edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
24/06/2019
banca 
Insufrible crisis permanente del segundo banco español

Dudas sobre el respaldo del consejo de administración de BBVA a su presidente Torres

El banco esta cocado, no controla la crisis y la posición del presidente está sometida a la suerte jurídica de FG, por eso no se descarta su salida del banco
Juan José González
Se sabe que desde la llegada de Francisco González a la presidencia del BBVA, es éste un banco sin estrategia definida, sin horizonte de largo plazo, sin plan de futuro que le permita un lugar de dominio, aunque sea compartido, en un sector que como el bancario se caracteriza por su creciente y agobiante competencia. No es habitual, si se exceptúa el calvario Banesto en tiempos de Mario Conde, aguas tan turbulentas fluyendo a diario en uno de los grandes, situación compleja e incómoda donde es difícil trabajar, con la alta dirección a la espera de novedades y un consejo de administración que reflexiona aprovechando los tiempos muertos -desde enero del presente ejercicio- sobre un futuro incierto en espera de buenas nuevas. Pero el banco de Carlos Torres, sucesor y heredero de Francisco González, con una sucesión y patrimonio envenenados, va camino de convertirse en el funeral de la entidad con su hoy presidente Torres. Los tiempos para el banco azul parecen estar marcados por el destino, por la resaca de la envenenada herencia. Pareciera que son tiempos de responso, cercanos a las exequias. Un drama para el -y en el- segundo banco del sistema financiero español con una presencia internacional que hoy día destaca por hacer frente a tres problemas: la crisis en México, la crisis en Turquía y la crisis reputacional con el caso Villarejo en el mercado local español.
A Torres, formado en Harvard, no le enseñaron a gestionar situaciones de crisis. Tampoco pensaba el heredero CEO del presidente FG que el destino le iba a deparar una sucesión para hacer las prácticas de unas enseñanzas que no había recibido. Pero ya va para seis meses, cumplidos la semana pasada, el tiempo de práctica o gestión de una crisis, probablemente la más comprometida en la historia de la entidad, a la que Torres debe hacer frente. Esta es la crisis de Torres por el caso Villarejo, la herencia de Francisco González, el mentor que le pasara los papeles en diciembre pasado.

Siguiendo con la afirmación inicial de que el banco azul nunca se ha caracterizado por hilar fino en asuntos estratégicos, el presidente Torres, se ignora si asesorado por el consejo del banco (o quién sabe si respaldado por él) identificó en la táctica del enroque la jugada que le salvaría en el feo asunto del caso Villarejo, como se sabe, por las presuntas escuchas ilegales de Villarejo por también presunto encargo de la entidad financiera. La táctica del enroque puede funcionar jurídicamente como técnica judicial pero no como vía alternativa para que los negocios del banco transiten sin problema. En medios jurídicos se impone el pesimismo a la vista de que el tiempo transcurre sin resultados positivos para estrategia del enroque. 

Hoy el banco es una entidad tocada, en entredicho en el sector financiero, con dudas entre los grandes inversores y gestores de fondos, analizada por agencias de rating que ponen en tela de juicio su estrategia, la gestión de sus crisis, sus frentes abiertos en México y Turquía y el perjuicio que está causando la crisis de reputación en la cotización de la entidad en los mercados internacionales. La investigación interna es la coartada, la pieza que protege del jaque al presidente Torres. 

En esa posición, en teoría, el primer responsable del banco debería estar controlando la crisis, enviando señales se confianza a los inversores sobre la marcha del negocio bancario, al tiempo que emitiendo alguna señal que mostrase algún avance de las pesquisas y el `audit forensic´ interno en el que está embarcado el BBVA.

No es sostenible ante la opinión pública, tampoco a juicio de los peritos judiciales y financieros, que más de un centenar de técnicos expertos lleven seis meses sin dar alguna señal que sirva para interpretar que ningún responsable del banco tiene algo o nada que ver en el asunto Villarejo. Luego, habrá que pensar que la gestión de la crisis está fuera del control del banco o que, conscientemente, ha renunciado a ella.

Desde Bruselas y en línea con los razonamientos de este supervisor, extraña que la táctica del enroque se haya convertido en la estrategia final y única de Carlos Torres. Como también parece inaudito que en esa táctica el presidente Torres le mantenga unido a la suerte de su mentor habida cuenta del riesgo que puede suponer para él la inculpación de FG en el caso, lo cual, obviamente, terminaría con la carrera de Torres en el BBVA.

Por eso no debe extrañar que, tras seis meses, largos e intensos, el consejo de administración albergue dudas y se muestre crítico y dividido por la gestión de la crisis de Torres en el caso Villarejo. A fin de cuentas un consejo de administración es un grupo de personas que razona en base a los hechos. Y estos no son favorables para el banco. Otro medio año de calvario, o vía crucis, sería letal para la entidad. De ahí que el supervisor europeo no descarte la posibilidad de un cambio de gestor de la crisis, del presidente, de Carlos Torres, una situación inédita puesto que, además, el consejero delegado Onur Genç se encuentra (valga la expresión) en paradero desconocido.

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