edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
23/03/2012

Dicen que Mourinho es el que hace más grande al Barça

Antonio Cubero
José Mourinho consiguió su propósito de que ayer se hablara más del árbitro Paradas Romero que del por qué el Real Madrid perdió, en El Madrigal, otros dos puntos que ahora le dejan en la clasificación con el Barcelona soplándole en el cogote a seis puntos, y cómo justificar una serie de partidos muy irregulares últimamente, en los que jugó con fuego ,a pesar de alzarse con la victoria, en Vallecas o el Benito Villamarín antes de empatar en el Bernabéu con el Málaga. 

Pero los seis puntos que son una notable ventaja, no parecen ser una renta suficiente para el Madrid, su díscolo técnico, un sector del madridismo y cierta prensa con camiseta madridista. Y es que, desde que perdiera la lejanía de los diez puntos de hace tres jornadas a los seis de ahora, pasando por los ocho antes del tropiezo frente al Málaga, al equipo blanco se le viene notando un cierto nerviosismo que no sólo se trasluce en su desquiciado comportamiento en el terreno de juego, sino también en una considerable pérdida de imagen para la institución y una vergonzosa desconsideración hacia sus seguidores al negarse a hablar tras el partido ante el Villarreal cuando la ocasión lo exigía a voces, había que dar la cara y no salir huyendo como los ladrones, los cobardes y los malos toreros.

El calendario, a falta de 30 puntos por disputarse, es como una pesada hipoteca que fustiga la atormentada mente de quien ante el Villarreal, antepenúltimo en la tabla, blinda a su equipo con el ‘trivote’ del miedo. Lo que resta del programa liguero es más benévolo, sobre el papel, para el Barcelona, y esto ha hecho mella en el estado anímico el portugués, que también se lo ha transmitido a su vestuario para, entre todo, convertir al Madrid en un equipo subterráneo en las formas de una correcta deportividad y estratosférico en el abuso de unos cuantos pecados capitales. Un Madrid que ha sembrado vientos y ya está empezando a recoger tempestades. Un Madrid que golea, convenciendo unas veces sí y otras no, o se autodestruye con los ojos cargados de ira olvidándose de jugar al fútbol. Un Madrid al que cada vez le sienta peor la digestión de los elogios al fútbol del Barcelona.

Mientras los goles de Leo Messi dieron la vuelta al planeta abriendo la boca de los adicionados, el Madrid exportaba la imagen nada ejemplar de su mal perder. Tanto es así que por los ambientes culés ya se dice que es Mourinho el que cada vez hace más grande al Barça. Toda una maldad que, sin embargo, debería ser motivo de reflexión para Florentino Pérez y su corte de aplaudidores.

Mourinho es el epicentro de la azarosa situación por la que atraviesa el Madrid: un bache en lo futbolístico y un profundo socavón en lo institucional. Pero tampoco es el único responsable. Lo es también quien le paga y quien le ha dado carta libre para hacer y deshacer a su caprichoso antojo cuanto le apetezca con tal de arrebatarle la hegemonía actual al Barcelona. Da igual como sea. Pero lo triste es que Mourinho se irá tarde o temprano (incluso Florentino Pérez, también) y el Real Madrid será quiejn herede el triste legado de que vaya donde vaya produzca hilaridad en vez de ser reverenciado por su grandeza como antaño. También se le pitaba, por supuesto, pero como producto de la envidia sana de tener enfrente a un equipo superior en todos los sentidos.

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