edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
07/04/2009
Tira y afloja para fijar el límite a la emisión de dinero

Deuda Pública, la próxima burbuja

Nuevo frente para un nuevo ministro/a de Economía
Juan José González

El próximo ministro -¿ministra?- de Economía se va encontrar nada más entrar por la puerta de Alcalá, 5, una carpeta plagada de ’contenciosos’ con el vecino Banco de España, a los que tendrá que dar solución a muy corto plazo. Porque hasta ahora el supervisor había mostrado su lado más complaciente evitando ser beligerante en cuestiones que, en otro momento, con Caruana, por ejemplo, hubieran sido impensable resolver con buen tono. Sin Solbes en la vicepresidencia y sin la amistad intelectual de ministro y gobernador, es más que posible que se hayan acabado paciencia y complicidad. El déficit público que quiere mantener el Gobierno español esta llamado a consumir cantidades siderales de dinero y crear un océano de deuda pública que va a exigir, a su vez, financiación caudalosa. Y aquí es donde se espera que el Banco de España ponga sitúe al asunto en una perspectiva lo más ortodoxa posible.

La actividad de la maquinaria del dinero no parece tener fin, esta desbocada, sin freno y con escasas posibilidades de remitir. Las economías occidentales, la española en el grupo de cabeza por aumento de déficit público, han comenzado a considerar lo que denominan “políticas monetarias cuantitativas” que, en esencia y simplificando al máximo, significa aumentar la impresión de nuevo papel moneda. Todas las medidas adoptadas en los últimos meses por la mayoría de los Gobiernos, pasan por el crecimiento del endeudamiento público como estrategia más clara y a corto plazo posiblemente, más eficaz, aunque todo tiene un límite, “son políticas excepcionales que no se entenderían en situaciones normales” señala técnico del  ministerio de Economía. Precisamente en este punto, en el límite, es donde no parece que se vayan a poner de acuerdo Gobierno y Banco de España. Un asunto que, según dice un técnico muy próximo a los dos inquilinos de Alcalá, ocupó largas reflexiones a lo largo de varias jornadas a ministro y gobernador.

No se trata de un tema menor, precisamente, porque la utilización de maquinaria pesada de la FNMT para retirar deuda pública de la circulación mediante la inyección de dinero al sistema, guarda relación directa con el mayor o menor grado de ortodoxia monetaria y, por tanto, con la seriedad y eficacia del banco central de turno. En el caso español, no ha habido hasta el momento conflicto alguno entre las dos instancias entre las que se sortea la política comentada, pero el pasado mes de marzo se llegaron a cruzar telefónicamente algún mensaje de esos que contienen peso específico en el fondo. Un seguidor habitual de la política monetaria, ex funcionario y alto cargo del Banco de España, advertía en conversación privada que “si bien la multiplicación de los panes y los peces no tuvo en su día freno ni límite alguno, sí es de esperar la aplicación del freno al manejo de una política que nos lleva de cabeza a la próxima burbuja”.

A tenor del historial de actuaciones de nuestro banco emisor, el empleo de recursos públicos no ha tenido mayores roces salvo alguno puntual en 2007 y otros de menor trascendencia a finales de los 90. Por tanto, se puede afirmar que el banco emisor de Cibeles ha prodigado más actitudes contemporizadoras que enfrentamientos o diferencias de criterio.

Pero ahora mismo, la tendencia general en el orbe es la puesta en escena de políticas cuyo objetivo es la aplicación en abundancia de dinero público como terapia de choque contra la crisis, y donde el paradigma resulta ser la Administración norteamericana y con Reino Unido pisándole los talones. El Gobierno de Brown ya ha recibido la primera tarjeta amarilla del gobernador del Banco de Inglaterra que, fiel a su papel de defensor de la libra y con un déficit por encima del 10%, se vio obligado a enseñar los galones. Ha sido el primero en llamar la atención, y a enfrentarse, al Ejecutivo, dando lugar al primer incidente institucional entre un banco central y su Gobierno. Esta misma situación amenaza con repetirse en numerosos puntos de las economías occidentales y especialmente en las de Europa continental.

A propósito del fondo de este conflicto, surgen numerosas dudas sobre quién debe poner el límite en la emisión del dinero en circulación, o dónde esta el tope máximo de adquisición de deuda pública por el Banco de España, o por ejemplo, quién puede mediar en un teórico (pero posible) conflicto de autoridad entre el Banco de España y el Ministerio de Economía. ¿Puede el Banco Central Europeo resolver parte o la totalidad de estas dudas? Porque la estrategia política de cómo atacar una crisis suele ser soberanía de los gobiernos miembros de la Unión Europea. En fin.

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