edición: 2366 , Lunes, 18 diciembre 2017
28/01/2009
Alcalá y Cuzco manejan cifras distintas

Economía e Industria se pelean por “sus” previsiones macro

Juan José González

No se ponen de acuerdo en las previsiones económicas. Dos ministerios (dos ministros) enfrentados por las cifras ¿cuál es la buena, cuál es la mala? Cada uno maneja las suyas, las dan por buenas en público y en privado. Sebastián cocina las propias y Solbes elabora las que llaman “oficiales”, las dos de fuentes similares en origen pero tratadas con diferentes metodologías y comunicadas con peor fortuna. En un tercer ministerio -económico también- preguntan ¿y a cuáles hacemos caso? “de las de Economía” contestan en Alcalá; “a nosotros nos da lo mismo” responden en Cuzco. Así que no extraña que además del esfuerzo que conlleva la comprensión de las previsiones macroeconómicas, las situaciones de incertidumbre se multipliquen a raíz de las recientemente conocidas en boca del vicepresidente Económico Pedro Solbes y del comisario europeo para asuntos económicos, Joaquín Almunia.

¿A ver quién es el más listo? piensa el economista Sebastián, y ¿a ver quién tiene razón? medita el técnico comercial del Estado, Solbes. Los dos ministros, el segundo más ministro que el primero, se baten en dura pugna por el título que ya en broma comentan por los pasillos ministeriales de ‘best predictor’ del Reino. El caso es que en los apenas 2,627 kilómetros de distancia que separan los dos despachos ministeriales, el PIB puede variar el 0,3%, el déficit un 0,2%, el consumo casi el 1% y la tasa de paro a discreción.

Por si fuera poco, la Oficina Económica del Gobierno parece manejar sus propias predicciones macro, que no se sabe si son adaptación de las de Cuzco o de las de  Alcalá, pero que deben preocupar porque son las que utiliza el presidente cuando los ciudadanos tienen preguntas para él en los programas de televisión. Un despropósito que se pone cada día de manifiesto en público, cuando por motivo de alguna rueda de prensa, almuerzo, desayuno, conferencia o presentación multitudinaria –habituales a diario en la Villa y Corte- los periodistas (y los empresarios) que asisten a estos eventos se ven sorprendidos con cifras diferentes de paro, déficit exterior, déficit público, crecimiento de PIB, de crédito a las familias, de consumo interno… etcétera; hasta tres cifras diferentes se llegaron a leer en un reciente artículo de prensa sobre el mismo ratio para 2009. Ver para creer.

Un experto consultado apunta a que la diferencia y descoordinación en las cifras de varios departamentos del Ejecutivo le suenan a que se esta procediendo a una revisión continua y constante de las principales magnitudes económicas. Los economistas, dice este experto “en su afán por anticipar el futuro analizan las pautas de comportamiento de los distintos agentes y, claro, estas cambian porque la realidad no se mantiene fija, así que es fácil cometer errores cuando lo que se busca es el ‘efecto escaparate’ para mejorar la imagen general”.

Es posible que los tiros vayan por ahí, ante el temor permanente del equipo económico actual en reconocer el alcance de la crisis, del que únicamente se tiene referencia cuando se publican las cifras de desempleo. En todo caso, cualquiera de las dos (o tres) previsiones del Gobierno (y cuatro, si se cuenta la de la Comisión Europea), suponen un absoluto desastre económico y social. En esa batalla interministerial por saber cuál es la buena, se deberá esperar, en todo caso, a los resultados.

Se da por hecho que Gobierno y Oposición no tienen por qué coincidir ni en diagnóstico ni en soluciones sobre la crisis económica, aunque no estaría de más un poco de consenso sobre alguno de sus aspectos. Lo que ya es más difícil de encajar es que el diagnóstico, soluciones y gestión de la crisis vayan por barrios. La semana pasada y a propósito de las nuevas previsiones sobre la economía española, realizadas por la Comisión Europea, peores que las previstas por el Gobierno español, se apuntó que el déficit público alcanzará el 5,8% del PIB (Solbes), que para Almunia será del 6,2% y que para Sebastián es posible que no se quede en el 5,8%, “aunque ya veremos”.

Resulta igualmente complicado, en ocasiones, comprender con exactitud el lenguaje utilizado en la comunicación de las cifras, con vocablos y expresiones inexactas que buscan inducir a la confusión. Por ejemplo, el déficit puede situarse… estará alrededor de... o en torno a… y es posible que no llegue a superar… etcétera.

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