edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
10/02/2010
Salgado obligada a presentar nuevos Presupuestos

Economía prepara un nuevo Cuadro Macroeconómico

Las reformas en marcha dibujan un ‘severo plan de ajuste’ para la economía
Elena Salgado, ministra de Economía y vicepresidenta segunda
Juan José González

La gira europea del equipo económico del Gobierno toca a su fin. Del 'road show' de los responsables de Economía por algunas de las plazas europeas más conflictivas –Reino Unido- y tras visitar al mayor cliente de deuda pública española –Francia-, se viene con una idea muy clara: el Gobierno debe marcar un antes y un después. El antes fue el inicio de la presidencia española de la Unión Europea, que se saldó con un bautizo cruel e inocente para un bisoño presidente que creía que irse por Europa era poco menos que un paseo. El después viene señalado por el cambio en muchos asuntos. Joaquín Almunia recomendó en privado a Salgado y a Campa que comenzaran la obra por los cimientos, que es el punto en el que parecer ser que fallaba el edificio. Así que nada más llegar a Madrid, el equipo económico (Salgado-Campa) se proponen comunicar este mismo viernes en Consejo de Ministros, un tema para el debate: el cambio de los Presupuestos Generales del Estado, nada más y nada menos. Una revolución.

Sin embargo, hay un problema de forma, que no de fondo: en caso de ser aceptado por el presidente del Gobierno, previa deliberación en Consejo de Ministros, ¿cómo presentar a la opinión pública, a las formaciones políticas, a las instituciones del Estado, a las empresas, a los inversores internacionales, un cambio en documento tan relevante, sin que sea percibido como un duro plan de ajuste? La papeleta no será de fácil ejecución, pues ya se conocen las artes del presidente del Gobierno español y de varios de sus ministros en la suerte de hacer anuncios y presentaciones. Mientras tanto, la oposición se frota las manos e identifica un nuevo frente de desgaste para el Gobierno, aunque sabe que las elecciones generales están aún muy lejos.

Se atribuye a un ilustre economista aquello de que “los presupuestos están para que no se cumplan”, justo lo que sucede en este momento, y a sólo mes y medio de su entrada en vigor, ya sirven para bien poco. Cuando se elaboraron los actuales, el presidente convenció a Salgado de que el problema a resolver sería el desempleo, y no el déficit público, pues todos los gobiernos aplicarían la misma medicina para el mismo mal; endeudamiento público a discreción. Pero el tiempo se encargó de poner sobre la mesa un nuevo problema, al tiempo que el primero –el paro- adquiría mayor volumen. Ahora los problemas son dos y de envergadura, colosales: paro y endeudamiento público. Y la Unión Europea apela a los criterios de convergencia para seguir hablando: en otras palabras, la economía española debe guardar la línea porque la ha perdido.

¿Qué sentido tiene continuar trabajando con el mismo patrón presupuestario después de haber presentado en Bruselas un plan de ajuste, o estabilidad para corregir las desviaciones? Sentido, poco o ninguno. Y ¿cómo casan las nuevas reformas que se lanzan al público para su debate, y propuesta posterior, con esos presupuestos generales? Es posible que no tengan costes añadidos, y por tanto no sea indispensable ajustar nada en el Presupuesto, algo difícil de creer. La misma Ley de Economía Sostenible -de la cual se desconoce la Memoria Económica- ¿seguirá en los mismos planes del Ejecutivo de ser financiada con cargo a los Presupuestos? ¿y la reforma del mercado laboral? ¿se podrá acometer toda la obra sin necesidad de ‘colgar’ coste alguno –nuevo- sobre los Presupuestos? Y ¿para que les sirve a los agentes sociales, empresas, inversores, Estados, etc, el Cuadro Macroeconómico o cuadro de mando para controlar la gestión económica y política del Gobierno?

“Yo no creo que los economistas sean de derechas o de izquierdas, sino que son buenos o malos”. La sentencia es de Milton Friedman y puede servir para aplicar en estos tiempos de convivencia con el deterioro, donde las habilidades de los ejecutivos empresariales y dirigentes políticos son más valoradas que las medidas que adoptan. Se observa en estos meses, desde que la crisis camina con pie firme por cualquier economía, que la crisis de confianza se fija y ceba en las cifras, en los números pero no en las personas que toman las decisiones. Los problemas económicos afectan a las finanzas públicas, y a las privadas también, casi en igual medida. Y mientras las entidades financieras presentan resultados -que se pueden considerar como dentro de un orden- a las entidades públicas se les presentan vías de agua en todo el casco. Enrique Fuentes Quintana no se cansaba de repetir que gobernar consiste en saber administrar un déficit. Alguien no ha aprendido bien la lección.

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