edición: 2657 , Viernes, 15 febrero 2019
05/06/2014
Seis meses de rumores
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad

Economía aleja el fantasma de la burbuja sobre la deuda española

Intenta despejar las dudas de los inversores que habían frenado su gran apetito por la deuda
Juan José González

El Gobierno parece estar afinando en asuntos de comunicación, aunque su velocidad de reacción siga aún bajo mínimos. Aprovechando la corriente favorable del menor desempleo en mayo, Economía anuncia una rebaja en la emisión neta de deuda pública para el año corriente hasta los 55.000 millones de euros. Los inversores llevaban casi seis meses cuestionando la ausencia de información oficial que demostrase que el Ejecutivo controlaba la situación, el déficit público. Y se esperaba alguna señal acerca de un posible cambio de política en la gestión de la deuda. De esta forma, el recorte de la emisión neta, confirma que el camino de la reducción de gastos no sólo es el único posible junto al incremento de los ingresos para cumplir el objetivo de déficit, sino también, la obligación de dar marcha atrás tras rebasar la línea roja del 97% de deuda sobre el PIB, uno de los peores niveles de los países de la Unión. Por todo, el mensaje llega en el momento preciso, para contener el coste de la deuda (que no bajará todavía en 2014) y aplacar los rumores sobre un fantasma -o burbuja- que estaría rondando la deuda española desde hace tiempo. Mensaje también útil de confianza y ánimo para la recuperación.

En la gestión de las cuentas públicas, el Gobierno parecía navegar por alta mar, incapaz de coger el rumbo y dominar el volumen -al alza- de endeudamiento del Estado y, por tanto, a los costes financieros de la deuda pública. El ministro de Economía, Luis de Guindos, acaba de anunciar el segundo recorte de la emisión neta de deuda que, en principio, son tan sólo estimaciones oficiales, pero que sirven como pista  de comportamiento futuro del Tesoro. Y por tanto, da a entender que controla el barco. Un mensaje, sin duda, con destinatario concreto y clientes seguros como son los grandes fondos y planes de pensiones internacionales. En los últimos meses de 2013 y con mayor insistencia en enero pasado, media docena de grandes fondos manifestaron su dudas sobre "el criterio que aplicaría el Gobierno para hacer frente al endeudamiento del Estado", según una nota interna de una entidad financiera. La duda condicionaba las posiciones de compra en una de las carteras de mayor volumen inversor en deuda española.

Dudas que eran compartidas por algunos analistas del Banco Central Europeo, inseguros sobre el mantenimiento de la corriente compradora de la deuda española. En fechas puntuales de los meses de febrero y marzo, los analistas comprobaron que el riesgo a un parón en las compras de deuda, así como la posibilidad de cambio de mercados, ponía en duda el apetito de los fondos, de forma que estarían valorando un cambio en el destino del dinero, regresando, de nuevo, a los mercados emergentes y abandonar las posiciones adquiridas en el sur de Europa desde noviembre pasado.

El descenso de los tipos españoles, muy acentuado en los últimos tiempos, es un factor variable que difícilmente se mantendrá en los próximos meses y que, por tanto, es valorado por las autoridades e inversores como un dato con fecha de caducidad. Más, si cabe, si hacen las cuentas y comprueban la dificultad creciente del Estado para hacer frente a los pagos futuros de la deuda. Más cerca del billón de euros, el 100% del PIB, la deuda pública española vive entre la línea roja del déficit y el vacío de la quiebra. Ese cerca de un billón tiene un coste anual de 35.000 millones de euros, que sólo el puntual alivio de la reducción de tipos de los últimos meses, ha conseguido reducir. Lo que no significa que la hemorragia se haya detenido.

Los inversores parecen haber agradecido el mensaje de De Guindos porque aplaca algunas dudas sobre los planes del Tesoro español. Sin embargo, los mismos que ahora confían más en las palabras del Ejecutivo, se muestran preocupados por la `virulencia´ del cambio experimentado en la salud del enfermo, que de repente pasó del 7% en la rentabilidad del bono a diez años, a poco más de 2,8% en tan sólo tres años, o dos puntos menos que hace doce meses. Un avance tan cuantitativo como cualitativo que, sin embargo, no consigue elimina todas inquietudes de los inversores, entre ellas, la propia dificultad de mantener el freno del crecimiento de la deuda pública en el horizonte de los próximos cuatro ejercicios. 

Por otro lado, la conocida sospecha sobre la "actuación irracional que en ocasiones muestran los mercados en coyunturas de tipos a la baja", señala un informe de analistas del BCE. Por cierto, en el mismo informe se aconseja "moderar cualquier forma de optimismo oficial que sirva de base especulativa", alegría gubernamental que, al igual que la desbordada deuda pública, podría estar apuntando hacia una nueva -otra- burbuja.

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