edición: 3070 , Martes, 20 octubre 2020
23/09/2020
banca 

Deutsche Bank planifica el cierre de 100 de sus 400 oficinas con el objetivo de aumentar su ahorro

La empresa negocia con los sindicatos 18.000 despidos acordados en 2019 en su plan de reestructuración
Carlos Schwartz
El primer banco de Alemania, Deutsche Bank, que se encuentra en un proceso de reestructuración desde el año pasado tras fracasar un intento de fusión con Commerzbank impulsado desde el gobierno de coalición por el ministro de economía, el social demócrata Olaf Scholz, anunció una nueva reducción de sucursales. El banco dijo que va a cerrar el 25% de sus sucursales actuales que son apenas 400 en territorio alemán. Estas son las que quedaron de un proceso de cierre de sucursales de 700 a 500 en una decisión anterior. El banco informó en el contexto de esta noticia que durante el pico de la pandemia las visitas de los clientes a las sucursales cayeron a cero, pero que además la dependencia respecto de las sucursales había bajado de forma significativa tras la crisis sanitaria con lo cual el nivel de sucursales actual no estaba justificado. El banco informó que la medida tenía además como objetivo reducir costes, es decir producir ahorros. El ejemplo es curioso porque Alemania es un país de 80 millones de habitantes, es decir el doble que España, donde un banco como Caixabank tiene en torno a 4.000 sucursales y oficinas, una cifra en línea con las del Santander, mientras que Bankia está entre 1700 y 2000 según las fuentes.
Sin duda la rutina de acudir a las sucursales de los bancos ha sido quebrada por la Covid-19 no sólo por el cierre por precaución al que acudieron los bancos, sino porque además la clientela bancaria se ha volcado en general a una vinculación remota con sus bancos. El problema desde luego está planteado en toda Europa, pero España es el país con mayor cantidad de sucursales bancarias por habitante. Esto no deja de ser un problema añadido a la crisis de empleo que se registra en nuestro país, pero la realidad es que los bancos en la encerrona de una fuerte caída de su rentabilidad, de lo que da cuenta la cotización de sus acciones, ha decidido recortar de dónde pueda y cargar donde le dejen. En su plan de reestructuración Deutsche Bank contempló el año pasado reducir la plantilla a escala global en 18.000 puestos de trabajo hasta 2022.

“En lo que respecta al asesoramiento de nuestros clientes, la sucursal ya no es más ni el punto central ni el único”, señaló en un correo electrónico a los empleados de la entidad el director de banca al por menor Philipp Gossow de acuerdo con fuentes periodísticas. Este es el fundamento con el que el ejecutivo anunció la decisión de optimizar la red de sucursales. El antecedente de esta medida es la decisión del competidor Commerzbank de no reabrir 200 oficinas cerradas en Alemania durante la pandemia. Los planes de reestructuración de Deutsche Bank son un intento desesperado por retornar a la rentabilidad y además de la reducción de plantilla incluyó una fuerte disminución del tamaño de su balance. También se decidió que se retirara en parte de las operaciones de banco de negocios que ha ocasionado serios reveses a la entidad, en especial en Estados Unidos. 

En el mercado alemán la banca comercial tiene una fuerte competencia por parte de las cajas de ahorros, las denominadas 'sparkassen' de propiedad municipal y los bancos con fuerte participación de los estados federales. La existencia de esta red de servicios bancarios con una orientación más social que la banca comercial privada, supone competidores que aplican menores costes a la clientela, lo cual debería necesariamente impulsar a los grandes bancos a su fusión. El fracaso de la fusión entre Deutsche y Commerz ha sido un serio revés para el Gobierno que tiene una participación significativa en el último tras acudir a su saneamiento a raíz de la crisis financiera desatada en 2008. La fusión fue diseñada como una llave para la recapitalización inevitable de las entidades fusionadas calculada en el entorno de los 10.000 millones de euros. 

La existencia de un accionista relevante común a las dos entidades, el fondo de inversión Cerberus, fue un factor de presión significativo en el intento de fusión que fue desechado con argumentos poco convincentes por parte del consejo de ambas entidades, que consideraron la posibilidad como una cortesía  hacia el ministro Scholz que no oculta su preocupación por el futuro de ambas entidades. Cerberus lanzó un feroz ataque contra el presidente de la entidad, Paul Achleitner, para forzar su dimisión pero no logró el apoyo de otros accionistas relevantes del banco.

Deutsche ya redujo sucursales en 2016 llevando el total de 700 a 500 oficinas con argumentos similares a los utilizados ahora. De acuerdo con Gossow la retirada se va a centrar en ciudades en las cuales el banco opera múltiples oficinas. El ejecutivo además de señalar que la clientela no acudía a las oficinas y manifestaba una clara preferencia por el acceso a los servicios bancarios por la vía digital, había dejado de manejar efectivo de forma habitual. Los medios de pago a través de tarjetas y teléfonos inteligentes se había extendido de forma significativa. Sin embargo, ninguno de estos argumentos encara un aspecto central de la entidad. Ha quedado claro con motivo del intento frustrado de fusión que la entidad, y seguramente también el Commerzbank, requieren una recapitalización. Mientras tanto tienen pendiente una verdadera limpieza del legado de la crisis y de las operaciones frustradas.

El banco acumula un fuerte volumen de operaciones de largo plazo como derivados fallidos que consumen capital y no producen ingresos pero pagan impuestos lo que está en la base de la baja rentabilidad del banco, que por añadidura se debe enfrentar ahora a un renovado riesgo de crédito. No hay muchas salidas a esta situación que no pasen por asumir pérdidas e incrementar capital, pero no con papel, es decir emisiones de bonos contingentes y otras formas de activos que asuman futuras pérdidas, sino con dinero de verdad.

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