edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
03/10/2009
Estrés hídrico

El agua, el petróleo del siglo XXI

La Agencia Europea de Medio Ambiente pide que el debate sobre el cambio climático enfoque la problemática del agua
Los sistemas de riego no sostenibles malgastan buena parte de los recursos hídricos
Beatriz Lorenzo

Tomar las medidas necesarias para canalizar sus reservas de forma sostenible, se revela como uno de los principales retos de la humanidad para el siglo XXI. Desde la época de la Revolución Industrial, el hombre no ha cesado en su empeño de contaminar ríos, mares y acuíferos, destruyendo las reservas del consumo y devastando los bosques, fieles guardianes del agua.  Amparados por la necia creencia de que el agua era un bien inagotable, la factura aparece ahora en números rojos y hace saltar las alarmas de expertos y mandatarios mundiales. En el mundo hay más de 1.000 millones de personas que no tienen acceso al agua potable y casi 3.000 millones que carecen de saneamiento básico, limitaciones muy graves para lograr mejoras en la calidad de vida y un obstáculo poderoso para cumplir las Metas del Milenio para el 2015. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) ha pedido que el actual debate sobre el cambio climático se centre en la problemática del agua de forma tan potente, al menos, como lo está haciendo en la eficiencia energética y de los edificios.

Si bien parece imposible abordar el tema de la mitigación del cambio climático sin tocar temas tan esenciales como el agua y la tierra, parece que los líderes mundiales temen tocar temas tan delicados, caldo de cultivo ideal para odios, rencores y rencillas, y prefieren centrarse en aspectos más concretos y mejor definidos como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero o el auge de las energías renovables. Cada vez más, sin embargo, los fenómenos climáticos extremos como olas de calor y sequías van llamando la atención sobre la necesidad de centrar el punto de mira en la eficiencia y calidad del agua.

REGADÍOS PELIGROSOS

Las cifras demuestran que el uso del agua en Europa no es sostenible. El sector agrícola utiliza hoy en día un 24% del agua extraída de la UE. Urge entonces que los agricultores opten por métodos de riego más eficientes. Desde la Asociación Europea de Federaciones de Agua (EUREAU) ha mencionado la necesidad de reformas en la Política Agraria Común (PAC) que pongan el acento en la escasez del agua, ahondando en la formación de los agricultores sobre la correcta elección de los cultivos según el clima y sobre todo en el empleo de métodos de riego no abusivos. Sin duda el precio del agua se perfila como el mecanismo más eficiente para hacer uno uso agrícola de ella mucho más eficiente. Según la Directiva Marco del Agua, que rige a nivel europeo, los estados miembros deberían asegurar que en 2010 los precios del agua proporcionen a los usuarios incentivos adecuados para usar el agua eficientemente. En cada caso deberán desarrollarse análisis transparentes y en profundidad de los precios y sus efectos económicos y sociales, sancionando los abusos de consumo según el principio de "quien contamina, paga", es decir, penalizar económicamente el desperdicio del agua.

Paradójicamente, mientras el mundo se muestra inquieto y abatido ante las escasas reservas de agua y los perjudiciales efectos del cambio climático, el tratado fruto de la Convención del Uso de las Aguas Internacionales No Navegables, encaminado a proteger los ríos y lagos compartidos entre países, enflaquece ignorado por todos, ratificado por muy pocos países, muchos menos de los necesarios para que se haga efectivo. En un empujón a esta iniciativa, España se convirtió el pasado 30 de septiembre en el decimoctavo país en unirse a la firma del acuerdo.

España, uno de los mayores consumidores de recursos hídricos de Europa, tiene ya experiencia en acuerdos sobre el agua. El último fue la firma de la Convención de la Albufeira sobre gestión de ríos en Portugal, en 1998. Además, España debe también aplicar la Directiva Marco de Agua, pero, al igual otras naciones mediterráneas, como Italia o Portugal, experimenta dificultades en su puesta en marcha por la enorme presión del regadío y el turismo sobre los recursos.  Por ello, la directora general del Agua del Ministerio de Medio Ambiente y de Medio Rural y Marino (MARM), Marta Morén, anunció el pasado 1 de octubre que el Gobierno invertirá 1.145 millones de euros en actuaciones de mejora en los sistemas de regadío. Morén ha explicado que el Ejecutivo está negociando con los gobiernos autonómicos la futura Estrategia de Nacional para la Sostenibilidad de los Regadíos Horizonte 2015, que contará con una inversión total de 2.372 millones de euros de los que el Gobierno pondrá la cantidad antes citada.

BEBIDAS CONCIENCIADAS

La preocupación por la problemática del agua también ha llegado a la industria de las bebidas, que obviamente la usan en gran cantidad como ingrediente de sus productos. Multinacionales como Nestlé o Coca-Cola – cuya imagen de marca ha ido acompañada a veces de una dudosa reputación en los últimos tiempos- han anunciado ya campañas para contribuir a la conservación de las reservas de agua, en un intento por mejorar su renombre. Bajo el mantra “el agua es el nuevo petróleo”, se está empezando a prestar una atención especial a los métodos de transporte y envasado para no desperdiciar ni una gota del preciado líquido, a la par que muchas cadenas hoteleras y de restauración están llevando a cabo una eliminación gradual del agua embotellada en sus establecimientos.

Y es que los costes del agua en las plantas de envasado de refrescos y cerveza están aumentando a un ritmo próximo al 12% anual, según ha revelado Andy Gales, responsable de Desarrollo Sostenible de la cervecera SABMiller, una de las pocas compañías, junto con Pepsi y Coca-Cola que se preocupa por calcular la “huella del agua” en sus procesos de fabricación.

Así pues, tanto como escudo para enfrentarse a las críticas como método de reducción de costes, las multinacionales de bebidas se están preocupando cada vez más por fijar objetivos de conservación del agua, construcción de pozos comunitarios (en sus  numerosas filiales en los países emergentes) y buscando nuevas tecnologías para reducir los litros de agua que se utilizan para la fabricación de sus productos. Algunas empresas optaron por estas medidas al verle las orejas al lobo, como Coca-Cola tras una sequía en el estado indio de Kerala que provocó el cierre de una de sus plantas de embotellamiento.

Es evidente que los efectos del cambio climático y su repercusión sobre el agua inciden no sólo en su uso y consumo “puro”, sino también en los procesos de fabricación que la necesitan como ingrediente principal. Las multinacionales, culpables en buena parte por sus excesos de la escasez actual, han de ponerse ahora las pilas para reparar y detener los daños causados.

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