edición: 2745 , Lunes, 24 junio 2019
22/04/2015
Una señal de aviso

La persistencia de tipos negativos agudiza el temor en el mercado de la renta fija

La inquietud de los inversores como advertencia de proximidad de explosión de la burbuja
Juan José González
La primera lección, entre otras, que parece haber aportado el estallido de la burbuja inmobiliaria, no son tanto las enseñanzas sobre su incontrolable explosión, como tampoco las medidas que se pueden, o deben, tomar para evitar su repetición. La lección es, precisamente, la de tener en cuenta que pueden formarse otras diferentes, con independencia del sector, producto o actividad y la seguridad de que se están desarrollando ahora mismo. Y algunas de ellas a buen ritmo. Se tienen en cuenta, lo cual ya es un avance en sí mismo, un síntoma de preocupación e interés general. No es para menos porque los efectos del último pinchazo (año 2007) mantienen abiertas multitud de heridas de todo tipo. Ahora toca el crédito y la deuda mundial, también la renta fija y no muy lejos debe andar la renta variable. Todas haciendo cola en la ventanilla de las burbujas.
Quizás otra de las enseñanzas que puede haber aportado el estallido de la burbuja inmobiliaria sea la certeza de que como todo fenómeno de la vida real cuenta con un tiempo finito, y que, por tanto, su duración en el tiempo y a tenor del ritmo de construcción inmobiliaria, el punto de explosión final no podía andar muy lejos. Aunque razonamientos de este tipo suelen aparecer con perspectiva temporal y a toro pasado, la lección indica que el avance y el volumen de, por ejemplo, la deuda mundial (de familias, empresas y Estados) adquiere un tamaño susceptible de llevarse por delante varios continentes.

Una posible burbuja de la renta fija, previsible a medio plazo si se tiene en cuenta la facilidad que supone lanzar emisiones con tipos negativos, puede acercar a la mayoría de los Estados a un caos financiero como antesala de otro económico. La irracionalidad de la situación actual en ese mercado en el que los inversores pagan a empresas y a Estados dinero por adquirir papel de menor valor, puede ser una circunstancia que, aunque temporal, no pueda resistir mucho más allá del presente ejercicio.

En coyunturas de este tipo, un mundo ahogado en su propia liquidez y deudas, la acción de políticas como la de la Reserva Federal norteamericana, pueden llegar a fracasar. Porque los resultados de la Fed, comprando a buena velocidad bonos durante 25 trimestres seguidos, no parecen estar aún acreditados por cifras. Será preciso esperar a ver cambios en la economía americana una vez que comience a subir el precio del dinero. Entonces sí que será interesante conocer el balance final de esa política (QE o quantitative easing) de compra de deuda.

En Europa, siempre con un año de desfase respecto a Norteamérica, se siguen los pasos de la Fed con un programa de compra de deuda muy similar. En este sentido, las autoridades europeas contarán con la referencia americana de tipos de interés, inflación así como otros efectos `colaterales´ de la economía como puede ser el empleo. El problema de la burbuja de la deuda puede llegar, y llegará, cuando el precio de la renta fija se dé la vuelta y comience a subir. De la misma forma que en tiempos recientes de la burbuja inmobiliaria, en medio de un aumento de la construcción y del crédito hipotecario superior a los de los países del entorno, no fue considerado como señal de alarma, los tipos de interés negativos tampoco parecen transmitir el nivel de inquietud ni temor deseados como para cortar y evitar la explosión de la burbuja de la renta fija.

Ahora los Estados centran sus esfuerzos en darle la vuelta a los precios para convertir la deflación en inflación siempre que ésta no rebase el 2% en tasa anual. En Norteamérica parece que la subida de tipos se encuentra a la vuelta de la esquina y en Europa comienza a dar señales de vida el sector inmobiliario, que alcanzan singular eco en España. Todo ello lleva a pensar que no es probable que los inversores, las empresas, las entidades financieras y las propias autoridades económicas, no hayan sospechado de la amenaza evidente de una burbuja en este colosal mercado billonario que constituye la renta fija. Salvo que existan razones económicas o políticas para desactivarla. Habrá que estar muy atentos al momento previo a las ventas masivas de deuda, que no debe andar muy lejos. Pero en esta ocasión, a diferencia de la inmobiliaria, ya se tiene en cuenta que la amenaza de burbuja en la renta fija es evidente.

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