edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
10/11/2017
banca 
Pendiente del saneamiento crediticio

El ajuste urgente en Santander prueba sus dificultades para mantener la rentabilidad

Los quebrantos crediticios por el Popular son de tal envergadura que obligan al grupo a tomar medidas urgentes, como los 2.000 despidos
Juan José González
La visita de los expertos de la Comisión Europea y del BCE a finales del pasado mes de octubre, los célebres `hombres de negro´, ha sido la antesala de dos acontecimientos puntuales dignos de mención: de un lado, la tradicional presentación de resultados trimestrales que, en este caso, ofrecen una panorámica bastante completa de la marcha del sector, y de forma individual, al tratarse del acumulado de nueve meses, y, por otro, el anuncio de la primera entidad bancaria del país, Santander, de un ajuste en el entorno de los 2.000 trabajadores. Los dos eventos han llamado la atención de numerosos analistas habida cuenta de que se produjeron una vez pasada la visita de los técnicos del BCE y, sobre todo, después de conocer los términos de su informe. Un informe que era esperado por el sector al entender que en el mismo se hacía un balance del rescate bancario, al tiempo que un reconocimiento de los aspectos que podrían considerarse pendientes en esta fase de la recuperación. En palabras de un banquero, "necesitábamos saber su opinión sobre cómo somos percibidos por el supervisor europeo en esta fase de resaca de la crisis". Y de la resaca señalan que, a pesar de los progresos en general que se producen en el sector, éste todavía muestra algunas carencias y en concreto una tarea pendiente como es la recuperación de la rentabilidad, aspecto en el que la banca española aún está por debajo de la que presenta el sector bancario en otros países europeos.
Los técnicos del BCE y de la Comisión Europea no han escatimado en calificativos y han señalado con claridad meridiana que el sector bancario español o bien no ha sabido aprovechar la recuperación de la economía o bien no ha podido seguir la senda de la recuperación. En el caso de esta segunda posibilidad, los expertos apuntan a que ello es debido a que todavía los balances de los bancos españoles continúan presentando niveles muy elevados de activos tóxicos, lo cual está pesando como una losa e impidiendo progresos en la rentabilidad.

Es probable que, sin quererlo, los `hombres de negro´ estuvieran apuntando en realidad a la situación puntual que vive el primer banco del país, y en concreto a la adquisición del Popular por parte del Santander. Una operación que los técnicos siguen con mucho interés pues se trata de una entidad que reunía una problemática muy diversa y una crisis igualmente profunda, y que dió lugar a que se convirtiera en la primera entidad a la que se aplicaba el modelo de resolución previsto por el supervisor. 

Para estos técnicos europeos la integración del Popular en Santander no acaba con la presentación de unos resultados trimestrales positivos, sino que podría afirmarse que es a partir de estos, cuando parece que el comprador comienza a valorar en toda su dimensión y profundidad de los quebrantos del Popular, y que probablemente desconocía el comprador en el momento del pago de un euro por el quebrado.

Los resultados trimestrales del sector muestran sin embargo que las entidades avanzan en sus cuentas, obtienen un rendimiento positivo en su trabajo de intermediación financiera, un producto que se desprende de la diferencia entre prestar y tomar depósitos y su muy baja remuneración, pero que las entidades deben completar con mayor actividad en el cobro de comisiones por servicios y participación en operaciones financieras. Es decir, la actividad típica bancaria, a falta del aporte de unos tipos de interés más favorables para conseguir un margen mayor, debe desarrollarse bajo unos exigentes criterios de gestión de costes.

Y en este sentido, la solución o salida más urgente para Santander, la entidad con mayores dificultades para mantener la rentabilidad, tras la integración del Popular, ha sido la misma que han elegido otras entidades como Deutsche Bank (despido de 23.000 empleados) y Unicredit (despido de 10.000 empleados). Medidas urgentes, y el despido es la más urgente de todas, la que ahora acomete Santander cuya plantilla ha superado ligeramente los 200.000 trabajadores tras la integración del Popular, un nivel considerado crítico para mantener la rentabilidad en los próximos trimestres, y que no podrá ser compensada siquiera por la transformación tecnológica en la que tiene depositadas tanto sus esperanzas como sus inversiones.

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