edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
15/12/2009
El impago de la deuda es para España todavía una opción lejana, pero posible

Economía prepara medidas urgentes para ‘restaurar’ la credibilidad del mercado

S&P ha causado algo más que un ‘daño colateral’, ha encarecido la deuda
El Ejecutivo carga la culpa del endeudamiento sobre las calificadoras
Juan José González

España es campeón de Europa de fútbol y también de déficit público estructural de la zona euro. Le pisan los talones Grecia –anterior campeona de Europa también de fútbol- e Irlanda, dos compañeros de grupo que nadie desearía para jugar a cualquier cosa. La deuda española se desboca y el Tesoro Público, surtidor que alimenta, consigue y paga la financiación del Estado, ya le ha comunicado al secretario de Estado de Economía, que los costes de financiar la deuda, la que recogen los Presupuestos Generales del Estado para el próximo año, se escapan de control, se disparan, y su directora general, Soledad Núñez, la misma que aseguró ser “muy mala con los números”, precisamente en respuesta a una pregunta sobre estimaciones de deuda/PIB en 2009, avisa de un sobrecoste no previsto por los técnicos del Ministerio de Economía.

Núñez es testigo de todas las subastas de deuda del Estado, y acaba de comprobar que no es lo mismo una subasta de Letras a un año, de Bonos a tres años y de Bonos a cinco años, antes o después de un toque de atención como el de hace dos semanas le propinó S&P. Se trata de un puñado de advertencias que acaban impactando como un golpe directo en la cara, un golpe en la prima de riesgo que exige y obliga al Tesoro a conceder un plus de rentabilidad a sus instrumentos financieros si quiere colocar el volumen previsto.

En definitiva, la deuda se encarece más respecto a otros países como Alemania o Francia, pero las calificadoras, que tienen en cuenta el deterioro de todos los países, acaban por hacer sus propios grupos y establecer categorías. Y en estas, España sale perdiendo al ser comparada con Irlanda, Grecia, Rumanía, Lituania o Portugal, cuando hace apenas un año la comparación se hacía con Alemania, Francia y Reino Unido. A esto le llaman efectos colaterales de una mala calificación. Y aunque se trate de meter más goles, no es lo mismo jugar la Champions que la UEFA.

Son los efectos reales que causan los informes de las calificadoras, los cuales no se agotan, simplemente, en el titular del día siguiente. Los efectos continúan en días posteriores. Como muestra esa percepción de los inversores de un mayor riesgo hacia los activos de renta del Estado y que conlleva la sensación -real- acerca de un excesivo ritmo en el endeudamiento público. Sólo hay que mirar las cifras con que termina el presente ejercicio para darse cuenta que 206.890 millones de euros con los que el Estado cierra el año son demasiados millones, y que por si fuera poco, los Presupuestos para el próximo ejercicio recogen nada menos que 211.000 millones. Los inversores institucionales, esos que se guían por índices de todo tipo, calificaciones de los S&P y compañía, han reducido su nivel de compra de deuda pública española, cuando hace dos años, por las mismas fechas, todo les parecía poco.

Estos últimos días, las casas de análisis y coyuntura económica destacan la necesidad de controlar el gasto público, lo mismo que ahora se dispone a hacer Grecia para evitar caer por el precipicio, la bancarrota pública. Al Tesoro Público no parece contar con otra salida a corto plazo más que aplicarse en el control y reducción de la deuda, pero es difícil que se dé el segundo, al menos para 2010.

Mantener los objetivos políticos del Gobierno, tanto en el interior como en el exterior –no hay que olvidar el semestre de presidencia española de la UE- pasa por mantener el ritmo de endeudamiento, la pescadilla que se muerde la cola. Para ello, la coartada utilizada por el Ejecutivo consiste en destacar que el Estado español se mueve en los niveles normales de endeudamiento que tenía con anterioridad a la crisis, cuando, efectivamente, el nivel de la deuda era bajo. Y que tras la Ley de Sostenibilidad que cambiará el modelo económico y productivo del país, la economía española comenzará a crecer de forma inmediata. Con ambos argumentos, y porque no tiene otra salida, el Ejecutivo seguirá alimentando el déficit público –actualmente en torno a 8% actual- camino del 10%, e incluso del 11%, y una deuda –hoy en el 58% del PIB- camino del 110% del PIB en 2015. La ruina.

Sin embargo, las condiciones en las que se financia el Tesoro Público han cambiado mucho en tan sólo doce meses, y se puede decir que ambas situaciones, antes y después de la crisis, no se parecen en nada. Financiar los actuales planes fiscales y el gasto público, va a obligar al Tesoro a pagar más rendimientos por mayores primas de riesgo. Y los compromisos de pago para el futuro se van acumulando, sobre todo si no se saldan, si no se pagan, por eso, considerar que España puede llegar a una situación de impago de su deuda, es todavía una opción muy lejana, algo que no se puede descartar, pero opción al fin y al cabo. Para evitar que cunda el pánico entre esos inversores institucionales que se resisten a comprar el papel público español, los técnicos de Economía realizarán una serie de rondas de presentación por varias plazas europeas y asiáticas.

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