de Europa- y refuerza su ‘pinza’ italo-española para los mercados vecinos. Pero le sabe a poco. Y al Palacio Chigi también.

Lukoil ha puesto el interruptor expansivo en el sur de Europa. Justo ahora que remata la futura distribución del gas del yacimiento de Shtokman, afila las garras propias y esconde las enseñas ajenas desde que hace un mes anunció “la era de la agresividad” sobre los muros energéticos del Viejo Continente. Todos los tambores de guerra de la segunda petrolera rusa resuenan en los deseos del presidente Dimitri Medvedev. Sólo a fuerza de despejar los caminos ya frustrados para Gazprom consigue Vaguit Alekpérov obviar que la orfandad de sus cuentas no acompaña sus ansias. Quiere cancha en el corazón de Europa, hasta ahora fuera de su alcance, por más que controle todos sus atajos: los argelinos, los turcos, los croatas y los caucásicos. Lo ha intentado en España, lo fraguó e Francia y Alemania y ahora piensa echarle en Italia más fuego al desembarco que comenzó este otoño.

Ya se lo dijo el primer ministro Putin en persona a Silvio Berlusconi al sellar hace un mes el nacimiento de ISAB,  la compañía italo-rusa con los genes de Lukoil. Alekperov quiere acercarse a sus sueños. Y, cada vez que puede, le recuerda al mundo que su ídolo empresarial es nada menos que Enrico Mattei, el fundador de Eni, la cuarta petrolera de Europa. Le pisa las huellas y hace mucho que le tiene ganas, no es suficiente con la alianza romana de su hermana mayor Gazprom. Si falla su aventura sobre la muralla de Repsol, no será Eni la que desembarque en la española, sino Lukoil la que acelere el paso accionarial en Italia. Ya ha pagado la primera entrega de 600 millones de euros por la refinería Priolo -por cierto, con prima y sin importarle adelantar millones por la inversión en transformación- y hasta finales de 2009 no tendrá que pagar más en Italia.

No ha sido con el abrazo de Dimitri Medvedev -la muerte del patriarca ortodoxo  les estropeó la escenografía- pero el encuentro en San Donato, la casa matriz de ENI, con el vice primer ministro ruso y el ministro de ’Energia Sergei Shmatko, ha dejado claro que, de parte y parte, habrá más sorpresas. Eni quiere nuevos socios, no lo esconde y, ahora que le ha puesto la alfombra roja a los petrodólares de Muanmar el Gaddafi, es el propio Silvio Berlusconi el que invita públicamente a los rublos a acudir a sus campeones nacionales. Siempre –insiste Il Cavaliere- que su desembarco sea público, nada bajo el parquet milanés. Gazprom tiene por ahora bastante con sus acuerdos operativos con Eni  (sobre todo los prioritarios, en Liberia); con digerir el gasoducto South Stream que debe estar en funcionamiento en 2015 y los acuerdos que cocina ya con Saipem e Transneft. Las nuevas aventuras italianas de Moscú, si llegan, tienen el apellido de Lukoil. Se podrí conformar con vender la producción de su refinería para todo el sur de Europa, pero no se resiste a desembarcar allá donde sí es bien recibida -Erg y Eni para empezar- ahora que el vicepresidente de la compañía petrolera rusa Lukoil, Leonid Fedún, se empeña en vestir de la sombra de simples rumores sus escaramuzas sobre Repsol.

LUKOIL NO QUIERE ESPERAR

No es casual que segunda petrolera rusa fuera ya la escogida en noviembre para acompañar a la ‘derecha’ de Putin en su peregrinación italiana y poner el pie petrolero y gasista en tierras alpinas. Y es Lukoil -con un pie en Sicilia y la propiedad a medias con ERG de la refinería, pero sin acciones en las grandes energéticas italianas- la que les tiene más ganas, a la vista de que su participación en Erg Med (del 49%) no puede crecer hasta dentro de tres años. Demasiado esperar. Al fin y al cabo, prometió aumentar un 60% la presencia de sus tentáculos internacionales. Tiene músculo (aunque sea prestado por el Kremlin) para ello y la alfombra roja de Berlusconi, que además de con Putin cultiva buena sintonía con Vagit Alekpeirov, el presidente de Lukoil. Con o sin libios, Italia puede ser un refugio si fracasan sus aventuras españolas. Y el complemento perfecto -sobre todo para su refinería siciliana- si prosperan.

Italia, la refinería de Priolo (Sicilia) a cuatro manos con ENI y la empresa mixta que acaban de engendrar en común es parte de esa clave, pensada para poder desembarcar en España, al menos con productos refinados. Y estrechar el puño de Vagit Alekpeirov a dos manos en el sur del continente, que la segunda petrolera rusa considera “una región estratégica”. Ni el hombre más rico de Rusia ni Putin y Medvedev ocultan que la ‘estrategia romana’ es sólo uno de los nodos de lo que llaman una ‘estrategia más amplia para Europa Occidental’. Un libreto en el que Gazprom está llamada a interpretar las notas más agudas, las del gasoducto South y las alianzas con E.ON, RWE y GDF-Suez, pero en el que Lukoil -confiesa Alekperov- aspira a entonar otras notas más graves, las de una red de distribución y estaciones de servicio por Francia, España e Italia.

Es el propio vicepresidente de Lukoil, Leonid Fedun, el primero en tentar a la suerte de las compras, pero advierte que cocina un plan B: para crear una red de distribución no necesita comprar estaciones de este lado de los Urales (aunque durante el último semestre se ha hecho con más de un centenar de puntos de distribución en Bélgica, Polonia, República Checa y Eslovaquia), pero sí poner un pie en el accionariado de productores y refinadoras y garantizarse stock y vías de distribución. La ‘ficha’ italiana tiene mucho que ver con eso. Más aún si los alfiles españoles se le arrugan. A Lukoil. El enclave alpino es ya mucho más que uno de sus mercados preferentes, es uno de los nodos del tablero geoestratégico que ha comenzado a desplegar. Ahora que Ucrania y las ex repúblicas soviéticas tienen la llave del suministro de hidrocarburos al sur de Europa, la petrolera de Lukoil expande su puño sobre ellas. Ha comprado Europa-Mil, un distribuidor de hidrocarburos croata y consuma su desembarco en la Serbia Nis y la Turca Akpet. Su división de proyectos internacionales, Lukoil Overseas, cederá a la francesa GDF-Suez una participación del 15% en D-222, a cambio de alianzas en Europa del Este.  Pero es la tocata libio-rusa (no sólo con Gazprom) la que coordina ya sus tentáculos accionariales y operativos sobre España e Italia. Gaddafi ha dejado claro que estaría dispuesto a compartir más de un barco-en Repsol, Eni o una tercera vía- con socios rusos o fondos soberanos árabes.

LA PINZA RUSO-LIBIA

Gaddafi mantiene esperando en el banquillo italiano y el español a los fondos soberanos, pero quiere más de un sitio en la foto energética europea. Con Italia ya se lo ha ganado, para empezar con la luz verde al 10% de ENI.  Con Madrid,  hace saber que no aspira a ser la reina del tablero de Repsol, sólo acaricia una porción como mucho del 10%, pero quiere sacarle punta a su rol como posible alfil energético. Será, e ambos casos, una participación complementaria, un puente entre Moscú y Madrid con escalas en Trípoli o un simple cambio en las condiciones de Repsol en Libia aprovechando que su fondo soberano Lafico pasa por allí y que Repsol -la primera petrolera privada del país- acaba de anunciar uno de sus mayores descubrimientos en tierras libias.

Gaddafi lustra sus galones energéticos. Se hace valer. Con Moscú y Bruselas por igual. No sólo es la avidez común y  la hermandad en la OPEP del gas lo que la une al Kemlin. Con un pie en el sur de Europa -italiano- y la voluntad de poner otro en algún punto del mercado ibérico, es un caballero blanco y despeja sobre todo, algunos gaseoductos del sur. Gazprom intenta entrar en los mercados del sur de Europa y, a la vista de su fracaso en la compra de Indeza y de las dificultades de los caballeros blancos del Kremlin para coger sitio en Repsol, reconoce que sólo a través de África podrá. Muanmar el Gaddafi está dispuesto a ayudarle con la venta de reservas, ductos y la alfombra roja a ENI en Italia.

Sólo hace poco más de un mes que el coronel libio viajaba por primera vez a Moscú desde la caída del telón de acero. Desde entonces, Gaddafi, el gerente ejecutivo de Gazprom, Alexei Miller, y el presidente de la Corporación Nacional del Petróleo de Libia, han acordado ya la creación de dos empresas mixtas: una se encargará de la construcción y modernización de refinerías y la otra trabajará en terceros países, especialmente los de África. Libia planea traspasarle a Gazprom tres de los cuatro yacimientos de hidrocarburos reservados a la ucraniana Naftogaz. Gazprom- que provee una cuarta parte del gas europeo- también aceptó la oferta libia de construir oleoductos desde ese país norafricano a Europa, una medida que se ajusta a la estrategia rusa de hacerse de fuentes de abastecimiento fuera de su base. Gazprom estaría dispuesta a  comprar a precios competitivos todo el gas natural, GLN y petróleo que Libia destina a la exportación. Es poco probable que Libia se quiera comprometer a vender todo su petróleo a un comprador único. Es muy posible que siga vendiendo el crudo en el mercado abierto. Pero se sabe un alfil estratégico -por reservas y por ubicación- en el ajedrez entre las necesidades europeas y la dependencia rusa. A lo peor, el gas, el petróleo y sus derivados -sobre todo- acaban pasado por Moscú antes de llegar de Libia a Europa.

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