edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
24/02/2009
BELVEDERE

El alarmismo del Gobierno puede ser una táctica para forzar y controlar la fusión de cajas

Un peligroso juego de generalización que siembra dudas sobre todas la entidades bancarias sin excepción
La suma de entidades en mala situación no crea una buena ni con ayuda oficial porque el liderazgo en la gestión es imprescindible
Pedro Solbes, ministro de Economía

No es admisible que desde el Gobierno se esté poniendo en cuarentena al sector bancario si no es porque se avecina una cadena de crisis y se quiere dar la impresión de que las soluciones están preparadas. Pero las generalizaciones son peligrosas, además de irresponsables en boca de un político, más si está en el ejercicio del poder ejecutivo. Los mensajes cruzados desde Moncloa, Economía y Banco de España (los de Sebastián mejor no tenerlos en cuenta porque sólo son para llamar la atención apuntándose al bombardeo), tienen dos frentes no suficientemente diferenciados quizá deliberadamente. Por un lado, se llama a aflorar todos los activos dañados, que se supone son cuantiosos, y que afectan a todas las entidades. Pero como unas entidades tienen mejores posibilidades de encaje que otras, las autoridades comienzan a diferenciar para definir un segundo frente, el de las cajas. En estas se sabe que hay problemas y muy serios en una parte importante de las 45 existentes, tanto como para que se espere algún tipo de intervención. Pero eso se mezcla con la necesidad, posiblemente imperiosa, de forzar un proceso de concentración que va más allá de la simple reducción del número de entidades, quizá preparando el terreno para su posterior transformación en sociedades anónimas puesto que en parte importante han perdido su razón de ser, la justificación de sus peculiaridades.

Pero en los mensajes gubernamentales hay una elevada dosis de alarmismo, posiblemente provocado para “incentivar” el fin último, la concentración más allá de las limitaciones geográficas. Es un juego ciertamente peligroso que requiere pasos milimétricamente medidos, algo realmente difícil porque siempre habrá metepatas como Sebastián que descabale el montaje y provoque situaciones indeseadas.

No obstante, el proceso de concentración de cajas es absolutamente necesario, lo que no significa que no haya que aplicar el cuento a los bancos, pero en este caso el asunto es más fácil porque el mercado tiene sus mecanismos. Hay demasiadas entidades financieras en España y su reducción, con el consiguiente redimensionamiento de las que queden, es obligada.

El Banco de España tiene suficiente información de las entidades como para controlar el proceso y evitar impulsos forzados por la urgencia que lleven a operaciones con poco sentido que salven el problema momentáneo pero creen otro mayor en un horizonte cercano. Un proceso en marcha interesante para testar la situación es el emprendido por las cajas de Castilla-León. Veámos.

Todas ellas se desmarcaron de las negociaciones políticas para evitar su influencia y decidieron emprender el viaje por su cuenta. No es mal principio pero conviene que los árboles no tapen el bosque. Si exceptuamos Caja Duero, el resto de las castellanoleonesas están averiadas o cerca de ello. Ávila, Circulo de Burgos y Segovia están a tres pasos de la calificación “basura”. Caja España y Burgos, a cuatro. Y todas ellas en perspectiva negativa lo que nos indica que tras los resultados trimestrales previsiblemente bajen un escalón. Si tenemos en cuenta esta situación, cabe preguntarse si es oportuno que se haga esa unión y si va a servir para algo. Aunque Caja Duero se salva de la quema, es insuficiente para aguantar al resto.

Por lo tanto, esa fusión necesitará de abundantes recursos públicos y pocas garantías de que la resultante va a estar en la dimensión y las condiciones para competir en el mercado nacional. El ámbito autonómico se queda estrecho. El único sentido que tendrá esa fusión multibanda -nada que ver con la chorrada esa de la fusión virtual porque no es fusión pero sí es virtual-, es que sea el preludio de otra posterior concentración con otras cajas, individuales o consecuencia de otro proceso de concentración.

La Caja Círculo de Burgos, más conocida por Caja del Círculo Católico, se ha desmarcado del proceso iniciado por las otras y parece que lleva a gala no tener en marcha otra opción. Ayer mismo desmentía que tenga o haya tenido conversaciones con las afines de apellido católico, como son la CAI aragonesa o Cajasur. Por mucho que las afinidades estén claras, lo que en teoría facilitaría la labor, lo cierto es que esa operación a tres bandas carecería de sentido. La dispersión geográfica es mayúscula y la suma de las dimensiones individuales produciría una entidad insuficiente.

En Cataluña hay una situación peculiar. Por un lado, La Caixa, un valor en sí misma y con el suficiente tamaño para continuar su viaje en solitario. Además, posiblemente sea la caja mejor preparada para ser un banco. El resto de las catalanas está en una situación similar aunque no tan acusada como las de Castilla-León, lo que nos vuelve a llevar a la misma duda sobre si la unión hace la fuerza o simplemente crea un depósito de problemas más controlado y controlable.

En Andalucía existe el liderazgo claro de Unicaja y el proceso ya está iniciado. Pero ¿podrá Unicaja con todo? Quizá en este caso las ayudas oficiales sean suficientes para resolver la cuestión.

Lo de Asturias es inviable y tendrá que buscar socios. En Levante el problema no parece que sea acuciante pero también es inevitable el proceso de concentración -incluida Murcia-. Veremos dónde llega el deterioro pero además no resistirán por comparación. La fusión regional crearía una entidad de tamaño respetable pero quedaría restringida en un territorio cercado.

Parece que el autonómico es el ámbito propicio para una primera oleada pero no resulta fácil controlarlo desde la Plaza de Cibeles y, sobre todo, romper después el cordón territorial. El derecho de veto de los gobiernos autónomos existe pero la realidad es que el Gobierno central podría quitárselo de un plumazo. Mejor incluso si lo hiciera el Congreso.

Quizá por eso el ejemplo de lo que ocurre con CCM y Unicaja merece una detenida observación. Se rompe el límite territorial antes de que las andaluzas haga su propio proceso y eso crea un buen precedente. A pesar del ejemplo, es hora de que se plantee hurtar a los gobiernos de las distintas comunidades capacidades de intervención. No está en juego una suma de problemas locales sino una estrategia que debe tener dimensión nacional.

Ahora, a esperar las crisis.

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