edición: 2939 , Jueves, 2 abril 2020
27/06/2019
Un G20 propenso al enfrentamiento y la ineficacia

EE UU y China juegan con el mundo y con Europa como convidado de piedra

Europa, atada de pies y manos frente al duelo comercial de las dos superpotencias y estas como patrocinadoras de un diálogo de sordos en el principal escenario de un debate económico que no va a tener consecuencias positivas
Juan José González
De nuevo, una reunión de los principales países del mundo para pasar revista a los problemas económicos. El momento es crítico, como casi siempre, aunque este es distinto. El orden económico internacional es ahora el desorden económico internacional, sumido en una especie de babel provocada por el enfrentamiento y la puesta en juego de provocadoras políticas comerciales. En este escenario, señalar a Donald Trump, presidente de Estados Unidos como el provocador, el origen del problema o la causa es decir bastante pero también bien poco. El desarreglo de las relaciones comerciales está llamado a provocar intensos debates en la reunión que comienza hoy viernes y se prolonga hasta el sábado. El guion deja entrever que los problemas entre los bloques clásicos de Occidente, estará plagado de contradicciones y reivindicaciones, de reproches, incumplimientos e inquietudes. Si hay algo cierto es que la agresiva actitud del presidente norteamericano ha servido para hacer una buena venta de esta reunión en Osaka (Japón) en la medida en la que se constata que la política comercial internacional es uno de los ejes principales en los que el mandatario Trump utiliza como palanca para quedarse otros cuatro años más en la Casa Blanca. Y no hay que olvidar que el presidente actual se encuentra en plena campaña política.
La cumbre de Japón reúne al 90% del PIB mundial organizado (desorganizado más bien) en bloques económicos. Se desarrolla en un momento de pleno desconcierto, de anomalía en las relaciones internacionales, marcadas por la falta de comunicación, tratamiento y entendimiento de los bloques. En la reunión, que cuenta con un guion general informal, orientativo y general, no aparecen los problemas del comercio internacional, los que hoy suscitan mayor controversia, no se hablará específicamente de aranceles, no está previsto en el orden del día. En cambio, sí se debatirán asuntos como la economía digital y el cambio climático, por citar alguno.

Sin ser temas relativos de forma directa a las relaciones comerciales entre países (o bloques) los señalados del cambio climático y la economía digital son asuntos de general interés sobre los que parece existir un clamoroso desbarajuste. Son, en último extremo problemas e inquietudes de las sociedades occidentales, si consideramos por tales las desarrolladas. Se da el caso en el que el problema general va a exigir para su solución una respuesta conjunta, una política común para, por ejemplo, resolver el problema del medio ambiente, de la contaminación de los mares o de las desigualdades de la población mundial.

Y la reunión de Osaka se presenta como el escenario ideal para la resolución de problemas que poco o nada tienen que ver con la delimitación de espacios políticos o la existencia de fronteras. El inconveniente que salta a primera vista para conseguir un tratamiento razonable de los problemas señalados antes es que la conferencia va a estar liderada, sometida y dominada por dos grandes actores políticos quienes de forma voluntaria y desinteresada se van a prestar al diálogo, pero diálogo de confrontación porque EE UU y China están enfrentados por una batalla más política que comercial.

El riesgo de que al término de la reunión del G20 no se produzca ningún acuerdo, lleva a concluir que el desorden económico y comercial mundial de hoy no es nada comparado con el que se producirá en el futuro. Se diría que quien así opina ya está adelantando y admitiendo una derrota, el desacuerdo entre bloques económicos que conducirá al mundo occidental, y seguramente al resto, a una nueva y profunda crisis económica mundial. Porque las posturas mantenidas en la antesala de la reunión no son precisamente conciliadoras sino de alejamiento y rechazo.

Así las cosas, se intuye que la falta de voluntad previa para resolver las diferencias entre las dos potencias comercialmente enfrentadas, no parece anticipar arreglos ni soluciones, acercamientos o principio de entendimiento entre las dos potencias (EE UU y China) sino todo lo contrario. La cumbre del G20 por tanto, está llamada a certificar el desorden mundial comercial, la falta de comunicación y entendimiento entre bloques económicos lo cual ya adelanta un balance presumiblemente negativo y por tanto perjudicial y adverso para el convidado de piedra, el tercero en discordia, Europa, designada y resignada pasiva a sufrir el enfrentamiento de las dos superpotencias.

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