edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
07/01/2010
RSC

Dinamarca, un ejemplo para España en materia de Responsabilidad Social y flexiguridad laboral

Beatriz Lorenzo

Puede que no pierdan escalones, pero sus aristas están cada vez más desdibujadas. Las pirámides jerárquicas de las compañías se difuminan y pierden en rigidez -que no en voluntad de delegar el mando- y las estructuras organizacionales ganan en informalidad, abogando por la comunicación fluida y el brainstorming entre empleados y directivos. Desde que a finales de los 80 la ahora agonizante General Motors diera los primeros pasos como una de las pioneras de la comunicación entre stakeholders internos de la mano de Welch, esta corriente comenzó a introducirse tímidamente en la gestión empresarial mundial hasta su desarrollo más o menos exhaustivo en la época actual.

Aún así, queda mucho camino por recorrer y son muchas las compañías que todavía deben reciclar sus prácticas en Responsabilidad Social y actitud hacia sus empleados para llegar a ser actores de pleno derecho en el escenario productivo que se abre tras la crisis económica. En aras de promover mejoras en una de las áreas más controvertidas de la RSC, la flexiguridad laboral orientada a la mujer, el investigador Óscar García Agustín, doctor por la Universidad de la Rioja y la danesa Lise Rolandsen han realizado un estudio para la Fundación Alternativas basado en el modelo danés de flexiguridad laboral, para obtener medidas concretas que favorezcan el acceso de las mujeres al mercado laboral y la compatibilidad de la vida familiar y profesional.

La promoción de estas medidas es más que necesaria durante una época de recesión económica en la que, sólo en España, las cotas de paro femenino se dispararon durante 2009 hasta alcanzar un 19,4 el pasado mes de agosto. El conjunto de buenas prácticas que conforman el modelo danés pretende servir de inspiración y solución a este problema. Los horarios flexibles y las políticas respetuosas que imperan en las compañías danesas son un buen ejemplo a seguir en el caso de España. Y es que el modelo danés de flexiguridad es notorio por combinar la flexibilidad y la competitividad en el mercado laboral con un generoso sistema de prestaciones sociales. 

UN MODELO INSPIRADOR

Quizás el secreto de la firme implantación del modelo de flexiguridad laboral en la sociedad danesa radique en que no es interpretada únicamente como una herramienta para flexibilizar el mercado de trabajo, sino que se acompaña de políticas sociales destinadas a compensar la creciente incertidumbre laboral. Así, en Dinamarca la elevada política fiscal permite que las subvenciones por desempleo duren cuatro años y cubran el 90 por ciento del salario. Asimismo, en caso de agotar esta prestación, existe una asistencia universal de aproximadamente 1.200 euros mensuales para quienes carezcan de cualquier tipo de ingreso.

El modelo danés de flexiguridad ha demostrado también las bondades de la integración en el modelo de negocio de la igualdad de género como parte esencial de las políticas de recursos humanos de las compañías. El estudio apadrinado por la Fundación Alternativas llega a una conclusión similar: en España debe facilitarse la integración a tiempo completo y la igualdad de condiciones de las mujeres, incluyendo políticas de cuidado y un uso más flexible del tiempo. En este sentido, añaden que es necesaria una estrategia integral que combine la flexibilidad en el mercado laboral, la seguridad social y la necesidad de cobertura del cuidado de niños para fomentar la igualdad de género en el mercado laboral. En comparación con la situación danesa, en España las medidas de conciliación de la vida familiar y laboral están todavía en pañales. Las medidas para conseguir la reconciliación de la vida laboral y familiar deberían centrarse no sólo en el derecho de la madre a trabajar sino también en el derecho de la mujer a disponer de su propio tiempo y de autonomía económica. Asimismo, son fundamentales las campañas y las medidas para incluir la responsabilidad del padre en relación con el cuidado y con los permisos de paternidad.

La formación continua, la seguridad laboral y la mayor cobertura del desempleo son otros de los factores que merecen mayor atención en el mercado laboral español. Además, los autores del estudio insisten en que la financiación de la maternidad y la paternidad deberían repartirse entre empresas e instituciones ya que el coste no debe ser excesivo para los empleadores En Dinamarca los padres reciben un cheque-bebé de 550 euros trimestrales por cada niño entre 0 y 2 años; la cuantía se va reduciendo gradualmente hasta los 17 años. Consideran también, en último lugar, que han de implantarse esquemas de cuidado universal, financiados por Ayuntamientos y Comunidades Autónomas, a través de los cuales los cuidadores se hagan cargo de un número reducido de niños en sus propias casas. Este sistema, además de contribuir a la creación de empleo, frenaría la creciente tendencia en España a implantar guarderías sin ningún tipo de regulación ni calidad.

UNA RSC REGULADA

La flexiguridad laboral no es el único aspecto de la Responsabilidad Social Corporativa en que Dinamarca puede dar ejemplo al resto de Europa. El pasado año, en estas mismas fechas, el país nórdico adoptó una ley mediante la cuál se requería a las compañías más grandes del país a divulgar sus esfuerzos corporativos de responsabilidad social. La ley, aprobada por una gran mayoría del parlamento danés, hizo obligatorio para las compañías públicas y privadas, así como para los inversores públicos, la inclusión de información sobre RSC en sus reportes financieros anuales. Tomó cuerpo de este modo, de forma casi pionera en Europa- algo similar ha tenido lugar solamente en Francia y Gran Bretaña- la tan debatida cuestión de la regulación de la RSC, polémica donde las haya, defendida por organismos internacionales del calibre de Naciones Unidas, que aboga incluso por su obligatoriedad, y denostada por la mayor parte de las compañías que, por principio, siguen negándose a asumir una regulación que-presumen-pondrá coto a algo tan intrínseco a su “core business” como los planes de gestión estratégica.

Por el contrario, en el caso de Dinamarca, los informes y memorias de las compañías están obligados a incluir las políticas de la compañía sobre RSC o sus inversiones socialmente responsables, la forma en que tales políticas se aplican en la práctica y los resultados obtenidos, así como las expectativas de las gerencias para el futuro con respecto a la RSC y su inversión. Y, aunque la RSC sigue siendo voluntaria en Dinamarca, así como la forma en que las compañías se comprometen a ella, de un marco tan perfilado a la obligatoriedad puede que no queden sino unos pocos pasos.

Y a pesar del debate que innegablemente se genera entorno a la intervención o no intervención del Estado en estos casos, el caso danés entraña aspectos muy positivos: alentar a las empresas a comprometerse con la RSC de una forma real, tangible, alejada del marketing y del maquillaje corporativo y conseguir implementar uno de los valores más demandados y más difíciles de conseguir en el escenario económico: la transparencia. Claramente, lejos están todavía del modelo danés los tibios intentos del Consejo Estatal de Responsabilidad Social, con un papel asesor y consultivo.

No debe olvidarse tampoco que para muchos expertos el problema de la frágil implantación de la RSC en el escenario económico de muchos países europeos- España, sin ir más lejos-radica precisamente en su carácter de “soft low”, supeditado a la buena voluntad de sus gestores. Mientras que para sus detractores, el hecho de regular en demasíe el entorno de la Responsabilidad Social atenta contra su propia naturaleza jurídica, contra el concepto mismo de compromiso recogido en la propia palabra ( re-spondere), para otros es requisito inexcusable para vencer el cortoplacismo, para comunicarse de forma eficaz con los stakeholders y para comenzar a cultivar de nuevo, en suma, el yermo territorio en que se ha convertido el panorama productivo europeo tras la crisis. El debate está sobre la mesa y las exigencias sociales y económicas serán probablemente, como en muchas otras ocasiones, las que inclinen la balanza en una u otra dirección.

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