edición: 2739 , Viernes, 14 junio 2019
22/12/2011

Dos presidentes para un Congo, de nuevo al borde de la guerra

Pedro González
Joseph Kabila juró el martes su cargo de presidente de la República Democrática del Congo por un nuevo periodo de cinco años. El líder opositor, Etienne Tshisekedi, no acepta los resultados oficiales de las elecciones y se dispone también él a jurar este viernes como titular del mismo cargo. Se produce por lo tanto en Congo la misma situación que la  registrada hace unos meses en Costa de Marfil, resuelta finalmente por las tropas francesas estacionadas en las bases desde las que siguen ejerciendo su protectorado pese a los muchos años transcurridos desde la independencia.

La República Democrática del Congo, un país tan grande como toda Europa Occidental, sigue en permanente convulsión desde la desaparición del dictador Mobutu Sese Seko. Laurent Kabila, padre del actual presidente, hubo de hacer frente después, y hasta su asesinato por su propio guardaespaldas, a la guerra desencadenada en la parte oriental del país, la que hace frontera con Ruanda y Uganda. Una conflagración de la que nadie o muy pocos hablaron en Europa o Estados Unidos, pese a saldarse con más de cinco millones de muertos y la mayor concentración de refugiados de la historia.

Aquella segunda guerra del Congo –la primera se produjo a raíz de la independencia y el intento secesionista de la región de Katanga-, se prolongó entre 1998 y 2003, saldada finalmente con un precario acuerdo de paz, garantizado teóricamente por la presencia de 22.000 cascos azules de Naciones Unidas.

Las causas reales que originaron aquel conflicto no han desaparecido todavía. En la zona oriental del Congo, en la región de Kivu, se encuentran las mayores reservas del mundo de coltán, abreviatura de columbita y tantalita, imprescindible para la fabricación de microchips de nueva generación, los que alimentan las baterías de larga duración de teléfonos móviles, videojuegos y portátiles. El 80% de la producción mundial de coltán está en esta región, saqueada precisamente por Ruanda y Uganda durante la guerra, con la complicidad evidente de numerosas empresas europeas y americanas. De hecho, 34 compañías extranjeras (27 occidentales) fueron incluidas en la lista negra de las importadoras de “coltán manchado de sangre”, e incluso la extinguida compañía aérea belga Sabena (hoy Brussels Airlines) fue obligada a suspender sus cargamentos de dicho mineral desde Kigali a Bruselas, lo que no impediría la apertura de otras rutas para el transporte del mineral, camuflado como procedente de Brasil o Thailandia, dos de los otros grandes productores (Australia es el tercero) de coltán en el mundo.

Ahora la Corte Suprema de Justicia de Kinshasa ha confirmado los resultados oficiales de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 28 de noviembre. Según tales datos, firmados por la Comisión Electoral Independiente, Joseph Kabila habría obtenido el 48,95% con sus 8,8 millones de votos frente al 32,33 % de su máximo rival, Etienne Tshisekedi. Sin embargo, éste esgrime parecidos argumentos a los de las cancillerías europeas y de Estados Unidos, que cuestionan seriamente el desarrollo de tales comicios. Gran parte de los observadores internacionales descalifican el proceso de recogida de datos, por lo que estiman “poco creíbles” los resultados finales. Así, desde la misma noche electoral los dos principales contendientes se proclamaron vencedores, provocando a partir de entonces graves enfrentamientos entre sus respectivos partidarios.

La escalada de incidentes ha llevado a que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Alain Juppé, califique de “explosiva” la situación en el país, al tiempo que llamaba a todas las organizaciones regionales de la Unión Africana para que incrementen la presión sobre los responsables políticos congoleños.

Si ninguno de los dos “presidentes” cede, cabe temer un recrudecimiento de la tensión, sin descartar una nueva guerra en un país que dispone, junto con Sudáfrica, de gigantescas reservas minerales en diamantes, oro, cobalto, zinc y estaño, además del preciado y codiciado coltán, riqueza maldita en la medida en que la República Democrática del Congo es actualmente el segundo país más pobre del continente africano, con un PIB per cápita de apenas 300 dólares. 

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