edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
19/06/2015

España se convierte en mercado refugio de capitales con urgencia

Antes de que suban los tipos en EE UU, las fortunas salen de Latinoamérica, mientras empresas árabes y chinas buscan diversificar sus inversiones
Juan José González
Como si de una conjunción planetaria se tratase, la inversión en el mercado español pinta un escenario optimista. Precios de las materias primas a la baja, Latinoamérica creciendo por debajo del 1% y sin consumo. El telón de fondo es la esperada subida de los tipos de interés en Norteamérica aunque sin precisar en el tiempo. Las fortunas y empresas de aquel continente buscan alternativas y detectan que el mercado español, además de la afinidad cultural, es una plataforma ideal para el resto del continente, crece su economía y les favorece el tipo de cambio euro/dólar. En el mercado local, España, parece haber gran receptividad a la llegada de inversores de cualquier parte del planeta. Por diferentes motivos, alemanes, árabes y chinos también buscan lo mismo: comprar.
Las expectativas de bajo crecimiento de las economías de Latinoamérica están propiciando una salida, en muchos casos huida, de empresas y fortunas hacia zonas de crecimiento económico. Desde principios de 2014 la principal llegada de dinero a España tiene su punto de partida en aquella zona. Se refugia el capital en el mercado español porque además de las expectativas de bajo crecimiento económico, incluso negativo en las principales potencias de la zona, el FMI confirma que entrarán en una fase complicada de desarrollo. Los inversores del continente, sin embargo, están pendientes cada vez más de la subida de los tipos de interés en Estados Unidos, y no quieren esperar a que se produzca; saben que deben abandonar el barco antes de que se hunda porque el consumo se frenará en seco.

Por distintas razones, los inversores se vienen fijando en el mercado español desde hace dos años, pero con mayor intensidad en los últimos doce meses. Los fondos extranjeros fueron los protagonistas en las inversiones del pasado año, favorecidas por los tipos de interés tan bajos. Norteamericanos y otros inversores del área del dólar, han sido los más activos en sus compras. Lo hacen con desembolso de capital como a través de deuda. Hay compradores para todos los gustos, pero los europeos tienen a valorar de las empresas españolas el marco laboral, la flexibilidad y la fiscalidad, menos exigentes frente a otros competidores. En términos generales, los inversores no encuentran grandes dificultades para las compras dado su abundante stock de liquidez, de efectivo que no puede estar sin movimiento en un balance.

Vienen los árabes con gran capacidad de compra, fuerte volumen de liquidez como también con elevada urgencia. Apremiados por la presión de la diversificación de sus inversiones en todo el planeta. Valoran la seguridad jurídica del mercado español y de algún lazo cultural lejano en el tiempo. Se sienten atraídos por el mercado español. Buscan actividades productivas, son muy selectivos y analíticos con lo que desean comprar. Pero tienen prisa por cerrar operaciones de gran tamaño porque, entre otras razones, necesitan dividendos para vivir y un recambio eficaz que asegure el final de la vida del petróleo.

El ahorro desborda cualquier banco en China, uno de los motivos de su tenacidad en adquirir compañías cotizadas. Pero su propio mercado es inestable; les resulta inseguro y optan por diversificar inversiones en Europa, que al igual que el inversor árabe valoran por su seguridad. La corriente compradora es, por tanto, una buena oportunidad para las compañías españolas endeudadas en el presente pero también con posibilidades de crecimiento futuro.

En este mercado animado y convulso, receptivo a inversores de cualquier lugar del mundo, la actividad fabril de las `big four´ (consultoras y auditoras) y el batallón de pequeños intermediarios en operaciones de compra-venta de empresas, viven con euforia la coyuntura de llegada de liquidez al mercado español. El movimiento inversor también debe ser aprovechado por los vendedores locales para dar entrada a posibles socios de futuro. Pero en cualquier caso deberán evitar la venta fácil y rápida, tirar los precios, porque, entre malvender y entregar la empresa sin resistencia al primer `Forbes´ que llama a la puerta, siempre hay diferencias.

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