edición: 2615 , Jueves, 13 diciembre 2018
26/09/2018

Dimite el presidente del BCRA mientras el presidente y su equipo negocian con el FMI en Washington

Una decisión motivada por divergencias sobre la paridad peso-dólar que no sorprende al Gobierno
Carlos Schwartz
El presidente del Banco Central de Argentina (BCRA), Luis Caputo, anunció su dimisión mientras se desarrollaban las últimas movilizaciones en apoyo a una huelga general de 36 horas iniciada el lunes. Mientras tanto, el presidente Mauricio Macri se reunía con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde en un intento de aproximar posiciones y lanzaba desde allí un mensaje a Caputo el lunes al medio día, cuando se abrían los bancos en la plaza local: no debía intervenir en los mercados de cambios para moderar las fluctuaciones del peso ante el dólar. Lo cual quiere decir que esta es una dimisión “que no tomó por sorpresa al Gobierno”, tal como dijo el ministro de Economía argentino, también desde Estados Unidos, donde está con su equipo para negociar con el FMI una remodelación del paquete de asistencia al país anunciado hace ya meses, y cuya concreción todavía no se materializa. El Fondo admitió este mes que no fue capaz de prever los trastornos monetarios internacionales que acentuaron la crisis cambiaria de Argentina, provocando una devaluación del 40% en una jornada. La moneda del país se ha devaluado de 20 pesos por dólar a 40 pesos por dólar en cuestión de semanas, y el BCRA se dedicó a intervenir en el mercado para moderar las oscilaciones y frenar la seguidilla de devaluaciones, vendiendo dólares de forma directa o convocando alternativamente a licitaciones para la adjudicación de la divisa estadounidense. 
El FMI autorizó a regañadientes las ventas de dólares de las reservas centrales, sobre las que había pactado con el Gobierno que se mantendrían para garantizar el pago de los acreedores internacionales. Caputo, partidario de intervenir, prefirió actuar por su cuenta. Un actitud que ha molestado al jefe negociador para Argentina del FMI, el italiano Roberto Caldarelli. La estrategia del ex presidente del BCRA fue motivada, entre otras cosas, por su diseño de un plan para eliminar el gigantesco saldo vivo de las letras del banco central (Lebac). 

La estrategia de los inversores que lograban deshacerse de los Lebac, era adquirir dólares apostando a la devaluación, algo que ocurrió y les permitió generar un beneficio muy alto medido en la moneda local.
De acuerdo con fuentes de medios financieros en Buenos Aires, hace escasos días el ministro Dujovne solicitó a Caputo que cesara de intervenir en el mercado de cambios recordándole que él era el responsable de la negociación con el FMI. Fuentes próximas a Caputo afirman que este dijo: “Ni lo sueñes: prefiero pedirles perdón antes que pedirles permiso”. El FMI considera que el peso se debe dejar flotar libremente hasta que encuentre su punto de equilibrio, pero los políticos locales y los funcionarios del gobierno temen a las consecuencias inflacionistas de esta política de “sinceramiento” monetario, que ya ha colocado a la inflación del país en cotas temerarias.

El Gobierno ha nombrado a Guido Sandleris, un economista con una larga carrera en dos bancos centrales y en el FMI, para sustituir a Caputo. Todo parece indicar que para el FMI siempre es mejor tener un amigo fiable en un banco central que a un desconocido con iniciativas propias.

El comentario del portavoz del organismo multilateral, Gerry Rice, fue escueto: “Tomamos nota del anuncio hoy de los cambios en el BC de Argentina, y esperamos continuar nuestra estrecha y constructiva relación con el BCRA bajo la conducción de Guido Sandleris”. Sin embargo en los medios financieros y en los mercados de cambios la dimisión no fue bien recibida. Aunque, el motivo para esta fría recepción de la noticia parece ser algo no directamente vinculado a los hechos, pero que Caputo bien podría conocer. 

Las previsiones de los analistas financieros en Buenos Aires eran que el nuevo acuerdo con el organismo multilateral ampliaría los recursos destinados a Argentina en 20.000 millones de dólares. Pero filtraciones sin confirmar sugieren que la ampliación será de sólo 5.000 millones, llevando el total del paquete de asistencia financiera, mediante el mecanismo stand by, hasta los 55.000 millones en total. Mientras tanto las restricciones incluidas en las condiciones del primer acuerdo, que nunca llegó a ratificarse, seguirían en pie. Entre ellas la libre flotación del dólar y la aplicación de la linea de financiación exclusivamente para el cumplimiento de los compromisos con los acreedores internacionales.

Tras la noticia el peso cayó un 4% ante el dólar y el rendimiento del bono a 100 años subió 20 puntos básicos hasta el 9,33%. Vale la pena recordar que el mandato de Caputo duró tres meses, y que fue designado presidente del banco central tras la dimisión de su antecesor, Federico Sturzenegger, en junio. Nadie se atreve a apostar por el desenlace de la nueva gestión. Entre otras cosas porque la ”bomba de los Lebac” no se ha desactivado completamente y porque el endeudamiento interior del Banco Central con los bancos, las corporaciones y los fondos de inversión, sigue a través de otros activos en la medida que el Gobierno carece de ingresos fiscales suficientes como para atender las necesidades del gasto corriente. 

El Gobierno ha tomado algunas medidas de urgencia para intentar incrementar la recaudación del estado, algunas de las cuales contradicen sus propios compromisos electorales como las retenciones fiscales a las exportaciones. Ahora el gobierno ha anunciado un presupuesto general del estado con déficit cero, y los sindicatos se han echado a la calle. 

Mientras tanto los tipos de interés del BCRA siguen en el 60% anual como forma de impedir la fuga de capitales y atraer inversión. En cualquier caso los arduos equilibrios financieros argentinos son efímeros, como lo demuestra una operación  gestionada por el BCRA en la semana del 20 de septiembre. Entraron al Tesoro 900 millones de dólares para adquirir letras capitalizables en pesos con plazos de vencimiento de 4; 5,5 y 12 meses a tipos de interés del 50%, 48,9% y 42,7% nominal anual respectivamente. 

Con Sturzenegger se registró otra operación, inspirada por los mismo motivos, con la entrada de 3.000 millones de dólares aportados por Blackrock y Templeton a cambio de bonos del tesoro de alto rendimiento con vencimiento en 2023 y 2026 al 16% anual. La entrada de dinero coincidió con un fuerte vencimiento de Lebac en mayo pasado. Los plazos son cada vez más cortos y el interés más alto, pero en ambos casos son operaciones destinadas sólo a mejorar el escaparate de las reservas centrales, que es como el banco central computa esta deuda.

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