edición: 2574 , Lunes, 15 octubre 2018
05/03/2010
OBSERVATORIO DE PATENTES Y MARCAS

Diseño y buenas formas

PONS PATENTES Y MARCAS
Todo es diseño a nuestro alrededor. Los objetos más comunes -una cafetera, un perchero, una silla…- ya no se limitan a cumplir una mera función utilitaria, sino que van más allá: apelan directamente a nuestras emociones y experiencias para dar satisfacción a una serie de necesidades cotidianas que influyen en nuestro bienestar y calidad de vida.

Y es que, en un mercado saturado por la amplia oferta de productos (y servicios), las empresas no compiten por coste, porque sólo una puede producir más barato, sino por calidad y diseño. Es el diseño lo que les permite destacarse y llamar la atención del consumidor, y lo que hace que nosotros  nos “enamoremos” de las cosas, en definitiva, las deseemos, las compremos y repitamos. Por ello, las empresas pioneras en diseño siguen de cerca los gustos y tendencias de los clientes para ofrecerles productos nuevos y más atractivos, y en esa capacidad innovadora reside su éxito.

El diseño cumple hoy un papel a caballo entre el arte y el comercio, y por ello está estrechamente vinculado a la innovación y el desarrollo económico. Es precisamente esa doble condición de artístico e industrial lo que hace merecer al diseño una doble protección legal: tanto en la Ley de Propiedad Intelectual como en la Ley de Protección Jurídica del Diseño Industrial se reconoce que los derechos de autor son independientes, compatibles y acumulables con los derechos de propiedad industrial que puedan existir sobre la obra, de forma que un diseño puede quedar protegido por Propiedad Intelectual, es decir, como creación artística, y, a la vez, por Propiedad Industrial, entendido como la apariencia de la totalidad o de una parte de un producto, que se derive de las características de, en particular, las líneas, contornos, colores, forma, textura o materiales del producto en sí o de su ornamentación.

Las diferencias entre uno y otro tipo de protección residen en los requisitos exigidos: nivel artístico en el caso de la Propiedad Intelectual, frente a la novedad y carácter original de la Propiedad Industrial, así como en el tiempo de duración de uno y otro: 70 años tras la muerte del autor, y un máximo de 25 para el diseño industrial. También son muy diferentes las exigencias formales establecidas para obtener protección, pues si para el nacimiento de los derechos de autor sobre una obra, basta con su mera creación, el derecho sobre un diseño industrial se obtiene por el registro efectuado en la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Centrándonos en el análisis del diseño industrial, como elemento de innovación formal que recae sobre las características de apariencia de un producto o su ornamentación, y que contribuye a aumentar su valor de mercado, tanto la Ley española como el Reglamento comunitario exigen el cumplimiento de dos condiciones:

• Novedad, en el sentido de que el diseño no se haya hecho accesible al público en forma idéntica o cuasi idéntica, antes de la fecha de su solicitud, entendiendo que un diseño no se ha divulgado cuando no haya podido ser razonablemente conocido en el curso normal de los negocios por los círculos especializados del sector de que se trate, que operen en la Unión Europea.

• Carácter singular: implica que la impresión general que produzca un diseño en el usuario informado difiera de la impresión general producida en dicho usuario por cualquier otro diseño que haya sido hecho accesible al público antes de la fecha de presentación de la solicitud, y, todo ello, teniendo en cuenta el grado de libertad del autor para desarrollar el diseño. En un diseño puramente ornamental, la libertad de creación es absoluta, sin embargo, en un diseño funcional es preciso atender también a la función que ha de cumplir el objeto: un zapato ha de acoplarse al pie y una chaqueta ha de llevar necesariamente unas mangas, pero mientras haya un margen de libertad para la creación, esa forma podrá protegerse como diseño industrial.

Estos conceptos, en cualquier caso, no tienen un significado unívoco, y, por tanto, en última instancia, habrá de ser un juez, auxiliado por peritos, el que valore si la apariencia de un objeto resulta ser una copia, o simple inspiración de otro.

Además, la normativa tiene en cuenta que hay determinados sectores industriales con alto componente de diseño, que periódicamente sacan al mercado modelos u ornamentaciones que no siempre obtienen los resultados comerciales que se esperan. Por este motivo, ha previsto lo que se conoce como “año de gracia”, un periodo de 12 meses desde que se divulga un diseño, durante los cuales puede estar en el mercado sin perder su carácter novedoso,  y así poder valorar la conveniencia de invertir en su registro,  en función de su éxito y volumen de ventas, una vez finalizado este plazo.

También pensando en sectores de diseño efímero, como sucede con el de la moda, textil, accesorios…, que lanzan y renuevan frecuentemente sus colecciones, se introduce la figura del diseño no registrado, que protege las creaciones por un plazo de tres años desde su puesta en el mercado sin necesidad de registrar ni cumplimentar ningún tipo de formalidad administrativa. En este caso, la protección es más limitada, pues sólo podría ejercitarse frente a las copias idénticas.

Para poder ejercitar plenamente las acciones legales previstas por la Ley, es preciso, en cambio, tener debidamente inscritos los derechos, bien en la Oficina Española de Patentes y Marcas, si nuestro mercado es el nacional, bien en la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI) con validez en todo el territorio de la Unión Europea, o bien utilizar el Sistema de la Haya para el Registro Internacional de Diseños Industriales, además de la posibilidad de registrar individualmente en los países que interesen a cada empresa. Sólo así el titular tendrá derecho a impedir a cualquier tercero la fabricación, oferta, comercialización, importación, exportación o el uso de un producto que incorpore el diseño, así como su almacenamiento para alguno de estos fines.

A menudo escuchamos aquello de que “total, le cambian dos detallitos y ya es diferente”, y esta mala información hace que muchas empresas sean reacias a proteger sus diseños, pensando que poca utilidad van a tener. Sin embargo, la normativa ofrece soluciones para los creativos que realizan un esfuerzo de diseño e innovación ofreciendo productos nuevos y singulares, poniendo en sus manos los instrumentos legales para hacer frente a copias e imitaciones que no sólo afectan a una empresa, sino que desincentivan la imaginación y el esfuerzo creativo en general.

Por ello, esta no es sólo una tarea de cada empresa defendiendo sus intereses, sino un compromiso de Administraciones y colectivos por crear una conciencia activa en contra de la falsificación, y un esfuerzo de los consumidores por desacreditar y desmerecer a todos aquellos que se lucran del esfuerzo ajeno.

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