edición: 2657 , Viernes, 15 febrero 2019
08/07/2015
grecia 
La puerta de salida

Grecia acaricia la `solución islandesa´, impago de deuda y regreso al dracma

La salida temporal del euro, buena también para Europa y para el euro
Juan José González
Sucede cada vez que la crisis golpea con fuerza a un socio de la Unión: rebrota el debate sobre la conveniencia de estar dentro o fuera de la moneda única europea. La discusión comienza en el área política y pasa a continuación al terreno más técnico de las `tecnicálitis´ monetarias. Sucedió en Islandia, primera víctima de la crisis, en Polonia, Bulgaria y en Portugal. En el país vecino, allá por mayo de 2013, el libro más vendido, incluso superando a los best sellers del momento, respondía al título de "Por qué debemos abandonar el euro". Su autor, Joäo Ferreira do Amaral mantenía las tesis del Partido Comunista portugués, partidario de un referéndum sobre la moneda única y la Unión Europea. La situación de Grecia ha recuperado ese debate, de ahí que sus políticos hayan comenzado por convocar un referéndum como paso previo a provocar la ruptura con la Unión Europea, recuperar la moneda local y suspender el pago de la deuda, es decir, como en Islandia. Aunque para ser fiel a este modelo, deban meter en la cárcel a los anteriores jefes de gobierno y a los banqueros, como en Islandia.
Reconocía el autor que el país no se lo había pensado bien cuando su gobierno decidió adoptar la moneda común. Subyacía una idea clara de arrepentimiento por la pertenencia a un sistema que, entendía el autor, les había hundido tanto o más que la gestión de su gobierno. No fueron los únicos en darle vueltas a la idea; otros lo pensaron antes y a fondo, caso de Polonia, que aún no se decide y cuyo debate al respecto pospone una y otra vez (ahora hasta 2020) o Bulgaria, que todavía ni le ha puesto fecha.

Y el debate ha regresado (si es que alguna vez se ha ido) al gran campus de la política, de la economía y de la calle de Europa. La moneda común ha mostrado su cara más amarga, el rigor de ser el yugo empleado por las instituciones para mantener la disciplina económica. Un razonamiento que ha empujado a varios de los gobiernos europeos a una situación de recelo permanente hacia la moneda común. En este sentido se recuerda el caso de la considerada primera víctima de la crisis financiera, Islandia, cuyo gobierno decidió en su día aplicar una receta considerada por los economistas más heterodoxos como radicales, llamando la atención del resto del mundo.

Por radical entendieron la actitud de los gobernantes locales de no seguir negociando con la Eurozona para la entrada en el sistema de la moneda única. Optaron entonces por dejar a un lado las medidas de austeridad, apoyar el crecimiento de la economía con estímulos a las empresas y a las familias, dejaron de pagar la deuda externa, en el 100% del PIB, y llevar a la cárcel a banqueros y al ex primer ministro que provocó la quiebra. El experimento resultó viable si bien pasó un tiempo de dudas y recelos de la comunidad internacional, en especial del capital inversor. Finalmente, la experiencia limpió las cuentas públicas, con el crecimiento económico se reinició el pago de la deuda externa y regresaron a la isla confianza y capitales.

Pero ahora la tentación tiene el nombre de Grecia y el libro, quizás también futuro best seller y aún no escrito, autor en Alexis Tsipras o Yanis Varoufakis. El modelo de Islandia es difícilmente aplicable al caso griego, entre otras razones porque Islandia no está integrada en la Unión Europea, sí bien tiene un estatus singular, en algunos aspectos, es similar al de otros países miembros. Las diferencias entre ambos son notables en todos los aspectos, lo cual no parece haber sido un inconveniente para que los negociadores griegos hayan intentado seguir las recetas de los islandeses.

Por qué no prevé el sistema de la moneda única una salida temporal del euro como prevención ante una situación de inestabilidad monetaria, como sería el caso de Grecia en el último medio año? Es probable que una economía del tamaño de la helena lograra su recuperación e incluso en un plazo razonablemente corto si regresara a su divisa originaria, el dracma. Sería una forma de limitar la depreciación de los activos griegos y aislar su impacto en la resto de la zona euro. Por eso, el abandono temporal -tres o cinco años- de la disciplina del euro, permitiría una rápida adaptación de los activos a los precios del mercado y produciría unos efectos inmediatos en la recuperación de la económica griega.

La solución técnica a la depreciación monetaria, ya habría sido propuesta en su día por el FMI para otros países del euro como Irlanda y otros fuera del euro como Islandia. Lo que está claro es que si el experimento monetario funciona y produce los efectos deseados, el problema de Grecia dejaría de serlo en pocos años -y no en décadas como amenaza- y además sería un buen precedente, ese `plan b´ que llevan buscando los responsables de la troika desde hace más de un año.

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