edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
04/12/2008

EDF se ciega con la voracidad americana de Gadonneix

J.A.- Es lo que tiene la gula, que se alimenta sola. A EDF, la Europa continental se le ha quedado pequeña. Constellation se convirtió en el muro de sus lamentaciones nucleares; las restricciones financieras obligaron a la gala a aparcar sus planes hace dos meses, pero está dispuesta a volver a purgar sus pecados sobre él. Esta vez con el ariete de 4.500 millones de dólares, una prima del 96% con la que espera doblarle el brazo a un acuerdo sellado ya hace más de un mes entre Constellation y el holding MidAmerican Energy.

De momento, los bocados, grandes para ser digeridos envenenan su futuro, pendiente aún de consumar la digestión de British Energy y que las cuentas no le salen en el despliegue nuclear francés. Emponzoñan también la mesa del Elíseo. La sombra de Sarkozy tras el 85% de EDF invita al presidente a poner a cubierto su recién estrenado fondo soberano francés.

Pero con las ansias de su oferta, Gadonneix desnuda también sus miserias estadounidenses: el órdago de Warren Buffet le duele demasiado en las carnes de su orgullo, pero sobre todo en la piel de los ensueños trasatlánticos. Pierre Gadonneix se niega a quedarse ‘soltero y sin compromiso’, con el pie del 9,5% recién adquirido dentro de Constellation Energy,  un acuerdo a cuatro manos para desplegar su reactor de nueva generación y con la compañía Unistar en común. Todo en la nevera. Y fuera de juego en el territorio nuclear que Barack Obama reordena ya con con la promesa de independencia energética antes una década, aspira a darle cuerda de nuevo a las nucleares en EE UU.

El presidente de EDF baraja los siete pecados capitales en la tierra de las oportunidades. La mentira le llevó a negar su interés por Constellation cuando vio los floretes de Warren Buffet pretender sus favores hace dos meses; el pecado de la pereza dejó a Constellation en manos de los cuidados intensivos del ‘Oráculo de Omaha’. La envidia con el desembarco norteamericano de Iberdrola lo pierde; la gula atraganta su coqueteo en British Energy y el orgullo lo empuja a dar otra vez de lleno en los muros de Constellation. La penitencia se la cobran ya los analistas y los mercados. Se preguntan cómo digerirá un bocado de 4.500 millones de dólares, el doble del que tuvo que vomitar hace dos meses. Cómo se hará con el visto bueno del regulador estadounidense. Y cómo lo hará con los platos de BE y sus planes portugueses esperando en la mesa.

Quiere ser el perejil de todas las salsas nucleares. Pero el malabarismo puede acabar con más de una pelota en el suelo. La cuarta eléctrica del mundo no está para espejitos de colores, por mucho que se agiten con “grandeur”. Se hipnotiza a sí misma con el alcóhol de los euros franceses y la tutela política del Elíseo. Sólo eso ha mantenido sus ratings y le ha permitido seguir de caza, a pesar de la falta de trofeos y de que su músculo financiero sufre más de una contractura, ahora que se atraganta con el humo de sus malabares recién estrenados en China con CGNPC. Ni siquiera las ventajas de los balones de oxígeno que la tutela de Nicolas Sarkozy le brindan impiden que analistas como los de Standard & Poor´s  le recuerden que el músculo no acompaña a sus cuentos de la lechera: tiene una “flexibilidad financiera” que resulta “limitada” ya sólo para afrontar la adquisición de British Energy. Y que Fitch y Moody´s den por hecho un descuento en la calificación de su deuda a medio plazo.

FACTURAS BRITÁNICAS  Y GALAS

Gadonneix traga rápido para que no se le enfríe el recién servido de Britrish Energy y para no degustar el amargor de una operación dilutiva que le exige limitar su paraguas británico y abrir la puerta a sus competidoras europeas. EDF llama a la legión de Centrica, una pareja aliada de los ‘anfitriones’ del Estado británico, con buena ‘digestión’, interés nuclear (podría equilibrar su negocio) y dispuesta a hacerse con el 25% de la empresa resultante.  Es que la mayor adquisición de la historia de EDF atraganta hasta el recuerdo de los analistas, que previenen a Gadonneix: puede acabar reeditando la ofensiva de su antecesor François Roussely en Latinoamérica y encallar -como él hizo en Brasil- en los muelles regulatorios y las barreras del techo de precios al consumo. A la vista de los 35.000 millones que promete invertir Electricité de France antes de 2010 y del empeño en embriagarse con sus ansias napoleónicas, no da para muchas alegrías más.

Areva no está para ‘menages a trois’ en EE UU. Nada separará a Anne Lauvergeon de sus planes de hacerse con el 30% del mercado de nuevas centrales nucleares en tierras de Barack Obama, un plan que pasa, al menos, por siete reactores nuevos. Seguirá sus acuerdos con Unistar, incluso en ausencia de su socia gala. Y se propone abrir una fábrica de componentes pesados para nucleares con Northrop Grumman. Ahora le pelea las centrales ERP y le amarga el calendario a EDF en casa: el reactor en Normandía no entrará en servicio hasta 2013, un año más tarde de lo previsto. Hasta la primera EPR, la que iba a ser la joya de su despliegue nuclear, amenaza ya con convertirse en un lastre para su rentabilidad y sus cuentas. La eléctrica ‘triclor’ tendrá que asumir una subida de un 20% en los costos de producción de sus EPR en Francia, hasta un horizonte de 4.000 millones de euros, ligeramente inferior a los 55 euros por megavatio/hora, justo el techo por encima del cual las ventajas económicas de la producción energética nuclear gala se le evaporarán entre las manos a Pierre Gadonneix.

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