edición: 2701 , Lunes, 22 abril 2019
18/03/2019
banca 

Deutsche y Commerz confirman que inician conversaciones para su fusión forzadas por el Gobierno

Todo parece indicar que tampoco se fía de ese proceso el Bundesbank
La combinación de los dos bancos crearía una entidad con activos por valor de 2 billones de euros cuyo coste de saneamiento es un misterio
Carlos Schwartz
La fuerte presión del Gobierno obligó a los consejos de Deutsche Bank y Commerzbank a explorar la posibilidad de una consolidación entre ambas entidades. La sistemática caída del precio de las acciones de la primera entidad del país, Deutsche Bank, el encarecimiento de sus costes de financiación y la perspectiva de una seria desaceleración de la economía de Alemania han vencido finalmente las resistencias de los principales accionistas de la entidad. Una pieza clave en esta presión ha sido el fondo de inversión Cerberus, presente en el capital de los dos bancos y con un contrato de consultoría con Deutsche en una rara combinación de accionista de referencia, cliente y asesor. Pero el problema de fondo es que el Gobierno, en el cual cohabitan las dos principales fuerzas políticas del país, la conservadora CDU y los socialistas del SPD, no cree en que haya una reestructuración exitosa. 
El Banco Central Europeo (BCE) ha dado un golpe de gracias a la cuenta de resultados de la banca en Europa la semana pasada cuando su presidente Mario Draghi anunció que mantendrá la compra de bonos como forma de inyectar liquidez al mercado.

Esta política es la que ha derribado los tipos de interés en Europa, llevados por el banco emisor del euro a territorio negativo. “En este escenario se ha complicado sobremanera la posibilidad para los bancos de obtener altos beneficios, que es lo único que permitiría al Deutsche impulsar su beneficio y su saneamiento. Un incremento de tipos de interés supondría aumentar su margen de intermediación y al mismo tiempo generaría una reactivación del negocio bancario. 

La caída del precio de las acciones del banco más grande de Alemania tiene muy preocupado al Gobierno en Berlín, pero este es sólo un síntoma que refleja la incapacidad del banco por generar un beneficio significativo. El retraso por parte de los dos bancos por hacer oficiales las conversaciones que ya se estaban desarrollando se debió a que Deutsche puso como condición para llevar adelante las conversaciones  que el Gobierno les comunicara de manera formal que apoyaría con dinero, si fuese necesario, el proceso de la fusión.

No hay ninguna garantía de que las conversaciones sean exitosas. Christian Sewing, el consejero delegado del Deutsche ha sido hasta ahora un firme adversario de esta consolidación y su cambio de parecer se debe, según algunas fuentes, al empeoramiento de la situación económica en la Unión Europea y al temor de que con ese telón de fondo la reestructuración del banco se empantane. 

Pero una cuestión clave en todo este proceso es que el Gobierno no cree en una reestructuración exitosa de DB. Todo parece indicar que tampoco se fía de ese proceso el Bundesbank. La reciente revelación por la prensa de un quebranto, ocultado durante muchos años por el Deutsche, vinculado a la caída en el precio de unos bonos municipales estadounidenses adquiridos en vísperas de la crisis financiera internacional, no ha hecho más que agudizar esta desconfianza. Este escepticismo ha desembocado en una presión creciente sobre ambas entidades, que el domingo dieron estado público a sus acuerdos para la negociación. 

Pero el hecho que el estado alemán tenga una participación del 15% en Commerzbank, hace que en una eventual fusión se mantenga como un accionista de referencia. En los hechos, si el saneamiento de los activos del Deutsche se complica porque surja un déficit de capital más severo de lo previsto, es previsible que quien aporte el dinero necesario para sanear la entidad sea el estado de manera directa o en avales. De tal suerte que la fusión entre el primer banco de Alemania y el segundo en ese mismo mercado, se puede convertir en la nacionalización de la entidad financiera más grande del país, porque si el estado acaba inyectando liquidez, eso se va a reflejar en un incremento de su participación… sobre esto no cabe la más mínima duda.

A más de 10 años del comienzo de la crisis financiera, y tras el evento de Lehman Brothers en 2008, toda la cháchara de que se debía eliminar el criterio de las entidades demasiado grandes como para quebrar, y el desarrollo de la política de bail-in, es decir que la crisis de la entidad la paguen los accionistas y los inversores, se insinúa como un gesto voluntarista por parte de los reguladores supranacionales. A la primera de cambio los castillos de naipes se derrumban. La combinación de los dos bancos crearía una entidad con activos por valor de 2 billones de euros cuyo coste de saneamiento es un misterio; y por cierto una de las pocas formas de saber si hay riesgos encubiertos como el de los bonos municipales, es estar en el consejo dotado de una participación accionaria significativa y con derecho de veto. 

Por ello la participación del estado en el Commerz es tan relevante. Le permitirá monitorizar de cerca lo que el Deutsche vaya soltando en las comisiones que se han creado para evaluar en cada frente de actividad bancaria las posibilidades de la fusión. De esta actividad deberá surgir una primera estimación de los recursos necesarios para el saneamiento de la fusión. El Gobierno ha disfrazado las implicaciones negativas de esta operación aduciendo que la política industrial de Alemania requiere un campeón nacional en la banca. 

Lo que queda claro es que Berlín tiene un problema serio de rentabilidad en sus dos primeros bancos, además de un lastre de ineficiencia y mala gestión en el tejido bancario del país en manos de los estados federales. Si Alemania entra en recesión y caen los ingresos de la industria exportadora la banca del país aumentará sus penurias. Una fusión de los dos grandes bancos será un signo de debilidad y no un éxito del sistema financiero alemán.

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