edición: 2597 , Viernes, 16 noviembre 2018
24/12/2008
Observatorio Latinoamericano

Ecuador juega al miedo de la deuda

El ‘efecto Correa’ se contagia a Paraguay, Bolivia, Argentina, Venezuela y República Dominicana
Ana Zarzuela

Marea el humo de las amenazas y la ambigüedad, alimenta el miedo -al abandono de la dolarización y el default ecuatoriano- pero aplaca los caballos: les pagará a los organismos internacionales. Un paso adelante y dos atrás con tal de llegar a una reestructuración de la deuda, de arañar tiempo o condonaciones. Pero en el ‘pecado’ del impago de los 30,6 millones de dólares del Global 2012 y las amenazas sobre los 3.860 millones del total de la deuda externa ecuatoriana, el presidente Correa lleva ya la ‘penitencia’.

Su huida hacia adelante lo ha llevado hasta los jardines donde florecen las advertencias, las dudas, las fugas de la inversión y el capital, a un paso del acantilado del default. Para empezar, la CAF, el BID y el FLAR, que han visto cómo el contagio de la sombra del impago ecuatoriano rebaja su calificación de riesgo, por primera vez en años. Unas latitudes en las que no le van a permitir pasear a gusto sus vecinos. Menos aún si, como Argentina o Venezuela -los principales tenedores de deuda pública ecuatoriana- tienen que pagar las facturas del plante.

Caminan de nuevo la senda de las nacionalizaciones y el tango del chantaje que ya conoce Antonio Brufau. En un país que sólo bebe del grifo energético, en el que la caridad bien entendida siempre empieza por los inversores, las trasnacionales tiemblan ya. Asunción, Caracas y La Paz se suben al también al carro de la ‘revolución’ del impago. No hay como el humo del chantaje. Lo mima Correa, esta vez por partida quíntuple: le servirá para opacar la dimisión de la canciller -se ha ido harta de alimentar la grieta del desencuentro con Brasil, Argentina y Chile-, el escándalo de Fabricio Correa, su hermano, por corrupción en un negocio de explotación petrolera en el campo Pungarayacu. Para opacar la dimisión del ministro de Economía, le da cuerda a sus huestes electorales de cara a los comicios presidenciales de abril. Y para asustar el miedo de los bonistas y tratar de arañar en el agujero negro de su deuda.

Correa se entrega al mantra de la presión y -paradojas del bolivarianismo- busca alguna Banca de Inversión con la que bailar su paso a dos. En 2000, durante la última reestructuración de deuda, cuando el ministro Jorge Gallardo logró convocar al 85% de acreedores, lo hizo del brazo de Salomon Smith Barney y JP Morgan. Esta vez Correa está dispuesto a hacer sangre en sus espaldas con tal de no pagar: ya ha contratado a Paul Reichler y a otro despacho de abogados de EEUU para demandar a Citigroup y JP Morgan por la colocación de los bonos de deuda que considera “ilegales”.

A pesar de que el cuadro externo del país es uno de los mejores entre sus vecinos -sólo debe 13.000 millones de dólares, el 25% de su PIB- Correa lo pinta de negro. Ya lo había advertido, con la bandera del impago en ristre: si la caída del precio afectaba la inversión social suspendería pagos de deudas. Con el crudo ecuatoriano por debajo de los 50 dólares, sólo han sido necesarias las bendiciones de una Comisión de Auditoría de Deuda (creada para la ocasión) para proclamar que “parte de la deuda es ilegítima, alguna es ilegal y otra corrupta”.Engorda el miedo de los inversores y los bonistas. Para Correa, más que una tentación es una estrategia: renegocia desde el impago con los bonistas y el FMI el total de los 10.000 millones de dólares de la deuda externa. Si sale bien, rebajará sus márgenes. Aunque, a cambio, sus calificaciones y el valor del bono estén por los suelos  y los inversores busquen todas las puertas de salida.  Es Correa el primero en proclamarlo: que caigan los bonos y suba el riesgo país, “al gobierno de la revolución ciudadana le tiene sin cuidado”. Por más que con cada palada el bolivarianismo kamicace cave la fosa de su laberinto. Por más que dispare con los cañones de Bolívar al mismísimo Chávez, que tendrá que tragarse más de 400 millones de dólares en títulos estructurados ligados a la deuda ecuatoriana.

Le ve las orejas a más de un lobo. Propio y ajeno. Castiga el susto en las espaldas de las multinacionales. Con las pensiones, le envidia la suerte a los Kirchner y promete no seguir viendo la nacionalización desde la barrera. Por primera vez, desde 1999, pasa incluso las líneas rojas de su reino: igual que Argentina hace 6 años, coquetea con la frontera del default. Pero no tanto. Correa, al fin y al cabo un economista formado en los Estados Unidos, conoce las líneas rojas de los 10.000 millones de dólares de su deuda externa. Standard & Poor's ya ha recortado la calificación de la deuda de Ecuador a "CCC-" desde "B-" y ha colocado la observación de sus bonos a implicaciones negativas. El valor del bono se derrumbó y su interés se disparó a más de 100% por el alto riesgo. Eso afectó a los bonos de la región: perdieron un 3% de promedio desde que Quito ondea la bandera del ‘no pagarán’.

Correa lo sabe. Por eso recapitula con la OPEP, jura que no habrá marcha atrás en la dolarización y sólo se arriesga a amenazar la deuda externa que no está contraída con organismos internacionales (4.258 millones). Repite la coreografía del miedo que ejecutó ya con el BNDES brasileño. Pagar, pagará. Pero después de cuatro meses de amenazas, ha conseguido rebajas en los 240 millones de dólares que la entidad de desarrollo carioca le prestó para construir una central con Odebrecht. Y ahora quiere reeditar el tango del chantaje y forzar un plan de reestructuración de la deuda, tensar a sus acreedores y bailar con cada uno de los tenedores de bonos un tango de distinta intensidad. Aún a costa de abrir la puerta a los juicios por discriminación en los pagos. No quiere empuñarla en solitario: como ya hizo con su repudio al Ciadi, el presidente brasileño ondea la bandera del impago esperando que le sigan los vecinos.

VECINOS BAJO CONTAGIO

Cada vez está menos solo en un ‘barco corsario’ que topa con las calificadoras, el miedo de los mercados, la tocata y fuga de los capitales y las exigencias de los organismos internacionales y las instituciones de crédito. El fracaso de México en la recompra de sus bonos para evitar que estos bajen de precio, la mala posición de la deuda venezolana, y la peor situación de los bonos argentinos arropan las zozobras de Rafael Correa. El gobierno mexicano intentó en una subasta una segunda recompra de sus bonos. Los resultados no fueron los esperados y tan sólo adquirieron 4.340 millones de pesos (247 millones de euros). Para esta operación habían destinado 18.000 millones de pesos (1.038 millones de euros), que forman parte de los 40.000 millones de pesos (2.307 millones de euros) que decidió destinar en octubre a la compra de sus bonos. Argentina y Venezuela presentan unos bonos que han llegado a perder alrededor del 50% de su precio inicial. El presidente de Paraguay, Fernando Lugo, no deja de amenazar con seguir los pasos de la ‘yenka’ del chantaje ecuatoriana  y poner en cuestión la legitimidad de sus 2.000 millones de deuda externa. Y, a la luz de la prima de riesgo para sus bonos, los analistas alertan del riesgo de suspensión de pagos en República Dominicana.
El rumbo por el cual quiere circular el presidente Correa sólo incrementa la inseguridad jurídica de los inversores, que se retraerán de nuevas aventuras en el país. Los analistas locales advierten de la paralización de créditos internacionales, la falta de liquidez, el desplome de la dolarización y hasta potenciales embargos de recursos como posibles consecuencias de la medida. De hecho, en los últimos días, el riesgo país coquetea con los 5.000 puntos. Esto ocurre cuando desde dentro de la empresa estatal ecuatoriana de producción de petróleo (Petroecuador) comienzan a surgir voces advirtiendo que el límite de producción de crudo está cercano si no se invierte más en exploración y prospección y si no se destina más dinero a mantener activos los campos que han iniciado su declive descendente. La crisis global erosiona a Ecuador en los flancos propios y ajenos: por cada dólar que cae el petróleo -que aporta un 40% del presupuesto nacional- el país pierde 40 millones netos. Y las remesas se han reducido más de un 10%.
Rafael Correa calienta el camino hacia las elecciones de febrero con las reforrnas económicas y energéticas ya en el horizonte de la voluntad. Está a un paso del control del Banco Central y con él de la política monetaria; se siente depositario del derecho a darle otra vuelta de tuerca a  los sectores estratégicos a través de las empresas públicas y ha metido ya al ‘horno’ legislativo una nueva ley de seguridad financiera y una regulación “urgente” del sector minero.

De ahora en adelante, las empresas que deseen invertir en el país deberán devolver al Estado el 70% de sus ganancias en impuestos. Correa promete cegar a las multinacionales con todos los destellos del ‘nuevo amanecer populista’. Con la brasileña Odenbrecht -expulsión e impago de la deuda o rendición- le han dado buen resultado: aplicará a todos la misma medicina. Para comenzar, se lo recuerda a Telefónica y Repsol: si no invierten, puerta. Telefónica paga un canon de concesión de 206 millones de dólares, reducirá en 22 centavos de dólar su techo tarifario y abonará en cuotas una parte del valor durante quince años, lo que incrementará el monto que fue acordado inicialmente con las autoridades.

ESPANTADA INVERSORA  ESPAÑOLA

Las amenazas de correazos -el impuesto a la salida de capitales y el mayor control estatal- tienen nerviosos y recelosos a los sectores productivos, los bancos, las empresas nacionales y los inversores internacionales en Ecuador, por mucho que trate de forzar las inversiones futuras con cada renovación de contrato. Al ecuatoriano se le rebelan las cuentas y apedrea al mensajero, el BCE, que en su último informe sobre inversión extranjera se ha atrevido a enseñar las costuras de la zozobra económica: el país registró en el cuarto trimestre de 2007 un nivel negativo de 295 millones de dólares. Incrédulo, Rafael Correa se resiste a creer que las arremetidas contra las multinacionales, el repudio del Ciadi y su ´tango´ favorito -el del chantaje- hayan comenzado a pasarle facturas. De poco le sirve que informes como el del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad Católica adviertan que mientras la IED en la región creció un 46% el año pasado y se ubicó en 105. 900 millones de dólares, en Ecuador los dólares y los euros salen a la fuga desde 2006.

Es mucho más que los 400 millones de deuda pendiente con España (del total de 1.515 con países del Club de París) lo que está en riesgo. Quito no descarta poner en cuestión también otros préstamos españoles, ya que de 36 contratos de crédito bilateral analizados -y repudiados- por la CAIC, 16 son de España. Pero espanta ya a las grandes inversiones españolas, relegado a los últimos lugares del continente (apenas un 0,2% del total) junto a Bolivia y Uruguay, muy por detrás incluso de Venezuela. Se lo han recordado -en un informe del Instituto el Instituto de Empresa Business School y la consultora Gavin Anderson & Company- las siete grandes multinacionales españolas con presencia en el país: ya sólo un 5% de los grandes inversores españoles piensa que la evolución de la economía ecuatoriana y su contexto de inversión será favorable.

Los euros y los inversores huyen, con las españolas en cabeza. Dolores de cabeza para FG, que ya tuvo que comerse su banca para inmigrantes en España, gracias al descenso de las remesas y ve cómo sus pensiones peligran en tierras ecuatorianas y sus tentáculos bancarios se retraen ahora que el contexto se vuelve irrespirable para las entidades financieras. Ahora que el Banco Central les ha dejado a la intemperie, privado de la política fiscal y monetaria y que sus miembros saltan de la institución, los bancos privados le sienten la respiración a Rafael Correa, dispuesto a hacer valer la mayoría en el referéndum en las espaldas de la Banca.  Para empezar, la nueva Constitución prohíbe todo endeudamiento público que no sea para proyectos de inversión, cierra las puertas a las líneas de fortalecimiento financiero y deja el Fondo de Liquidez sólo en manos del Estado. Ni siquiera la dolarización -advierte la Unión de Bancos Suizos- tiene garantizadas sus constantes vitales en Ecuador.

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