edición: 2977 , Viernes, 29 mayo 2020
18/02/2016
Mensaje urgente del BCE

Draghi arenga a los Gobiernos a gastar más y a bajar impuestos

Los aspirantes a gestionar el presupuesto español parecen estar en línea con el primero objetivo y con matices en el segundo
Juan José González
Los mercados viven descolocados por un exceso de variables fuera del control de las autoridades, y el barullo de tantos y de tan explosivos elementos sirve de alimento para los mensajes más catastrofistas, de los que se aprovechan los más arriesgados inversores. En medio de la desorganización de los mercados organizados, surgió este martes la opinión del presidente del BCE, Mario Draghi, que en explicación a la audiencia concentrada en el Parlamento explicó la política monetaria que hay y la que debería haber a partir de ahora, y desentrañó la forma de combatir las turbulencias financieras, base del desasosiego y desarreglos de los mercados organizados. La intervención de Draghi ya es, en sí misma, una señal evidente de la gravedad de la coyuntura, de la acefalia de políticos y gestores económicos que ahora pretende ser atajada y reconducida con un cambio del mensaje: "más gasto público y menos impuestos para crecer". En dos semanas se verán los estímulos prometidos para acabar con las turbulencias.
A pesar de que el presidente del BCE continúa haciendo hincapié en su ya célebre mensaje (patentado en 2012) de "haré lo que sea necesario, y créanme, será suficiente", la primera autoridad bancaria de la Unión Europea demanda con fuerza la implicación de los Gobiernos en un cambio de actitud para resolver los problemas de bloqueo que sufre la economía europea. Tan sencillo como invitar a los países "más saneados" a que se animen a invertir, que "utilicen" sus presupuestos para "superar la anemia" económica de la eurozona y que, de paso, relajen su "excesiva" presión fiscal.

La novedad del mensaje, en concreto, de dos elementos del discurso, confirman el cambio de política monetaria, si no completo, sí bastante revelador (y relevante) en la gestión de los estímulos para animar la economía, en concreto, para animar la demanda interna. Además de lo novedoso, el mensaje transmite frustración (en parte reconocida por Draghi) pero sobre todo irradia urgencia e inquietud envueltas en cierta dosis de nerviosismo disimulado. En resumen, los Gobiernos deben aplicarse más y con intensidad en la tarea pendiente y ahora urgente  de invertir, gastar y todo ello sin restar capacidad de renta  los consumidores ("bajar la imposición", dice).

Parece tratarse de un cambio de tendencia en la política monetaria como estímulo en solitario para animar la economía en el período de estos últimos cuatro años. Es también un reconocimiento del fracaso propio y personal de un objetivo que no ha sido alcanzado en este período, como es situar la inflación en el 2%, una meta que probablemente no llegará ni a medio plazo a las economías de los países miembros de la Unión. En esta dirección se orientarán, seguramente, las medidas de estímulo que puede aprobar el BCE en su próxima reunión el 10 de marzo.

Los mercados organizados, sumidos en su desorganización, han acogido bien las palabras de Draghi. Interpretan un cambio de actitud en la gestión política de la crisis, pero, al mismo tiempo, no despejan una duda básica: ¿cómo combinar las recomendaciones del BCE sobre déficits presupuestarios y el llamamiento, por otro lado, a los Gobiernos para que utilicen los presupuestos nacionales para invertir y gastar recursos en el impulso de la economía? 

La respuesta se encuentra en que los mensajes del BCE van dirigidos, casi en exclusiva, y en primera instancia, a los países de la eurozona más saneados, lo que limita sobremanera el alcance de las peticiones de Draghi. Quizá debería haber señalado directamente las economías que considera más saneadas para evitar dudas o amplias e interesadas interpretaciones, pues se trata de un mensaje tan esperado como deseado por el grupo de gobernantes más perjudicados (y más de uno hundido) por las políticas de austeridad de los últimos años. El cambio en los mensajes del BCE, al menos, el relativo a que los Gobiernos gasten más, parece estar muy en línea con casi todos los aspirantes a gestionar el presupuesto español de los próximos años. El de bajar la imposición no está tan claro.

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