edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
12/01/2017
Planes de contingencia

El año electoral en Europa provoca un ajuste de calendarios

Empresas y bancos adelantan sus planes financieros, aplazan inversiones mientras el futuro del euro se decidirá en las urnas 
Juan José González
Que media Europa transita con Gobiernos provisionales en algunos casos y en funciones en otros, se acerca mucho a la realidad. En la práctica, Italia y Gran Bretaña se puede decir que viven en la provisionalidad, a la espera de que se convoquen nuevos comicios en un caso, mientras que por otro la gestión del Brexit se antoja como instrumento de desgaste del Ejecutivo británico al que, sin duda -condena- le fija una fecha de caducidad no muy lejana en el tiempo. En Alemania el Ejecutivo gobierna con las limitaciones propias de quien sabe que en pocos meses tiene una cita con las urnas, lo cual le sitúan en una posición de evidente debilidad. En Francia más de lo mismo y, aunque de menor relevancia, en dos meses habrá novedades en Holanda. Por tanto, el mapa europeo político está en trance, en momento crítico para los Gobiernos y los gobernados al tiempo que decisivo para los mercados, las empresas y los inversores. Situación que durará casi todo el año, pero en prevención de resultados, anomalías o sorpresas casi todos los agentes económicos han adoptado algún plan de contingencia, un ajuste de calendarios.
Los grandes bancos se apresuran en el cumplimiento de sus obligaciones normativas y ejecutan sus planes financieros a mayor velocidad de la habitual. Las empresas grandes siguen el mismo camino en el adelanto de emisiones de deuda; es una carrera contra el reloj. Y no sólo porque los tipos de interés se mantengan aún en tasas razonables para los costes de emisión, sino también, o sobre todo, porque el calendario electoral de media Europa, la Europa que manda y demanda, apremia. A la vuelta de la esquina están las elecciones en Holanda (marzo). En abril vendrán las de Francia. Alemania en septiembre. Mientras Italia y Reino Unido estarán expuestos a las inclemencias del tiempo político que marcarán sus particulares líos internos y externos, sujetos a su singularidad.

El panorama es de incertidumbre máxima se mire por donde se mire: los sindicatos se plantean reaccionar ante el calendario político cuyo resultado les puede traer notables novedades, como por ejemplo, y como señalan algunas previsiones, se producen avances, subidas, llegadas al poder de formaciones políticas radicales de derecha. Las empresas aceleran presupuestos, ajustes, planes financieros, deuda, emisiones y demás en un intento de adelantarse a los acontecimientos. Daría la sensación de que algunos preparativos previos, cambios de calendario y aplazamiento de proyectos estarían descontando un escenario europeo más próximo al barullo que a lo que en realidad debería ser la consecuencia lógica de unos cambios políticos al gusto de las mayorías, el orden y la proporción, la calma y la certidumbre.

La escena política, social y económica se presenta con fuerte incertidumbre local, es decir, en los escenarios donde tienen lugar los acontecimientos electorales, Alemania, Holanda, Francia y, posiblemente también en Italia y Reino Unido. Sin embargo, la incertidumbre aumenta de tamaño con la suma de todas las partes en juego y se transforma en una especie de gran bola de inseguridad e inquietud que puede llegar -o explotar- al proyecto europeo, nuevamente amenazado, otra vez aplazado y obligado quizá a un freno, o en el mejor de los casos, al ralentí. Difícilmente pueden prosperar en el Parlamento europeo iniciativas de gran calado como las que están pendientes en materia social, económica o medioambiental cuando los principales países que lo conforman se encuentran ocupados en quehaceres domésticos. Por tanto, parón en Europa.

Así, entre las incertidumbres de unos resultados políticos locales y la caída de la actividad institucional en la Unión Europea, las empresas parecen optar por la prudencia y aplazar algunos proyectos previstos de expansión internacional o de inversión en mercados del resto de Europa. El sector bancario, como el industrial, el tecnológico o alimentario, quedan a partir de ahora sometidos a un vaivén de novedades que se reflejarán en sus cotizaciones. Porque los resultados electorales, a diferencia de otras ocasiones, van a tener mayor repercusión económica en tanto que en la mayoría de las consultas figurarán propuestas relativas a la aceptación o el abandono de la disciplina monetaria europea común, es decir, la moneda única, el euro, deberá superar una de sus pruebas más exigentes como es la del aprobado o suspenso de la ciudadanía.

Por tanto, una suma europea de riesgos e incertidumbres que conforman la principal amenaza para la recuperación económica de la mayoría de sus socios. Riesgos que ya se dejan notar en el aplazamiento de proyectos, fusiones empresariales, operaciones corporativas en sectores como telecomunicaciones y banca que adaptarán su velocidad y calendario a la que fijen los mercados que deban franquear.

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