edición: 2596 , Jueves, 15 noviembre 2018
27/02/2015
Banca 
Limpiar balances

Callejón sin salida para recolocar la deuda soberana

El cuarto de billón de la banca hundiría el mercado de bonos y dispararía la prima de riesgo
Juan José González
Si los cálculos no fallan, con las cifras del Banco de España y de la calificadora de riesgo Fitch, la banca española tiene una elevada exposición a la deuda pública, en torno a los 283.000 millones de euros. Si la Autoridad Bancaria Europea ejecuta al pie de la letra el mandato del Banco Central Europeo de emitir las directrices regulatorias que pongan límite a la exposición, por ejemplo del 25% sobre el total de activos en balance, el sector debería desprenderse de 212.000 millones de euros, cantidad a la que habría que sumar la correspondiente al resto de los excedentes de deuda de los bancos europeos, un billón de euros.
Es probable que las autoridades bancarias no hayan dado aún con una solución razonable para dar salida -recolocar- a tan pantagruélica cantidad de bonos europeos. O, por el contrario, ya saben que es imposible, al menos por sistemas ortodoxos.

Con independencia de la solución que decidan aplicar, hay que pensar que cualquier medida para reducir dicha exposición conllevará una subida automática de la prima de riesgo acompañada del desplome de los bonos europeos. Pero se da por hecho que la responsable de la supervisión bancaria, Danièle Nouy, tenga en mente el asunto para que cuando recomiende a los 120 bancos bajo su vigilancia, no olvide las consecuencias macro. La banca española parece observar los movimientos de Nouy con cierta prudencia, a distancia, porque si el criterio del límite queda fijado en ese 25% de exposición máxima, será necesario un calendario flexible de adaptación.

Sin embargo, cunde cierto nerviosismo al respecto por las prisas que al parecer quiere aplicar Danièle Nouy al problema de tanta deuda soberana en balance. Las prisas parecen estar motivadas por la necesidad de otras prisas; reactivar el crédito al mercado, a las familias y a las empresas, condición indispensable para consolidar la débil recuperación de la economía europea. Un objetivo del BCE que no es sencillo como tampoco es fácil misión la encomendada a la supervisora de la banca, puesto que el vínculo entre las entidades financieras y los Estados -vínculo por la deuda soberana- no se deshace en unos meses, y quizás tampoco, en unos años.

El programa que intenta resolver el entuerto comienza en los próximos meses y se extenderá hasta el final de 2016, con prórrogas semestrales hasta 2017. El calendario parece ajustado, corto y escasamente flexible. Ahora sólo resta conocer el cómo se va a llevar a cabo la salida de la deuda de los balances, quién y quiénes comprarán el papel, precios y cantidades. Según las cifras de la EBA utilizadas para los test de estrés del año pasado, la exposición total de la banca europea a la deuda soberana superaba los 1,7 billones de euros, de los que un grupo de tres países formado por Alemania, Italia y España sumaban 1,2 billones de euros.

En el caso de la banca española, la hipótesis de recolocar la deuda soberana en sus balances, alcanzaría al 18% del PIB, superando con creces el capital de la propia banca española. Luego, parece que el problema tiene la entidad suficiente como para que el supervisor explique con diligencia y velocidad las fórmulas que piensa sugerir a sus supervisados. Porque a la vuelta de la esquina se encuentra otra fecha; la de Basilea III, cuya normativa CRR se recomienda que se vaya cumpliendo con antelación a su entrada en vigor.

El cambio de criterio normativo por el que la inversión de las entidades financieras en deuda soberana no tenía riesgo como tampoco consumía capital, ha pasado a la historia desde el momento en que las autoridades bancarias europeas han constatado la existencia de un riesgo cierto de impago por parte de varios países. Así que, lejos de considerar la deuda de los Estados libre de riesgo, estos han dejado muy claro que pueden llegar a quebrar, a impagar, de ahí el cambio normativo y de ahí la necesidad de recolocar la deuda soberana que pesa sobre los balances bancarios.

Si la solución pasa por dar al sector un calendario dilatado y flexible en el tiempo, hay que sospechar que la llegada del crédito al mercado no se va a producir con tanta celeridad como se pretende.

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