edición: 2703 , Miércoles, 24 abril 2019
16/11/2009
Mientras Bruselas no tiene clara la legalidad del FROB español

Economía y Banco de España ‘juegan’ al retraso de la reestructuración bancaria

Cuanto más tarde comiencen las ayudas, más tarde se devolverán
Juan José González

Ya hay gobiernos europeos –no el español- que calculan los días y las horas sobre en qué momento tendrán que interrumpir las ayudas excepcionales a la banca para volver  la normalidad, cuando en España se llevan recorridos unos metros de una carrera que tiene todos los ingredientes para que el Gobierno español se atragante. Por que en algunos asuntos, mientras en varios países del resto de Europa dejan atrás la recesión de su economía y las entidades financieras, con calendarios de devolución de ayudas estatales en mano, se preparan para el nuevo escenario, con bancos –y empresas- planeando ampliaciones de capital y operaciones corporativas de todo tipo, en España se vive una especie de compás de espera difícilmente explicable ante la gravedad de situaciones como la que vive el sector financiero. Compás o impasse que se traduce en que la reestructuración de ese sistema, de las entidades financieras, esta sin empezar, al menos, si por empezar se entiende un proceso que durará unos años, en el que las fusiones y la reducción de tamaño de los supervivientes serán las notas más características. Pero la explicación a tanta calma puede responder a una estrategia que, incluso, puede estar bien pensada. Si sale.

El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) vive sus horas más bajas desde su creación hace apenas medio año, cuenta con la aportación mínima de su constitución, 3.000 millones de euros, evidentemente no desembolsados y tan sólo cuenta con un cliente que va a necesitar casi de inmediato, Cajastur, varios miles de millones para inyectar suero, sangre y lo que haga falta a la absorbida Caja de Castilla La Mancha (CCM). Los problemas parece que comienzan a contar con una vía de solución puesto que las ayudas públicas puestas al servicio de esos problemas ya están en movimiento, pero tan sólo afectan al 2% del sistema financiero español. Se prevén ayudas que pueden llegar a superar –y los superarán con creces- los 100.000 millones de euros. Las aproximadamente 26 cajas que pueden sobrevivir a este último golpe en la farragosa reestructuración del sector, es probable que consuman mucho más de lo que hasta ahora esta escrito en los papeles del Gobierno y se aproxime más a lo predijo el Banco de España, casi un cuarto de billón de euros.

La Unión Europea, a través del presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, lleva poco más de dos meses lanzando mensajes sobre el momento más adecuado para cortar el suero a las entidades financieras. Tantea y mide, según el paciente, el grado de deterioro del sector bancario, así como la evolución económica de los países miembros. Y porque es difícil aplicar criterios homogéneos de 'café para todos', es previsible que por criterios de competencia se vea obligado, en esta ocasión, a formar, como siempre sucede, dos grupos, los más adelantados y los más rezagados, una especie de avanzadilla seguida del grupo de los torpes.

En ayudas públicas a las empresas, España siempre se ha caracterizado por su excesiva bondad, no habría que hacer, prácticamente, hemeroteca para documentar la afirmación, pero en este caso, el Gobierno español ya se ha quedado atrás, ya no es tan ‘bueno’ como antaño. Ahora las ayudas se aprueban con dificultad y se conceden o llegan más tarde, algo que en esta ocasión ha servido para acumular un retraso –el de la puesta en marcha de la reestructuración bancaria- que a la larga, a la hora de retirar las ayudas estatales a la banca, es decir, cuando la UE diga que ya es hora de volver a la normalidad financiera y económica, España va a contar con un lugar en ese grupo de los torpes.

Estar en ese segundo grupo, el de los rezagados, para que nadie se ofenda, puede haber sido una apuesta deliberada, una elección nada inocente por parte de nuestras autoridades económicas –Banco de España- y políticas –Economía-. Una estrategia para la que sería necesario, precisamente, jugar a una tardía puesta en marcha de la reestructuración financiera, y la consecuente lentitud en el avance de ese fondo para la reestructuración ordenada de nuestras entidades financieras (FROB). En las últimas semanas se han escuchado algunas opiniones sobre la falta de voluntad política en el proceso de fusiones de las cajas de ahorros que no se explicaban la falta de premura en ese proceso. Todo puede tener su explicación en la estrategia oficial que comparten Ministerio de Economía y Banco de España acerca del momento más adecuado para poner en marcha ese proceso de reestructuración.

Es lógico, por otra parte, que la ministra de Economía quiera evitar hablar del tema de las devoluciones –aunque en el caso español sean pequeñas, pero en el futuro serán enormes- de ayudas públicas cuando la coyuntura muestra tanta fragilidad como la actual. Es la diferencia que existe entre las preocupaciones de un financiero político de la UE, con mentalidad de largo y largísimo plazo, y un ministro de Economía, obligado y presionado por el corto y cortísimo plazo. Porque mientras no comience la reestructuración financiera, no será preciso aprobar ayudas y, por tanto, no habrá lugar a pensar en que la devolución de las mismas será un problema de corto plazo. Y eso contando con que el FROB sea el instrumento apropiado –y ¿legal?- para la UE.

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