edición: 2471 , Martes, 22 mayo 2018
13/04/2015
Problema sin resolver

Los inversores quieren conocer los planes futuros para refinanciar la deuda

Adelantan la pérdida de confianza de los mercados ante la ausencia de información del Tesoro
Los ministros de Economía y Hacienda
Juan José González
El ministro de Economía deberá llevar a un Consejo de Ministros a celebrar antes del 30 de junio un plan donde se concrete la estrategia para refinanciar en los próximos años la deuda pública. Es un plan muy esperado por los inversores, nacionales e internacionales, muchos de ellos institucionales, que vienen solicitando la información sobre la posición que piensa adoptar el Gobierno, en este caso, a través del Tesoro Público, cuando, llegado el caso, el Banco Central Europeo corte ocambie su política de adquisición de bonos y la deuda española, como la de otros socios de la Unión, se encuentre sola ante el mercado. Los inversores, tenedores de los bonos españoles, viven momentos de tranquilidad, estabilidad relativa, debido a que, como reflejan las calificadoras, España está aplicando políticas de consolidación presupuestaria y se encuentra en una trayectoria que, a corto y medio plazo, indica que se está produciendo una recuperación económica generalizada.
De la lectura de los informes de dos calificadoras de riesgo -de Moody´s en febrero y de S&P la semana pasada- se puede deducir que los inversores internacionales, los mercados financieros, mantienen una suerte de bula sobre el crédito país o confianza en su recuperación económica expresada en las cifras de crecimiento del PIB. Las calificadoras recogen, a partir de datos objetivos, una sensación que llega a los inversores en forma de duda respecto a la duración de la recuperación: temen estos que una vez hechas las correcciones, reformas y ajustes, España se duerma en los laureles propios de quien ha conseguido un primer reconocimiento del mercado, caso de las últimas emisiones de deuda, con rentabilidades negativas.

Las calificadoras mantienen, efectivamente, a España en esa "perspectiva estable" que, dentro de lo malo, es considerada como esperanzadora, y confirman, asimismo, las notas anteriores en BBB por S&P, BBB+ de Fitch y Baa2 de Moody´s. Calificaciones que recogen y reconocen los deberes hechos por los gobernantes españoles de estos tres últimos años, como han sido las reformas del mercado laboral, la reestructuración financiera y el control y austeridad del gasto público. Sin embargo, advierten las calificadoras sobre el riesgo futuro de algunas políticas fiscales y macroeconómicas que amenazan el medio y largo plazo.

Si el escenario actual parece ser poco menos idílico si se compara con el reciente pasado, no está nada claro que este se mantenga más allá de las elecciones. Es posible que la recuperación de la economía española, en el medio y largo plazo, la más estable de la Unión, cuente con el concurso de la recuperación del resto de los Estados europeos, si bien, algo que es también una incertidumbre. Por el momento, las condiciones externas ayudan a mantener la estabilidad y confianza respecto a la solvencia de España -precios del petróleo y la debilidad del euro-, animan a los inversores internacionales a seguir apostando por la deuda pública española.

Sin embargo, esta situación de relativa estabilidad no oculta la inseguridad de los inversores internacionales respecto al futuro. El futuro es para estos la necesidad de refinanciar bonos, la deuda española, por valor de un billón de euros. Obligación y volumen se producirán a lo largo de los próximos años, cuando, al mismo tiempo, el Tesoro Público necesitará seguir emitiendo deuda según los venzan los bonos actuales. En ese futuro es previsible -los inversores son más rotundos y descartan la prolongación de las medidas del BCE- que el Banco Central Europeo abandone, corte o interrumpa su programa de adquisición de bonos.

Este puede ser el escenario en el que el ministro Luis de Guindos se encuentre trabajando en la actualidad, el escenario más que probable que puede darse a partir de 2016, cuando las elecciones legislativas hayan despejado las dudas sobre las políticas fiscales y presupuestarias del Ejecutivo, y cuando el BCE ya no adquiera bonos españoles, es decir, cuando el mercado deje de estar intervenido. Será entonces la hora de la verdad para comprobar si las autoridades españolas se han dormido en los laureles o, por el contrario, han reaccionado ante el nuevo escenario. Por el momento, se imponen las dudas respecto a que España pueda mantener la solvencia y los inversores la confianza.

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