edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
18/01/2019

Después del Brexit, el Brexin

Si algo está enseñando el Brexit, es que aunque todo un Gobierno se vea volcado en una negociación constante, con fuertes tensiones y riesgos incontrolables para las economías, nada impide que el mundo, el país y la sociedad entera sigan a lo suyo como si nada, toreando las perturbaciones, sorteando las turbulencias de los mercados, financieros y laborales. Gobiernos que lo son sólo para sobrevivir y perpetuarse en el poder, como también para corregir llegado el caso dependiendo del tamaño de la pifia.

Como observadores de una gobernante que resiste los constantes embates del enemigo, se advierte que la práctica del poder confiere una personalidad y hasta llega a formar un carácter peculiar que convierte al superviviente político en un monstruo capaz de ofrecer reformas, políticas de estabilización, modelos de equilibrio económico y hasta medidas anti crisis para salir del cerco. El arsenal de herramientas para la defensa y el ataque político llevan a veces a plantear asuntos que en principio no lo son.

Es lo que sucede con el referéndum de salida de Reino Unido de Europa, familiarmente conocido como Brexit. En medio del caos en el que se ha convertido la gestión del desenganche, surge una especie de rebote que lleva a proponer a las autoridades la `recelebración´ de la consulta, un re referéndum, algo que se podría interpretar como un movimiento de repliegue hacia el interior, un `Brexin´. Porque los políticos han convertido las consultas populares en juegos caprichosos y en distintos sentidos; hacia dentro o hacia fuera.

La solución que se callan los gobernantes británicos puede pasar a la historia como la claudicación más vergonzosa de la historia contemporánea. Una escena en el filo del melodrama político parece estar cada vez más cerca de convertirse en realidad. Propuestas y soluciones imposibles para dar marcha atrás a una decisión histórica como ha sido la consulta al pueblo: ¿a quién se le ocurre preguntar esas cosas en estos días? cuando ya se sabía que los referéndums los carga el diablo. Todo un espectáculo, esperpento político, apocalipsis económica para que ahora, tras dos años de hacer el payaso se vean obligadas sus señorías a proponer el camino de vuelta: el Brexin. Pero claro ¿quién se atreve ahora a proponer otro referéndum, esta vez de entrada? y ¿debería aceptar la Unión Europea el regreso de Reino Unido, del tozudo y torpe hijo pródigo? Habría que pensárselo.

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