edición: 2510 , Lunes, 16 julio 2018
18/09/2009
OBSERVATORIO DE ECONOMIA

Economía del conocimiento, productividad y competitividad

CIRCULO DE EMPRESARIOS
La competitividad de una economía se define en términos de todos aquellos factores que inciden en el nivel presente y futuro de su productividad y que determinan, por lo tanto, su prosperidad. Además, dado que el ritmo de avance de la productividad influye decisivamente sobre la tasa de rendimiento de la inversión, la competitividad es la base para un crecimiento real sostenido a lo largo del tiempo.

Lo anterior significa que la lista de variables que afectan a la competitividad de una economía es poco menos que inacabable. En su estudio anual de la cuestión, con la publicación de un ranking de los países en función de su nivel de competitividad, el World Economic Forum establece tres clases de factores como determinantes del potencial de crecimiento de una economía: la calidad del entorno macroeconómico, la calidad de las instituciones públicas y su nivel de preparación o capacidad tecnológica (technological readiness).

Los elementos enmarcados en las tres categorías interactúan, haciendo absolutamente necesario considerarlos conjuntamente para una correcta evaluación de la cuestión. Sin embargo, es la última categoría la que aquí más nos interesa ya que, en tanto que una aproximación a la medición del potencial tecnológico e innovador de un país, recoge aquellos que pueden considerarse componentes principales de la economía del conocimiento, tales como la penetración de Internet y de las nuevas tecnologías y la formación, la absorción tecnológica de las empresas, la transferencia tecnológica o la innovación y el registro de patentes.

La situación de cada país en la categoría señalada difiere en función del grado de desarrollo tecnológico en que se halle. De hecho, cabe hablar de dos grandes grupos de economías. Por un lado, aquellas que se encuentran en la vanguardia tecnológica y que, por tanto, también están inmersas en la economía del conocimiento y la innovación. Por otro, los países que no entran en la primera categoría, entre los que se hallan dos tipos: los que acceden plena o casi plenamente a la economía del conocimiento a través de su capacidad para absorber, adaptar y difundir los avances tecnológicos de las naciones más avanzadas, y los que quedan rezagados en esa carrera. En cualquiera de ambos grupos, la economía del conocimiento ofrece un mejor acceso a mayores niveles de productividad y competitividad. La difusión de las TICs y las enormes posibilidades que la acompañan representan, probablemente, la mejor expresión de esa realidad.

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