edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
22/04/2009

Economía se prepara para evitar la deflación

Francia, Alemania y Reino Unido ya emiten dinero para producir inflación
Juan José González

“Cuanto más intenso es el período de deflación más prolongada es la recesión económica”, aseguran los economistas. Al final no quedará más remedio y el Ejecutivo se verá obligado a poner en juego alguna medida para combatir los efectos de una posible situación de deflación, hoy día un riesgo con muchas probabilidades porque la coyuntura se desliza hacia esa situación. Las dos secretarías de Estado -Economía y Hacienda- ya cuentan en sus informes con el alcance y efectos que tendría la aplicación de la receta. Una de las medidas, la que causaría un mayor impacto económico (y político) a corto plazo, consiste en llevar a cabo un recorte de impuestos a familias y empresas, que sería financiado a través de la creación de dinero, una de las medidas que otros miembros de la UE como Francia, Alemania y Reino Unido ya tienen en marcha, método que ‘asegura’ mayor inflación. Otras medidas, como la adquisición de bonos del Tesoro para mantener estables los tipos a largo, o la adquisición de títulos de renta fija privada, figuran también en la lista.

Aún se recuerdan las palabras de la vicepresidenta segunda del Gobierno, Mª Teresa Fernández de la Vega, cuando a principios de febrero afirmaba que “se tomarán todas las medidas necesarias para evitar la deflación”. Evidentemente no llegó a citar ninguna de ellas porque a continuación señaló que la deflación “no era posible” que se produjera. Pero la situación en abril no es la misma que en enero, es peor y Economía se dispone a poner remedio a tan espinoso problema.

¿Quién nos iba a decir, hace apenas dieciocho meses, que llegaría un tiempo en que tendríamos que rezar para que el petróleo fuese más caro? Pues bien, el tiempo ha llegado y lo que se tenía como una bendición caída del cielo, amenaza ahora con otra caída sobre nuestra cabeza de algo peor, la deflación. Y el asunto debe ser más serio de lo que nos parece desde el interior, no debiendo descartar que se trate de una de esos temas que se ven mejor desde fuera. Prueba de ello es que España ocupó ayer -de nuevo- lugar preferente en uno de los principales rotativos del mundo, The York Times,  a propósito de la ‘pertinaz’ desinflación de los precios españoles. Apuntaba el diario neoyorquino un fundado temor de nuestros economistas, y varios columnistas mediáticos españoles, a la probable entrada de la economía española en zona de deflación. En esta ocasión, el problema ha pillado en situación de relax a The Economist, habitualmente implacable ojo avizor, atento como nadie a la macro ibérica, más incluso que el mismísimo departamento de coyuntura del ministerio de Economía. O igual es que no califica de deflación la situación actual de nuestros precios.

Sea como fuere, y dejando a un lado las definiciones técnicas y académicas del concepto -incluso las terminológicas- los consumidores siguen al pie de la letra los comportamientos más racionales, acordes con una situación de recesión económica. El miedo a gastar ante las incertidumbres de futuro unido a la sensación que produce pensar que un automóvil, un inmueble o unos zapatos, costarán mañana menos que hoy, alimenta una perversa espiral económica que termina por asfixiar a las empresas, que se ven obligadas a reducir producción, empleo, sueldos e inversión como consecuencia de menores ingresos y beneficios.

Dice Ángel Laborda, director de la prestigiosa FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorros) que la última caída de los precios en marzo es muy positiva porque “supone una ganancia de poder adquisitivo que en algún momento estimulará el consumo”. Y a esto es a lo que se ‘agarra’ el ministerio de Economía -como a un clavo ardiendo- para poner en marcha iniciativas que animen a consumir y a no guardar exageradamente las rentas. Las previsiones para los próximos meses señalan que los precios seguirán en la misma tónica de febrero, marzo -y probablemente abril- donde la preocupación más importante de las autoridades económicas, desde el punto de vista de los componentes del Índice, continuará siendo los precios de la energía, que según las proyecciones más recientes sitúan el repunte del precio del crudo hacia el próximo mes de julio.

Hasta entonces, será difícil que los precios puedan sacudirse la deflación (más de dos trimestres de inflación negativa) y si bien una subida del precio de los carburantes sería bien recibida por la economía (no así para el consumidor que se acerca a la gasolinera), sería mejor aún ver cómo se reduce el precio de otros muchos bienes, como apunta Laborda “sin ir más lejos los de la vivienda, precisamente, los que permitirían una reactivación más veloz de la demanda”. Aunque los precios de la vivienda no forman parte del IPC, la bajada de los mismos liberaría, no solamente al inmobiliario, sino también y más importante al “sistema bancario, rehén de ese exceso de oferta”.

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