edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
10/03/2017
banca 
Moncloa se desentiende de la crisis del supervisor

Economía abandona a su suerte al Banco de España, en caída libre

Apelar a la escasez de recursos humanos no es creible, las debilidades del banco están en la falta de talento de sus gestores
Juan José González
Puede que al supervisor financiero le haya llegado la hora del descabello. Pero lo cierto es que entre informes institucionales negativos, como el reciente firmado por Tribunal de Cuentas a modo de reproche disciplinario, dejando en entredicho su capacidad profesional y rigor en su actuación, la coyuntura política se ha aliado con la desgracia y como si de un desvalido se tratara amenaza ahora con derribar al mismo supervisor bancario. Por si no fuera suficiente, el silencio del Ministerio de Economía parece esconderse en la oscuridad de las sombras institucionales más profundas, dando lugar a todo tipo de conjeturas e interpretaciones pero, sobre todo, de la sospechosa atmósfera que envuelve al silencio y que en este caso resulta ser cómplice. A propósito de la llamada de atención del Tribunal de Cuentas, es difícil imaginar el tremendo dolor provocado en el orgullo de la alta dirección del supervisor al exigir del Banco de España "una labor supervisora más estricta", sin duda, un golpe bajo en un momento crítico.
No encaja en un razonamiento serio asignar la mala gestión, la falta de celo, quizá algún error, desliz u omisión, a la plantilla -de 3.000 personas- corta o escasa, a la carencia de personal inspector suficiente -casi 200 plazas anuales de oferta de empleo- para el cumplimiento de las responsabilidades que le encomienda su estatuto, así como las necesidades del nuevo guion que viene escrito por el Banco Central Europeo. Se sabe de la exigencia del supervisor europeo en el apartado de personal. Pero también se da por hecho que el Banco de España cuenta con recursos económicos, recogidos en su presupuesto anual, para corregir el desfase de personal técnico. Que no se corrija el desajuste es un asunto de gobierno y gestión que tiene en su mano el banco.

Por otro lado, no deja de sorprender que el supervisor no utilice el poder sancionador para corregir malas prácticas y evitar que se repitan conductas abusivas. Tan sólo parece que se siente implicado cuando acontecen asuntos sobre irregularidades contables o actuaciones disciplinarias a entidades concretas, o también a miembros de los consejos de administración, inhabilitaciones o revocación de autorizaciones. Quizá se podría decir que el banco suele utilizar su capacidad y poder sancionador de una forma limitada y excesivamente prudencial.

Que el órgano del Estado, encargado por ley de fiscalizar las cuentas y la gestión económica del Estado y del sector público califique de "situación media mejorable" los servicios de atención al cliente bancario, es una muestra del tacto exquisito entre colegas institucionales, un trato tan diplomático como hacia el supervisor como inapropiado pues, por un lado el informe sobre la labor supervisora del Banco de España deja a éste a los pies de los caballos, pero por otro suaviza el tono de su censura con dicha calificación, evidentemente, muy mejorable. 

De todos modos, y también de todos conocida, especialmente de los afectados, es la escasa eficacia de los procesos de reclamaciones bancarias, habitualmente desestimando o rechazando -cuando no sin contestación- de buena parte de las incidencias que se denuncian ante al Banco de España. Pero sucede que la ineficacia en la gestión de las respuestas se suele prolongar hasta llegar a los mismos `defensores del cliente´ de los propios bancos, un sistema poco útil para la clientela y que ahora, aprovechando el tirón de la mala supervisión, podría ser revisado.    

Aunque bien se podría (y debería) aprovechar la coyuntura y en ese tótum revolútum que es el día a día en el supervisor para hacer cambios en profundidad, y no sólo superficiales como son los que ahora afectan a las fachadas de Alcalá 48 y Paseo del Prado, en plena limpieza y rehabilitación de piedras y enrejado de hierro. Que a estas alturas de la vida, un Banco de España arrastrado en el descrédito y desamparado públicamente por organismos oficiales como el Tribunal de Cuentas, apunte a la escasez de medios humanos como origen de todos sus males, no deja de sorprender, habida cuenta de que la cadena de escándalos por mala comercialización de productos financieros y otros episodios forman parte de un largo, en el tiempo, y prolijo por numeroso, historial que incluso el propio banco recoge anualmente en sus memorias e informes.

En definitiva, de la misma forma que la desgracia tiende a cebarse en los desvalidos, el Banco de España, ahora abatido tras su discutida gestión en el caso de Bankia, y con una enmienda general a su labor en la crisis bancaria, recibe también las reacciones del Tribunal de Cuentas y de la CNMV que vienen a subrayar las carencias en recursos humanos, así como el juicio de valor que recae en la falta de celo profesional, un reproche grave y disciplinario en toda regla. Diríase que el Banco de España ya no tiene quien le escriba (salvo el Tribunal de Cuentas) y tampoco quien le defienda. Y así, el silencio cómplice de Economía en la deriva del supervisor, se interpreta como un abandono a su suerte. Se supone que Luis de Guindos ya debe contar con alguna alternativa.

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