edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
13/10/2010
Sostenibilidad

Eco-innovación y gestión de la diversidad, los desafíos empresariales que todavía se resisten

El MARM señala la necesidad de que las compañías se comprometan con la biodiversidad
Las dificultades para encontrar financiación constituyen el principal escollo
Beatriz Lorenzo

Durante demasiado tiempo, la relación de la humanidad con el planeta ha sido de desgaste, de explotación, de abruptos socavones en unos recursos naturales que hoy en día escasean cada vez más. Todo ello unido a las fatales consecuencias del cambio climático, el eterno mal endémico que hasta ahora ha logrado sobreponerse a los tibios conciliábulos de los líderes mundiales, hacen cada vez más difícil la obtención de un nivel de vida global  que sea económicamente sostenible a la vez que no daña la biodiversidad biológica, el clima o los ecosistemas. Pese a los malos pronósticos, las iniciativas institucionales siguen proliferando sin descanso. Recientemente el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) presentó el programa ‘Visión 2050’, que analiza el “sendero” que deberá marcar las directrices para conseguir que una población global de aproximadamente 9.000 millones de personas alcancen el bienestar dentro de los límites de recursos del planeta de cara a 2050.

El documento alerta sobre las medidas a tomar durante la próxima década para alcanzar una sociedad planetaria lo más sostenible posible.  Entre las tareas propuestas se incluye la puesta en marcha de los mercados de servicios de ecosistema y agua, el redoblamiento de la producción agrícola sin el aumento de la cantidad de tierra o agua utilizada; la reducción de la deforestación o el aumento de bosques plantados, reduciendo a la mitad las emisiones de carbono en todo el mundo.

A nivel estatal también se suceden las iniciativas en pro de la sostenibilidad climática. En España, la secretaria general de Medio Rural del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), Alicia Villauriz, señalaba recientemente la necesidad de que las empresas se comprometan con una financiación de la biodiversidad de cara al futuro; una pretensión que parece esbozarse como paso previo a la postura que la Unión Europea llevará a la próxima Cumbre Mundial de Biodiversidad que se celebrará en Nagoya (Japón) en las próximas semanas y en la que se busca dar un impulso importante a las políticas de biodiversidad más allá de 2013.

SOSTENIBILIDAD Y FINANCIACIÓN

Cuando hablamos de desarrollo sostenible y eco-innovación, ha de acudirse a las primeras definiciones del término que, de la mano de Fussler y James, aluden a aquellos nuevos productos y procesos que proveen al cliente y a la empresa valor añadido a la vez que reducen de forma significativa los impactos medioambientales. Definiciones posteriores y más complejas tratan ya de alcanzar la eficiencia de los recursos y productos fruto de la innovación. El concepto de eco-innovación tal como lo conocemos hoy en día se gestó al calor de las Teorías de la Economía Medioambiental y de la Innovación. Se dejaron a la vista de todos los hasta entonces bien disimulados límites de los tradicionales modelos productivos y de consumo, y el informe Stern puso la guinda al hacer hincapié en la necesidad de incorporar los costes externos del impacto medioambiental en las cuentas de las compañías y, más aún, de ser conscientes de las posibles limitaciones que los recursos naturales presentan para su explotación como materia prima y energética de nuestro sistema.

En su reciente comunicado, el MARM aboga por conjugar la movilidad de recursos financieros no sólo públicos y privados para la lucha por la biodiversidad, instando a las empresas a que se comprometan con una financiación de cara a futuro. Es esta, sin embargo, una pretensión que se antoja irreal en el panorama económico actual. El propio Banco Europeo de Inversiones (BEI) admitía hace algunos meses que existe todavía “un margen muy amplio” para que los Estados miembros de la Unión Europea mejoren sus flujos de información y colaboración relativos a la innovación ecológica. Y es que por ahora, las compañías que tratan de llevar a la práctica proyectos de innovación sostenible o desarrollo de la biodiversidad  se ahogan en gastos y acaban, en los peores casos,  dando al traste con proyectos que, en su inicio, no sólo eran respetuosos con el medio ambiente sino que también podrían ser perfectamente viables de contar con la financiación adecuada. En este sentido, son cada vez más los analisas que sugieren la creación de una red de expertos que cooperen bajo los auspicios de la Unión Europea para llegar a obtener buenos niveles de cooperación con las compañías ayudándolas a conseguir financiación para sus proyectos sostenibles y de eco-innovación.

NEGOCIOS VERDES

En la actualidad, más allá de las dificultades para encontrar financiación para los proyectos de eco-innovación, más allá de los eternos escollos con los que tropieza la gestión empresarial de sesgo sostenible, bien es cierto que las mayorías compañías están empezando a asumir, en mayor o menor grado, la importancia del respeto ambiental. La promoción de energías renovables y la construcción sostenible han entrado con paso firme en el sector empresarial, e incluso la cadena de suministro, eterna olvidada en cuestiones de RSC, comienza a interesarse por proveedores más ecológicos. Según Carbon Disclosure Project, al menos el 6% de las principales multinacionales a nivel mundial excluyen ya a los proveedores que realizan una gestión deficiente de sus emisiones contaminantes y más de la mitad, un 56%, se comprometen a implantar esta medida en el futuro.

Así, y aunque está todavía lejos de llevarse a la práctica, comienzan a cobrar importancia las- en su día ignoradas- conclusiones del controvertido informe Stern que destacan la necesidad de que se necesita una inversión equivalente al 1% del PIB mundial para mitigar los efectos del cambio climático y que de no hacerse dicha inversión el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20% del PIB global. El informe también sugiere la imposición de ecotasas para minimizar los desequilibrios socioeconómicos y afirma que “nuestras acciones en las décadas inmediatamente venideras pueden implicar el riesgo de una disrupción de la actividad económica y social durante el resto de este siglo y el siguiente, de una escala parecida a la de las grandes guerras y la Gran Depresión.”; temores que ciertamente, parecen del todo fundados en la actualidad.

Por el momento, y ante las últimas reclamaciones institucionales, algunos colosos de la industria de alta tecnología, entre ellos Google, Philips e IBM, han comprometido ya sus esfuerzos-también los financieros- en la búsqueda de nuevas tecnologías más ecológicas. No en vano el ahorro energético en iluminación- que representa un 19% del consumo mundial de energía y cuya gestión es actualmente bastante ineficiente- y la mejora en los sistemas de aislamiento eléctrico ayudarían a reducir drásticamente la huella de carbono a nivel global, a la par que generaría un gran número de puestos de trabajo.

Por último, más allá de la actividad empresarial, como impulso al desarrollo sostenible, en la actualidad, los mercados internacionales disponen de índices de valores constituidos por empresas sostenibles, como son los grupos de índices FTSEGOOD o los Dow Jones Sustainability Index (DJSGI). Los índices citados están compuestos de aquellas empresas que acreditan de manera suficiente su compromiso de sostenibilidad. Es innegable, a pesar de las opiniones controvertidas que los expertos esgrimen en cuanto a estos índices “sostenibles”,  que las empresas que tienen políticas y mecanismos de preservación medioambiental tienen una cotización muy superior en las bolsas. En los últimos tiempos las compañías que integran la sostenibilidad en la estrategia alcanzan un gran rendimiento que se refleja en los valores alcanzados en los distintos parámetros financieros clave.

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