edición: 2765 , Lunes, 22 julio 2019
14/02/2011

Economia y su peculiar y particular definición de capital principal

Carlos Schwartz
El intercambio de mensajes entre la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) y el Ministerio de Economía la semana pasada vino a dar cuenta de que era imposible que el Consejo de Ministros del viernes 11 diera a luz el muy esperado decreto reglamentando el anunciado Plan para el reforzamiento del sector financiero. Entre otras consideraciones, la CECA, en un comunicado de prensa el jueves 10 de febrero,  expresó su disposición a “seguir trabajando con el Ministerio de Economía y Hacienda en la elaboración del diseño final” de dicho plan. La declaración fue resultado de la difusión por el propio Ministerio en la noche del 9 de febrero de sendas cartas al presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), Miguel Martín, y al presidente de la CECA, Isidre Fainé, en las que define el concepto de capital principal. Es curioso que mientras en la carta de la ministra se subraya que se ha decidido solicitar un “requerimiento mínimo de capital principal que adelanta los requisitos esenciales de capital establecidos en Basilea III”, sin embargo la definición de capital principal hecha por Economía es bastante más elástica que la de Basilea III. De lo cual se deduce que cuando se menciona al acuerdo internacional se hace sólo en cuanto a los porcentajes de capital sobre activos en riesgo que se solicitarán como cobertura. Y estos tampoco son iguales, es decir que no adelanta ni retrasa, crea otros principios.

Como es lógico, a las cajas de ahorros, y desde luego también a los bancos, les interesará saber con un poco más de detalle algunos aspectos enunciados por las cartas como la inclusión de las participaciones minoritarias, que desde luego sí están presentes en Basilea III, pero con algunos condicionamientos específicos que hacen una diferencia entre el día y la noche. Le tocará al ministerio especificar con más claridad a qué y cómo se refiere.
 
Una primera interpretación de esta elasticidad le ha permitido decir a la CECA el pasado jueves que todas las cajas de ahorros cubren con su capital el 8% del activo ponderado por riesgo. También tendrá que definir Economía cuál es la fórmula de ponderación a aplicar. Otros asuntos a definir son los conceptos de “una dependencia media superior al 20% de su crédito a la clientela en financiación mayorista neta de activos líquidos.” Este punto es curioso en particular. De acuerdo con las cifras del conjunto del sector el crédito hipotecario está en una cifra del orden de un billón de euros... solito él. La deuda externa de la banca en su conjunto es del orden de los 700.000 millones de euros. Las cédulas hipotecarias de la banca en su conjunto, es decir incluyendo a las cajas de ahorros, se han colocado mayormente en los mercados internacionales de capitales. Los depósitos de clientes en la banca en su conjunto no alcanzan ni por asomo al 50% de las inversiones crediticias. ¿Entonces, qué entiende el ministerio de Economía por financiación mayorista neta? La cantidad de preguntas que las precisiones ministeriales arrancan al menor análisis suscitan además una imagen añadida, la de un procedimiento de negociación empírico basado en la prueba y el error que se reduce a un tira y afloje entre las partes.

Lo normal de estos procesos es que sean negociados entre las partes sin luz y taquígrafos. El anuncio precipitado de la normativa en vísperas del viaje a España de la canciller alemana, Angela Merkel, despierta las más negras suspicacias. Mientras, los mercados internacionales lo que realmente esperan es la consolidación y ampliación de un fondo de rescate para Europa que Alemania pone en entredicho día si día no, el Gobierno piensa que ventilar las divergencias con las cajas de ahorros y los bancos es saludable. El criterio ha sido de toda la vida que cuando hay entidades en crisis se las interviene, se las sanea y se las vende. El debate público sobre los requerimientos de capital de la banca en su conjunto no puede menos que agravar las condiciones de financiación internacional de la propia banca. Si es cierto que este decreto ha nacido de la iniciativa de los presidentes de Banco de Santander y de BBVA por la creciente dificultad en obtener liquidez en los mercados internacionales para la banca española, culpando de ello a las cajas de ahorros, es harto dudoso que éste haya sido el mecanismo de concreción del andamiaje jurídico propugnado por unos banqueros que saben bien lo que vale la discreción. Sin embargo, y desde un principio, éste proceso se ha visto monitorizado por filtraciones a la prensa y mensajes indirectos entre las partes.
 
Este ha sido el mecanismo de progreso empírico mediante la prueba y el error, que ha sumado carga al lomo ya desvencijado de la opinión pública. El proceso es revelador de que no existe unidad de criterio ni en las filas oficiales ni entre éstas y la banca. Lo cual no quiere decir que no haya necesidad de un reforzamiento del andamiaje jurídico, empezando por la necesidad de permitir que el Fondo para la Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) acoja en su áulico seno a las criaturas bancarias que se han ido por el camino de la perdición, que seguro que las hay.

Entretanto vale la pena dejar en claro que Basilea III, el acuerdo amparado por el Banco de Pagos Internacionales a través de su Comité de Supervisión Bancaria, establece que el capital ordinario, definido como el capital por acciones capaz de absorber pérdidas, debe ser de un 4,5% de los activos ponderados por el riesgo. A este indicador se le debe añadir un 2,5% considerado como colchón o coeficiente de amortiguación. El total es por lo tanto del 7% para el capital ordinario. Si al capital ordinario se le añaden las reservas publicadas, el índice llega al 6%, y sumando el coeficiente de amortiguación al 8,5%. Finalmente llegamos al capital total, formado además por las reservas no publicadas, las reservas por revalorización de activos, provisiones genéricas y para riesgo de crédito, instrumentos de capital híbridos y deuda subordinada. De este hay que tener un 8% de los activos ponderados por riesgo, más el 2,5, con lo cual se llega al 10,5. Este es el máximo. Ahora, queda muy bien decir que se pide más que Basilea III y anunciarlo con bombo y platillo en vísperas de la visita de la canciller alemana.

Pero, rasca y gana, a poco de quitar el barniz de la superficie queda a la luz lo que tenemos. Unos conceptos de capital mal definidos o no hechos públicos que pueden hacer de risa las coberturas que se vayan a exigir. Desde luego todavía quedan unos días para que este pulso se acabe de definir y habrá que tener un poco de paciencia hasta ver como quedan establecidos finalmente los conceptos. Entretanto los bancos de negocios han visto llegar su hora en medio de la sequía reinante, y se han lanzado sobre las huellas de la inmensa oportunidad que les abre el decreto. Por cierto habría que saber si no ha sido alguno de ellos asesor de Economía en este proceso. Es este sector de la banca que vive de las comisiones y los honorarios la que sobrevuela como buitres a los cadáveres insepultos para ver como puede hacer el arreglo de los maridajes convenientes para sacar a algunas entidades de sus dificultades regulatorias. Estas evoluciones son las que han echado a rodar los rumores sobre fusiones cruzadas entre bancos y cajas. Y de eso seguro que algo hay. Incluso de algún banco extranjero.

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