División de opiniones en el Ejecutivo sobre cómo
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
16/12/2009
El Gobierno le da vueltas a la idea del ‘consumo patrio’ de Sebastián

División de opiniones en el Ejecutivo sobre cómo relanzar el consumo

A Alemania no le salió mal el uso de una pequeña dosis de proteccionismo
Juan José González

Nuevo enfrentamiento de carteras. En esta ocasión, la de Sebastián choca con la de Salgado, y van… La vicepresidenta comienza a estar un poco harta de la insistencia de las teorías de Perogrullo del ministro de Industria, Turismo y Comercio, que en esta oportunidad redobla su propuesta de ‘nacionalismo económico’ lanzada pocos meses después de coger la cartera ministerial. Porfía Sebastián, y lo hace nada menos que sobre la mesa del Consejo de Ministros, insistiendo en que para reanimar el consumo y que no caiga el empleo, la solución pasa por el impulso del “factor español”, que el mismo ministro define como “ese factor adicional al precio, ahorro, renta y calidad que deben poner los ciudadanos de un país –España, sin ir más lejos- y que se traduce en el ya conocido spot de “compre usted productos españoles”. Y la ministra de Economía, y además vicepresidenta 2ª, conmina al de Industria a que se centre en su negociado y le deje a ella, a su cartera, la responsabilidad de animar el consumo, el público y el privado. Una discusión en la que llegan a enredarse hasta cinco ministros. Y todo por el ‘factor español’.

Lo peor de este nuevo enfrentamiento entre ministro y vicepresidenta 2ª, es que el asunto del ‘factor español’ hace dudar al presidente del Ejecutivo, debilidad que aprovecha Sebastián para intentar ‘colar’ su teoría. Pero desde Economía las teorías de Sebastián son consideradas como “bofetadas intelectuales con un mínimo efecto sobre el déficit exterior y poco más”, y le recuerdan al presidente del Gobierno que haga memoria, y que recuerde que en la reunión de noviembre de 2008 del G-20 se acordó, sin falta de negociación alguna, dejar abiertas las puertas –puertos y aeropuertos- para facilitar, y en ningún caso obstaculizar, al comercio internacional. Pero al Ejecutivo español le hace dudar la postura que tras aquella reunión de noviembre adoptó Angela Merkel. Dudan porque la Canciller alemana se saltó aquel acuerdo, algo que se considera mal hecho, pero cuyos efectos beneficiosos se están revelando ahora en forma de recuperación de empleo, producción y reducción de deuda y, sobre todo de recuperación del consumo.

El caso es que el Gobierno le sigue dando vueltas a la idea de Sebastián, pensando que igual no es mala, porque en estas circunstancias cualquier cosa o factor que anime, impulse o motive el consumo, bienvenido sea. Pero antes que nada, decir, que la idea del ministro de Industria, Turismo y Comercio, no se le ocurre a él en esos recuentos particulares entre bombilla y bombilla, sino que a nada que se le eche un vistazo a los manuales de primero de carrera, nos presentan a Frederic Bastiat, economista de hace dos siglos, que no llegó a convencer a muchos Gobiernos sobre el error y los males económicos del proteccionismo.

Todavía se recuerda, sobre todo en las agencias de viaje, las cuentas de la vieja de Sebastián: “si cada español sustituye el consumo de 150 euros en productos extranjeros por productos españoles, se destruirían 120.000 puestos de trabajo menos”; y nos daba una pista –de esquí-: “mejor ir a Sierra Nevada que a los Alpes”. Igual, después de todo, tiene razón, aunque no es lo mismo hacer más turismo en España que modificar el hábito de viajar al extranjero para, por ejemplo, conocer otras culturas.

Lo cierto es que Sebastián, amigo de los spots comerciales, del marketing, de las cuentas de la vieja y de los cantos de sirena, aunque insiste en potenciar “el consumo de lo español”, no esta proponiendo una variante de proteccionismo a la antigua usanza, pues no se hace mención a ningún gravamen sobre las importaciones. La idea del ministro, o se parece mucho a ese proteccionismo –que es lo malo del asunto- o en realidad la tesis de Bastiat no está bien recogida o asimilada, porque lo que éste economista mantenía, en la Francia de 1860, era que un país debería aprovechar y especializarse en lo que mejor pudiera fabricar y así intercambiarlo –exportarlo- con otros países. Así que Sebastián, además de no coger bien la idea de aquel ilustrado francés, no parece haberse dado cuenta que, en el fondo, lo que quería decir Bastiat es que, si hacemos lo que mejor sabemos hacer, lo haremos con menores costes, es decir, seremos más competitivos. Y para ser más competitivos, Zapatero y Salgado tienen otros planes, aunque primero deberán poner más énfasis en recuperar la confianza de los consumidores.

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